Jacqueline Dagnino Opinión

Ser sincero o sincericida

Todos en algún momento de nuestra vida decimos o hacemos algo que no es totalmente verdad, y entre las razones para hacerlo, tenemos, por ejemplo, la conveniencia, no desear hacer daño, evitar problemas, o temor a las consecuencias, en cuyo caso se trata de un mecanismo de protección de nuestra autoestima.

Si miramos en el diccionario de la RAE, la palabra “sinceridad”, proviene del lat. sinceritas, -ātis, der. de sincērus ‘intacto, puro’, ‘sincero’. Sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento.

Por tanto, la sinceridad, es una virtud y está vinculada con la honestidad, como valor, ya que se fundamenta en el conocimiento de la verdad, por eso, tener una actitud sincera, es actuar con la verdad. No obstante, existe un comportamiento en el cual la persona exhibe una sinceridad en nombre de la verdad, “sin límites”, y sin tomar en cuenta las consecuencias de sus palabras o actos, ni lo que siente el otro, tal proceder es lo que la psicología ha llamado “sincericidio”. Se trata de una sinceridad dañina y egoísta, sin empatía y destructiva; por ejemplo, en las redes sociales encontramos personas que aprovechan del anonimato para decir lo que piensan, de manera ofensiva e hiriente (¿personas con una agresividad encubierta?).

Cabe mencionar que existen situaciones en las cuales una persona “es sincera” y “sin proponerse”, al hablar, provoca un impacto negativo en el otro, por ello, aconsejo, para evitar dañar al otro: primero valorar el alcance de sus palabras y las consecuencias que puede traer, preguntarse si hace falta que se produzca la conversación, de qué se hablará y cómo, y si tener esa conversación vulnerará a alguna de las partes. Con el propósito de gestionar mejor esa sinceridad, y con la información que hasta aquí tenéis, es oportuno explorar su “auto sinceridad” (sinceridad consigo mismo), ya que, en ocasiones, un comportamiento puede ser la proyección de limitaciones y frustraciones de una persona en otra y, en ese sentido, os invito a realizar una incursión intrapersonal.

Se trata de reflexionar sobre la percepción que tiene cada uno sobre su vida, y cómo se vislumbra de aquí, a tres o cinco años, es decir, los objetivos alcanzados en el plano laboral, profesional, familiar, social y económico.

Una vez hecho esto, os animo a usar la Rueda de la Vida, herramienta que tal vez algunos de vosotros conozcáis, ya que es muy utilizada en el coaching. La persona debe dibujar un círculo, dividido, por ejemplo, en ocho secciones, cada una de las cuales representará un área de su vida: familia, salud y bienestar, amistad y relaciones interpersonales, economía, trabajo o estudios, ocio o tiempo libre, crecimiento personal, amor… Cada una puede adaptar las áreas, de acuerdo, a su situación particular, donde reconocer el nivel de bienestar actual, servirá de guía para saber lo que le conviene mejorar, incentivando en ella un proceso de cambio y trabajo con aquellos detalles que comprueba inconsistentes para el logro de sus objetivos de vida.

Es importante que la persona cree su rueda de la vida, desde la honestidad consigo misma, pues los resultados mostrarán cómo valora cada área de su vida, así como el grado de satisfacción y equilibrio que existe entre ellas.

Para la calificación, a cada área, se asigna una puntuación de 1 a 10, en base a la satisfacción que sentimos, donde 1 es Muy Insatisfecho y 10 Muy Satisfecho. Las puntuaciones más bajas se sitúan hacia el centro de la rueda y las más altas en el borde exterior. Luego se colorea para cada área la zona situada entre el centro de la rueda y la puntuación asignada, ya que los colores permitirán visualizar con mayor claridad, las áreas de equilibrio o desequilibrio. Como alguien comentó en una ocasión sobre la interpretación de los resultados: “Si toda la zona coloreada fuera una rueda, ¿cómo rodaría?”, por ello, el análisis se hace considerando la vinculación de unas áreas con otras.

Finalmente, reflexionad sobre aquellas áreas que habéis descubierto menos satisfactorias en vuestra rueda de la vida, luego decidid acciones para mejorarlas, y así, iréis descubriendo más sobre sí mismos y vuestros recursos para las diversas situaciones en el día a día.

“El sabio no dice nunca todo lo que piensa,
pero siempre piensa todo lo que dice”
(Aristóteles)

Jacqueline Alejandra Dolores Dagnino.
Licenciada en Psicología, Universidad Femenina del “Sagrado Corazón”. Directora de la Escuela Profesional de Psicología de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (2016 -Febrero 2018)

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