Juan José Vega Opinión

Serie bicho maldito

La cena de los mutantes 

La mesa estaba infestada. El Coronavirus, el original, aún mantenía el sitial preferencial, aunque sentía que pronto sería destronado. Sospechaba de dos mutantes, aun en formación. “Tenían las antenas un tanto más afinadas y de un color frenesí. Serán más desgraciados que yo”, pensó. Los llamaba los Inacabados -porque a pesar que andaban ya circulando- aún no terminaban de configurar la maldad que los acompañaría en adelante. Los vieron cenando a todos en un restaurante muy peculiar, prácticamente humano, casi real. Estaban él y sus primos mutados. Los más monses y los más perversos. El virus británico mantenía las formas, a pesar que bebía con descontrol el Scotch. El de Sudáfrica, andaba atento, pero no quería figurar mucho. Estaba quieto, saboreaba un buen tinto.  Pero el de Brasil, que casi era gemelo del sudafricano, sí que se las traía. Eufórico, agresivo, sin duda quería sentarse en el sitio preferencial cuanto antes. Y, claro, los Inacabados que, sin decir palabra, proyectaban temor en medio de la familia. Estaban pidiendo su cena sin restricciones, y mientras lo hacían, el mesero, un humano como todos los que estamos aquí siniestrados, pensaba en extremo: “esta mierda no puede ser real”. Pero lo era, y lo seguirá siendo un buen tiempo. ¿Cuánto tiempo? Nadie se atreve a proyectarlo. La incertidumbre ha sido una buena madre de esta pandemia que nos tiene en vilo desde que, en Wuhan, nadie asegura cómo, un bicho salto de los murciélagos hasta los humanos, con una escala intermedia (huésped no confirmado). El asunto es que el año 2021 se puso color de hormiga desde muy temprano y hoy el Corona, el original, y sus primos malditos, arrecian, contagian y matan por todo el mundo. La carrera entre la liberación o la sujeción, frente al bicho maldito, está más apretada que nunca. Hacia finales de 2020 muchos vieron, desde la meta misma, a un grupo entusiasta de corredores que ganaban holgadamente: eran las vacunas, que venían en presentaciones para todos los gustos. “A festejar con todas las ganas”, se dijo. Y mientras los fuegos artificiales surcaban los cielos, el bicho maldito inició su Fase 3 (todos tenemos nuestras fases), y empezó a provocar mutaciones en muchos lugares. Nadie sabe con precisión dónde, ni cuántas. Y tampoco el alcance de estos cambios genéticos del virus, ya que aseveraciones hay por doquier: pueden ser más mortales, contagian exponencialmente, bloquearán a las vacunas, prefieren ahora a los jóvenes, etc. Estamos en el reino de Doña Incertidumbre, una señorona que algunos han visto últimamente coquetear con la propia muerte. Este clan de bichos mutados -los primos malditos- siempre toma la iniciativa, y ahora se ha atrevido a desafiar los más intrépidos avances, descubrimientos y atrevimientos de sus competidores, es decir, de todos nosotros, los humanos. Pero cuidado, la historia puede ser un tanto más macabra -ya lo reflexionaba el Corona, el original, en la mesa- cuando observaba a sus primos, los Inacabados. Parece que ellos vienen con mayores planes – y si ya prestigiosos científicos e instituciones académicas aseguran que el virus está mutando en el núcleo mismo donde las vacunas procesarán la inmunidad- parecen estar más preocupados por los primos malditos que vienen. Y lo dicen abiertamente, la orientación de los mutantes es afectar la efectividad de las diversas vacunas. No es ciencia ficción, incluso ya un virus mutante -una variante del sudafricano- ha logrado un avance importante en ese sentido. En la mesa, el británico, ya borracho, desparramó carcajadas. Se gozaba de haber penetrado la mascarilla del mesero. Los Inacabados lo miraban con cierto desprecio, y el resto disfrutaba de la cena. El mesero llegó con la cuenta, estaba asustado. “Demasiados bichos”, pensó, y tosió secamente. Todos festejaron en la mesa, los brindis se multiplicaron. El Corona, el original, el más sabio, volvió a pensar en su creación. Sintió otra vez que la incertidumbre lo había capturado también a él. Levantó la mesa y todos se fueron a pasear por los confines de la ciudad, de la vida y de la muerte.

Juan José Vega.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Licenciado por la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima.  Con 30 años de experiencia en Comunicación Estratégica, ha participado en el diseño de proyectos de comunicación en Perú, Brasil, Paraguay y Bolivia. Ha sido funcionario y consultor de diversas entidades nacionales e internacionales, y redactor principal y editor de suplementos en los diarios El Observador y La República, así como colaborador de la revista Caretas. Actualmente realiza su tesis en la maestría de Gerencia Social de la PUCP.

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