Guillermo Ackermann Opinión

Nunca fue fácil

Somos el país del casi. Cuando parece que por fin… siempre algo pasa. Ya sea por algún factor interno o externo, al final, por alguna extraña circunstancia, algo sucede.

Eran las 4 de la mañana del 29 de setiembre de 1988, la sorprendente selección peruana de voleibol, que se encontraba en la cúspide del mundo del deporte de la net alta, jugaba la final de los Juegos Olímpicos de Seúl frente a la poderosa escuadra de la Unión Soviética

En la semifinal nuestra selección había derrotado, ni más, ni menos, que a la selección China, vigente campeona mundial y olímpica. En un disputado partido jugado también a 5 sets, en el que China estuvo 14-8 en el último, salvamos numerosos puntos de partido y clasificamos a la final.

Todo el Perú estaba despierto, viendo en directo la transmisión de Panamericana Televisión. Dos sets a cero a favor de nuestra selección. Tercer set, 12-6 a favor de nuestras incaicas, a tres puntos del oro. Rusia se recuperó venció el tercer y cuarto set; y estando empatados 2-2 tuvimos hasta 3 match points, en el quinto set, pero no llegamos al cielo.

¿Qué nos faltó? Estaba todo a nuestro favor. ¿Por qué no pudimos lograr ese punto adicional?

Nada que reprocharle a ese grupo humano, pues, por más de dos décadas fueron hasta 30 guerreras que nos pusieron en la élite del vóley mundial, con dos subcampeonatos mundiales y una medalla de bronce, una medalla de plata olímpica, dos cuartos lugares olímpicos, 12 campeonatos sudamericanos y una hegemonía continental como nunca la hemos tenido en ninguna otra disciplina.

Pasaron 15 años para que otra madrugada nos desveláramos. Era el 2 de agosto de 2013 y otro grupo de voleibolistas a las que marketeramente se les conocía como las “nuevas matadorcitas”, llegaron al mundial Sub-18 de Tailandia con cierto favoritismo al haber vencido después de muchos años a Brasil y ser campeonas sudamericanas de esa categoría. En la primera fase del mundial las chicas habían dejado atrás a Serbia e Italia y se enfrentaban en la semifinal a la escuadra China. La historia parecía un calco del pasado. Dos sets a cero a favor de las peruanas, un partido manejado. China se recupera se pone dos a dos y en el último set las nuestras tuvieron 14, sí 14, match points y No, No se logró. No es menos relevante mencionar que el otro finalista fue Estados Unidos, selección a la que ya se le había vencido con anterioridad. Es decir, en el hipotético escenario de haber llegado a la final, tenías al frente un equipo ganable.

Al final nuestra selección juvenil quedó en el cuarto puesto, pudiendo haber sido, por fin, campeonas del mundo.

La pregunta de años atrás vuelve a salir a flote. ¿Qué nos faltó? ¿Por qué no pudimos dar la estocada final? ¿Por qué después de tanto esfuerzo y entrega, no nos creemos capaces de salir victoriosos?

En el deporte y en particular en el fútbol nos ha pasado muchas veces, cuando parece que ya… algo pasa. Jugamos el mejor partido del mundial México 70 contra Brasil, pero perdimos y quedamos eliminados. Tuvimos la mejor volante de la primera etapa de Argentina 78, y la siguiente fase fue un desastre. Llegamos como uno de los favoritos a España 82, después de haberle ganado a selecciones poderosas como la francesa, en el propio Parque de los Príncipes, y, en el mundial no clasificamos a la segunda ronda, con una paupérrima performance. Le ganamos a todas las selecciones de Sudamérica en la preparación para las eliminatorias de México 86 y no clasificamos al mundial, escapándosenos el triunfo en los minutos finales. Y en el último capítulo, tuvimos un impresionante récord de 15 partidos invictos, incluido un categórico triunfo contra Croacia, que sería la futura subcampeona del mundo, que jugó con todas sus estrellas, y cuando llegamos a Rusia no pudimos con Dinamarca en un partido en el que, estando jugando mejor, fallamos un penal y perdimos por la mínima diferencia. Eso nos costó nuestro pase a la siguiente fase.

Estos casos que narro sobre el deporte, son simples ejemplos para evidenciar algo que nos pasa a distintos niveles. En la política, en la economía, en la educación, en la actividad empresarial. Pareciera que tuviésemos un pánico al éxito. Y que no fuésemos capaces de sostener una buena racha.

Tenemos que erradicar esa tristemente célebre frase de “el peor enemigo de un peruano, es otro peruano”, para ayudarnos “hombro a hombro” a llegar a la meta juntos. Celebremos los logros de otro peruano, no como un falso “chauvinismo”, sino como un auténtico deseo de salir adelante como país. El triunfo del otro debe ser también nuestro.

Sigamos el ejemplo de los dos maratonistas peruanos en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, que se prepararon, aún en condiciones no tan favorables. Se tuvieron fe, no titubearon, entregaron todo y finalmente obtuvieron sendas medallas doradas.

Vamos que sí se puede y aunque nunca sea fácil, se puede lograr.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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