Luis Otoya Trelles Opinión

Vizcarra: el virus de la mentira

En nuestro país el virus de la mentira en menos de una semana ha dejado sin oxígeno la credibilidad de un expresidente. Este utilizó políticamente la pandemia para ganar popularidad, la que logró con la sobre exposición diaria que nos impuso durante meses y la “generosidad” de los medios que lo respaldaban, quienes se encargaban de destruir mediáticamente a quien se atreviera a criticarlo.

Hoy la reputación de un soberbio ex gobernante ruega, como miles de peruanos en las afueras de los hospitales, que lo conecten a un tanque de oxígeno de los que su gobierno se negó aceptar porque lo regalaba una empresa capitalista. También implora a gritos que le asignen una cama UCI, de esas que él no tuvo la capacidad de poner en los hospitales de todo el Perú y así evitar cientos de muertes.

 Su reputación en la hora de su agonía no ha perdido el instinto de supervivencia. Mirándonos a los ojos muestra “pruebas” que nunca entrega a la prensa, para seguir mintiendo, como si de tanto repetir sus mentiras estas se fueran a convertir en verdad.

Su habilidad es habernos vacunado a diario con sus mentiras, patrañas y enredos, las que en caso quedaran al descubierto, por una mala coordinación, siempre encontraba a la mano un funcionario fusible que salía eyectado de su puesto para salvar su cabeza.

Hemos vivido en carne propia las consecuencias y efectos por la ineficiente compra de millones de pruebas rápidas, sus falsas promesas de camas UCI, respiradores, el predecible desabastecimiento de oxígeno, ofrecer tablets satelitales, etc., etc.

Tampoco hemos olvidado cómo al día siguiente de ser vacado se victimizó, llamando solapadamente a la insurrección de la población, que incitado salió a tomar las calles y a contagiarse entre ellos, lo que supuestamente causó la segunda ola del Covid-19.

La mentira tiene patas cortas y casi siempre uñas largas. La pandemia ha sido tan devastadora como una guerra. Hemos perdido miles de vidas. Especialmente a la gente que estuvo en la primera línea para defendernos. Si en una guerra alguien filtraba información y traicionaba a la patria era degradado y fusilado de inmediato. Vizcarra, mientras cientos de peruanos morían, nos engañó en el proceso de compra de las vacunas, en plazos y cantidad que nunca comprometió, ni siquiera llego a poner una orden de compra, Sin embargo, hace unos días hemos conocido que Vizcarra, abusando de su poder y anteponiendo su vida a la de todo un pueblo, se había vacunado y había conseguido vacunar a su esposa y su hermano.

Llamar incapaz a Vizcarra, sería demasiado condescendiente para una persona miserable, cobarde, ruin, sin valores, que no tiene ninguna justificación por sus actos, que debería ser investigado y sancionado de inmediato.

El mismo virus parece haber atacado a funcionarios de su gobierno y del gobierno Morado, quienes con los mismos síntomas nos han mentido con cinismo y sólo han recuperado la memoria ante la evidencia de ver su nombre en la lista de los peruanos que parecen irrogarse más derechos que los no vacunados, los que seguimos esperando pacientemente. La medicina y tratamiento a aplicar debería ser similar a lo que la verdadera justicia recete para Vizcarra.

La vacuna es la esperanza de todo un pueblo que espera ser vacunado, Que sueña con volver a la normalidad. Que desea abrazarse pronto con sus seres queridos. Que quiere retomar el control de sus vidas, para comenzar a recuperar su alicaída economía familiar.

Luis Otoya Trelles.
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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