Abel Hurtado Opinión

El culto a la superioridad moral

Es preocupante que, bajo el culto a la superioridad moral, no se pueda calcular el límite de las acciones que al final terminan por desvelar el deterioro absoluto de la ética, los valores y la decadencia de la misma moral. No importan las circunstancias, importa mantener esa puridad. Lo hemos visto, lo vemos siempre.

Hay personas que traicionan con sus actos lo que defienden con palabras, hay quienes se detienen y se aferran a la defensa de sus principios, otras que se hipnotizan por el odio y el revanchismo, señalando los defectos y las perversiones, y con ellos a los responsables. Se escudan en lo políticamente correcto, disfrazando expresiones y opiniones en la máxima de sus libertades, y su pureza moral inobjetable. No pensar igual como aquel dotado de esa superioridad moral, te hace intolerante a la verdad, vulgar a la opinión, y tontamente libre.

De hecho, nuestras opiniones importan, porque muchas veces generan un serio impacto en la sociedad y la calidad del gobierno de nuestro país. Nuestra opinión tiene un efecto colectivo, pues engendra en los demás, juicios de valor y hasta decisiones. He allí la importancia de ponderar lo que vamos a decir para equilibrar el balance entre la estabilidad y el cambio que buscamos lograr o la posición que queremos defender para llegar a la verdad. La verdad siempre importa, es superior.

La crisis de la superioridad moral se evidencia cuando hay un doble estándar, adecuado para cada momento, con un clímax de lo grotesco y una ponderación excesiva e idealista de la realidad: “tengo la virtud como única plausible para decir qué es bueno y qué no. No me equivoco porque estoy protegido por mis buenas intenciones y dotado de la plenitud de mi razón y no tengo la obligación de probar lo que digo”. Pueda que no lo digan así, pero se entiende que es así, sobre todo para los no virtuosos o para quienes tienen esa virtud en menor abundancia.

El culto a la superioridad moral es muy peligroso, y más si con ello se hacen del poder, pero muchas veces, ese realismo mágico se derrumba, con lamentos, desilusiones y hasta una victimización de vergüenza ajena. Creaciones artificiales de seres ordinarios, pero no comunes entre nosotros. Lo que pone en cuestión, además, que ser moralmente superiores no implica ser necesariamente buenas personas.

Definitivamente, no es muy complejo fijarse en personas que, por la inmensidad de su virtud, una veneración casi indecente por sí misma o por otras, y su alocada atribución de virtudes, se hacen demasiado evidentes. Lo interesante de esto es que las personas (las que son virtuosas y las que no) están dotadas de manera irrestricta del derecho a expresarse libremente, incluso cuando si con ello pueden mentir o dañar la honra de los demás. Este derecho como libertad, implica que se prohíbe la censura previa, pero como ningún derecho es absoluto, está sujeto a responsabilidades ulteriores. En fin…

Abel Hurtado. Abogado especializado en Derechos Humanos, Derecho Ambiental y Derecho Constitucional. Magíster en Derechos Humanos por la PUCP. Becario en Derechos Humanos y Conflictos por el Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos y egresado del Programa de Derechos Humanos y Política de Vassar College, NY. Actualmente se desempeña como asesor parlamentario del Congreso de la República y docente universitario.

1 comment on “El culto a la superioridad moral

  1. José Luis La Rosa Sánchez Paredes

    Excelente enfoque. Es la base para que sigas analizando los otros cultos de la superioridad como son: política, judicial, legal, religiosa……..
    Te felicito estimado amigo y sigue con los éxitos
    Abrazos

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