Ismael Iglesias Opinión

La deuda eterna a Vallejo

“El momento más grave de mi vida, fue mi prisión en una cárcel del Perú”, contundente frase de Vallejo desde París que concentra todos sus miedos, el recuerdo de lo sufrido en prisión, para alguien de su sensibilidad social un encierro injusto, como era él por así decirlo, demasiado humano, demasiado bueno, lo marcó para siempre. Este 26 de febrero han pasado 100 años de su liberación. Las circunstancias aún están vigentes hoy en día.

Ser tan humano y solidario y sin embargo ser tan perseguido, lo llevó a huir y no regresar jamás “Cesar Vallejo ha muerto / le pegaban todos sin que él les haga nada / le daban duro con un palo y duro también con una soga / son testigos los días jueves y los huesos húmeros / la soledad, la lluvia, los caminos.” Luego su viuda Georgette confirmó su deseo de ser enterrado en París y no ser repatriado, no quería que sus huesos húmeros vuelvan a temblar de injusticia, de persecución, de esa cárcel injusta, mil veces injusta que hizo de él un enfermo grave, muy grave. Ahí escribió Trilce donde dice “El cancerbero cuatro veces al día maneja su candado / abriéndonos, cerrándonos los esternones”, y este donde llama a sus hermanos “Aguedita, Nativa, Miguel? llamo / busco al tanteo en la oscuridad / no me vayan a haber dejado solo / y el único recluso sea yo”, expresa su angustia de cada día preso.

Perseguido por un incendio que nunca cometió acusado por Carlos Santa María Aranda, dueño de la principal tienda comercial de Santiago de Chuco, es capturado en Trujillo por una traición y esposado como un delincuente, trasladado a pie a la cárcel en medio de una nube de curiosos, obligado a ir por el centro de la calle y al mediodía en pleno sol de primavera, cruza esposado la plaza de armas de su amado Trujillo, bordea su monumento central, mira hacia arriba la gran estatua de la libertad, y ésta, seguramente arrugó su mármol de pena al ver a sus pies tremenda escena de injusticia. Sin acusación fiscal ni proceso judicial (el secretario judicial encarpetó su expediente 78 días, cualquier parecido con nuestra actual realidad no es una coincidencia, sino un mal enquistado en nuestro país) solicitó su libertad por escrito hasta 4 veces, incluyendo una queja a la corte suprema. Sus acusadores siempre estuvieron presionando para que la justicia sea injusta con él.

Hubo una protesta en el país, periodistas, estudiantes, maestros, artistas, intelectuales y políticos. Finalmente fue excarcelado y sus amigos del Grupo Norte lo recibieron en brazos y no pudo contener el llanto, recorrieron Trujillo en varios automóviles llenos de algarabía, comieron en el balneario de Buenos Aires donde saca sus apuntes: “Madre, me voy mañana a Santiago / a mojarme en tu bendición y en tu llanto /… bajo los dobles arcos de tu sangre / por donde hay que pasar tan de puntillas”.

La persecución siguió, se ordenó que la fiscalía lo vuelva a investigar, su acusador hizo lo imposible para que sea encarcelado de nuevo, sin embargo, el fiscal retira la acusación por falta de pruebas, su acusador interpone Recurso de Nulidad y el tribunal eleva a la Corte Suprema, quien anula la absolución y ordena se le juzgue otra vez, siempre con la insistencia de su acusador. Es así que le llegan las notificaciones y citaciones para que se presente a la cárcel de Trujillo.  

Sin más remedio, una tarde triste de domingo, el 17 de junio de 1,923, con un boleto pagado por un amigo sube al vapor Oroya, y en un camarote de tercera zarpa del Callao rumbo a Europa, de donde no regresaría jamás. Se cursaron oficios al Ministerio de Relaciones Exteriores y se envían los exhortos al consulado peruano en París y Madrid en varias oportunidades, pero se desconoce su paradero.

En París tuvo una pobreza cercana a la mendicidad, pero no había alternativa, era perseguido y no soportaba verse preso, vejado, no obstante su esfuerzo intelectual y lo humano de su ser. Con varios ingresos al hospital en Paris, su salud se debilita, una hemorragia intestinal recurrente lo fulmina, y en una carta le dice al peruano y amigo Pablo Abril de Vivero: “Hay, Pablo, en la vida horas de una negrura negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas acaso mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba. Ahora lloro a menudo por no importa que causa cualquiera. Una facilidad infantil para las lágrimas, me tiene saturado de una inmensa piedad por todas las cosas. A menudo me acuerdo de mi casa, de mis padres y cariños perdidos. En la calle me aguarda la vida, lista, sin duda, a golpearme a su antojo”. Tantos golpes con odio en Santiago de Chuco y Trujillo trazaron un destino de destierro, de hambre, de mala salud y finalmente de muerte.

Muere el 15 de abril de 1,932, sufría una desnutrición crónica, cuentan que comía papas cocidas mañana y noche porque no había dinero para más, ya su estómago no soportaba alimento, los jugos gástricos hicieron su trabajo con él, podría decirse que murió de hambre, pero el hambre es sólo el efecto, a Vallejo lo mató el odio y su persecución. A su entierro, a pesar que ya era un poeta renombrado, no asistió ningún funcionario de la embajada del Perú en Francia, tampoco enviaron un pésame o arreglo floral. Sólo su viuda y sus amigos.

El Poder Judicial le ha pedido perdón, después de absolverlo legalmente. ¿Quiénes más deberían hacerlo? ¿Es posible reparar la muerte o el tiempo en prisión?

Hoy nuestro país sigue teniendo las mismas taras que lo juzgaron, que lo persiguieron, los mismos dedos que hicieron que se marche, mueven ahora los hilos de los privilegios y del abuso. Todo es tan vigente, las influencias, los grupos de poder, los odios en nuestra política, las acusaciones y prisiones injustas, los shows mediáticos. Tanta gente se aprovecha de tu nombre y está tan lejos de tu esencia.

A 100 años seguimos en esa deuda eterna contigo, muchas gracias por tanto, millones de personas, después de leerte, somos más humanos y solidarios. Hoy miras lo que pasa con la pandemia y las vacunas, con la política de servilismo y privilegios, y seguramente gran poeta “debe dolerte mucho el corazón”.

Ismael Iglesias
Oficial FAP en retiro. Licenciado en Ciencias de la Administración Aeroespacial. Graduado en Inteligencia. Bachiller en Ciencia Política. Inteligencia en EE.UU. Imágenes Satelitales en Francia. Estudios de Maestría en Ciencia Política. Fue Gerente Municipal y Gerente General del Servicio de Administración de Inmuebles en Trujillo. Escribe en Correo. Ha escrito en La Industria, Revista Aviación, Revista Air Power de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y otros. Miembro del Instituto de Estudios Vallejianos – Universidad Nacional de Trujillo.

1 comment on “La deuda eterna a Vallejo

  1. Matty Lopez

    Me llegó al corazón, siento un nudo en la garganta. Qué impotencia ante tanta miseria y mediocridad de sus perseguidores. Pero, quizás valio la pena tanto sufrimiento para llegar a tanta grandeza. Me recuerda una parte de mi vida, la de huir de mi patria chica dode vi por primera vez el mundo para encontrarme acá, con tanta dicha😭😭🙏❤👣👣

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