Marina Del Rosario Barboza Opinión

Las brechas en la educación y otro año de oportunidades perdidas

La inminente propagación de la Covid -19 ocasionó que nuestras vidas den un giro de 180 grados, que el confinamiento en nuestros hogares sea nuestra nueva forma de vida, que abrazarnos implique correr el riesgo de contraer una mortal enfermedad, que a fin de evitar aglomeraciones se cierren establecimientos públicos, como las escuelas, y con ello, que la forma de impartirse la educación se realice de forma remota con el programa Aprendo en Casa, que nos acompañó durante todo el 2020.

Hoy, 15 de marzo del 2021, inicia un nuevo año escolar. Casualmente, hoy tuve la oportunidad de visitar una zona rural del norte de nuestro país, en Cajabamba, conversar con algunos de los niños en edad escolar y con ellos descubrir el triste panorama que enfrentado el pasado año y que los acompañará este nuevo año. No veo optimismo en sus miradas, tampoco la alegría del regreso a clases, por el contrario, hay mucha incertidumbre.

Miles de niños de zonas rurales que sufrieron el pasado año las consecuencias de la brecha educativa, digital, económica y de género, continúan este padecimiento. Es precisa la ocasión para preguntarnos: ¿ahora nuestro sistema educativo se encuentra preparado para ofrecer una educación de calidad que pueda llegar a todos los peruanos por igual? En estos días se habla mucho de inclusión, pero hagamos la atingencia que si con lo que soñamos es con un Perú inclusivo, necesitamos brindar mayor accesibilidad para acercar la educación virtual a todo nuestro país, que no solo se desarrolle de manera efectiva en los hogares limeños, sino que este derecho humano fundamental como es la educación, pueda llegar también a las zonas rurales de nuestro país, ahí donde los niños no cuentan con los medios suficientes para tener una clase en zoom, ahí donde se quemó el único televisor que tenían en la casa producto de una descarga eléctrica, ahí donde solo tienen un celular y este no es un smartphone, el mismo que no cuenta con un plan de datos, ahí donde se acentúan las brechas de género en las niñas que están confinadas en el hogar y dejan de estudiar por cuidar de sus hermanitos menores o deben ayudar a preparar los alimentos o cuidar de los animalitos que tienen en casa.  

Esta problemática cuenta con múltiples aristas, ya que el programa de educación remota es desarrollado en los hogares gracias a la ayuda de los padres, pero en la realidad antes descrita, que es común a muchas de las zonas de nuestro país, las madres o padres cuentan con un grado de instrucción académico de primaria incompleta y no alcanzan a comprender las instrucciones de las tareas asignadas. Quienes, además, deben recorrer a pie grandes distancias hasta el pueblo más cercano para sacar copias o imprimir material didáctico. Surge aquí una nueva interrogante, ¿por qué los servicios de educación gratuita en nuestro país no han sido pensados o gestionados teniendo en cuenta las necesidades de los pequeños que radican en zonas altoandinas o adentradas en la Amazonía, quienes durante un año no pudieron alcanzar los conocimientos esperados por falta de recursos y que verán retrasados sus aprendizajes un año más?

Ahora bien, esta problemática afecta también a los docentes, puesto que, con un escaso conocimiento en el manejo de las TIC, se vieron obligados a cambiar totalmente la forma de enseñanza, en un país donde antes de la pandemia la educación pública no era capaz de ofrecer una educación de calidad. Y que ahora, la referida calidad requiere indudablemente calidad en la formación de docentes, calidad de la infraestructura y materiales. 

Aquí es donde azota una pandemia aún más dura y mucho más grave de combatir, que es la falta de educación de calidad, ahí donde la tan anunciada vacuna para combatirla, eran las tablets con internet satelital que entregarían a todos los niños que realmente la necesitan, pero que nunca llegaron. Y nadie se pronuncia al respecto, porque es más fácil invisibilizar esta realidad. Olvidamos que la educación además de proveer conocimientos enriquece la cultura, el espíritu, los valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos. La educación es necesaria para todos y no debe ser, de ninguna manera, un privilegio de algunos.

Marina Del Rosario Barboza Hurtado.
Abogada por la Universidad Nacional de Trujillo, CEO & Fundadora de Capulí Tours, Egresada del Programa de Segunda Especialidad y estudiante de Maestría en Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro de la Sociedad de Derecho del Trabajo & Procesal Laboral – Apex Iuris. Ponente del 2º Congreso Mundial Cielo Laboral 2018, Universidad de la República, Montevideo – Uruguay y disertante en el “IX° Congreso Regional de las Américas”, Universidad Católica de Argentina, Buenos Aires.

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