Guillermo Ackermann Opinión

Non omnis moriar

No moriré del todo.

Nunca como hoy nos descubrimos rodeados, por todos los flancos, por la implacable persecución de la muerte. Ni siquiera en la criminal época del terrorismo.

Directa o indirectamente el coronavirus o COVID-19 se viene llevando la vida de miles de personas, y la sensación es que viene detrás de nosotros y que debemos estar preparados, pues llegará, y sin tocar la puerta, lo tendremos adentro de nuestra casa.

Cada día entramos a nuestras redes sociales o revisamos nuestro whatsapp y parecieran los obituarios dominicales de El Comercio, donde siempre buscábamos y, ocasionalmente, encontrábamos a alguien conocido, solo que ahora es… a diario.

Hoy no quiero escribir de las carencias de nuestro sistema de salud, o de la incapacidad de las gobernantes de turno, hoy la pregunta que quiero plantear es: ¿Estamos preparados para enfrentar a la muerte?

Creo, desde mi modesta opinión, que hay dos ángulos desde los que podemos hacernos esta pregunta, ¿estoy preparado yo para morir?, o ¿estoy preparado para afrontar la partida de un ser querido?

Me llamó mucho la atención el título de una de las últimas obras del fallecido artista plástico José Tola que dio nombre a su primera muestra póstuma, quizá la última importante en Lima antes la pandemia: “Non omnis moriar” (No moriré del todo), inspirada en una frase del poeta romano Horacio, del siglo I a.C.

La frase ‘No moriré del todo’ guarda un profundo significado, y tiene que ver con el legado que dejaré, con ese ‘algo’ que quedará cuando inexorablemente me toque partir y No, No es precisamente lo material. ¿Qué recordarán de mí?, ¿Qué estoy construyendo en la memoria viva de quiénes me rodean?¿Qué estoy haciendo con mi vida? Esas son las grandes preguntas finales de la cuarentena.

Estoy convencido que este tiempo nos obliga a buscar en nosotros mismos el auténtico sentido de la vida. ¿Lo que más extrañé en este encierro fue la cena en el restaurante de lujo?, ¿el desenfreno del shopping?, ¿el trago fino, o el concierto de gala?.

¿No fue acaso el abrazo, el beso, la conversación frente a frente, la reunión familiar, o con los amigos, por el simple hecho de estar juntos?, ¿O acaso el caminar y respirar aire puro y disfrutar una hermosa puesta de sol o el canto de los pájaros?

¿Dónde hemos puesto nuestras prioridades, y, a dónde las vamos a poner hoy?

“No hay muerto malo” dice un refrán popular. Cuando alguien parte recordamos siempre lo bueno, lo positivo, seguramente lo relacionado con la huella que deja en nosotros y es, en ese momento, cuando recién le damos una dimensión espiritual a su alejamiento. ¿No será que ese mismo sentido debiésemos tenerlo durante toda nuestra vida?, si somos creyentes, por ejemplo, ¿nuestra vida no tendría que tener un enfoque espiritual?, ¿no sería ése el recto camino?

Tiendo a pensar que si viviésemos con rectitud, actuando siempre con valores, con una vida coherente y obrando el bien, entonces No moriremos del todo, nuestra vida habrá tenido un sentido y habrá valido la pena.

Sí, aceptémoslo, la muerte toca la puerta, en mi caso, sin darme cuenta se metió en casa, y hace 6 meses, en 24 horas se llevó a una de las personas más  queridas y rectas que conocí en mi vida, que construyó precisamente, sobre esos valores sólidos, una familia y es por eso que no solamente No murió del todo, sino que vive en cada recuerdo, en cada momento, en cada espacio.

Estemos preparados, pues, porque si entendemos que esta vida es un paso temporal, si creemos que existe una vida eterna, y que además nos quedaremos en el recuerdo de los demás con lo bueno que hagamos, pues entonces la muerte no es una tragedia, sino más bien un tránsito a un estadío diferente, y el dolor que nos ocasiona la partida, ya sea abrupta o esperada, lo podremos convertir en una alegría por la vida compartida.

Termino con una estrofa de la canción: ‘Su nombre es pueblo’ del compositor Eduardo Ramos, inmortalizada por la cubana Sara Gonzales

A los héroes
se les recuerda sin llanto,
se les recuerda en los brazos,
se les recuerda en la tierra;
y eso me hace pensar
que no han muerto al final,
y que viven allí
donde haya un hombre presto a luchar,
a continuar.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

1 comment on “Non omnis moriar

  1. Juan Pablo Marulanda

    Hola Willy, gracias por lo que compartiste. Me gustó mucho, nuevamente te agradezco y felicito. Un saludo grande

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