Guillermo Ackermann Opinión

‘Casa de todos’, la casa del aprendizaje

“No le miento joven, son una familia, son como mi familia” fue la expresión de Alberto uno de los albergados de ‘Casa de Todos’ el día que llegaba a la nueva sede de Palomino.

Este 31 de marzo se cumple 1 año desde que la histórica Plaza de Toros de Acho abrió sus puertas para recibir a los indigentes de la ciudad, aquellos que no tenían donde cumplir la inmovilización social obligatoria, decretada por el gobierno, como consecuencia de la pandemia generada por el coronavirus.

Mucha agua ha corrido bajo el puente durante estos 365 días y tenemos muchos aprendizajes que compartir.

En primer lugar hemos aprendido que las personas que viven en la calle son seres humanos y que perfectamente podríamos ser alguno de nosotros. Que las circunstancias que los llevaron a esta condición pudieron habernos tocado a cualquiera. Que son individuos normales, con sentimientos, pensamientos y una historia que contar.

Ha sido posible aprender que el punto de partida era darles visibilidad, extraerlos de la oscuridad y ponerles un reflector, que nos permita verlos y, además, dejar de escondernos de ellos.

Hemos podido comprobar también, una vez más, que en el ADN del peruano está la solidaridad y que, en este tiempo, a pesar de que cada uno hemos tenido alguna circunstancia dolorosa cercana, somos capaces de descubrir que hay un otro que la pueda estar pasando peor que nosotros y eso nos impulsa a la acción.

Otro de los grandes aprendizajes, aunque suene a cliché, ha sido constatar que cuando nos unimos con un objetivo común, con voluntad, creatividad, esfuerzo y constancia podemos sacar adelante la más compleja de las ideas.

Es así que ‘Casa de Todos’ es el resultado del trabajo en conjunto entre una entidad privada como la Beneficencia de Lima, una institución pública como la Municipalidad de Lima, y otras organizaciones como los Bomberos, SISOL, MINSA, decenas de empresas privadas, los principales chefs de nuestro país, entidades educativas, todos los medios de comunicación, televisivos, radiales, impresos y digitales, arquitectos connotados, publicistas, productores, periodistas, fotógrafos, líderes de opinión, celebrities, influencers y cientos de ciudadanos que de diversas formas se sumaron  para sacar adelante esta maravillosa iniciativa.

Otra de las grandes lecciones es el poder transformador de la vida en común. De ser individualidades, hoy nuestros albergados, como ellos mismos lo manifiestan, son una familia, se cuidan entre ellos, conversan, se entretienen, se ríen y traen a la memoria la cantidad de historias que fueron dejando en el camino.

´Casa de Todos’ acuñó la frase de Teresa de Calcuta, la santa del Siglo XX, ‘quien no vive para servir, no sirve para vivir’ y es por eso que el despliegue de servicio y el cariño entregado por quienes han acompañado este proceso han sido un testimonio enorme que ha guiado la conversión de nuestros ilustres huéspedes. 

La vida se ha encargado de darles una nueva oportunidad y hoy, en su nueva casa, empiezan un camino renovado para su reinserción en la sociedad.

Bendita pandemia’ dijo uno de ellos. ¡Qué paradoja! Pero estoy seguro que, aunque ha sido un reto muy elevado, es mucho mayor lo aprendido. Y el sueño de una ciudad sin ciudadanos en situación de calle es completamente posible.

¡Vamos que podemos transformar nuestro país!

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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