José Salazar Opinión

Liderazgo y política

Los resultados de las tres últimas encuestas del fin de semana han sido recibidas con mucho desánimo y no poca frustración. “Es lo que hay”, parece ser la frase que, con más resignación, se escucha en estos tiempos electorales. Ninguna candidatura inspira y convence a la mayoría de los peruanos; apenas a un 13 o 14 por ciento como promedio, dependiendo de cada encuesta.

¿Cómo llegamos a esta situación? Sencillamente, porque en la política peruana, y desde hace un buen tiempo, falta un líder político que logre transmitir una visión de país, además de sus estrategias y planes para alcanzar dicha visión de manera adecuada y creíble. Hay muchas visiones en el escenario político y, sin embargo, ninguna de ellas es aceptada por la gran mayoría de peruanos. A pocos días de las elecciones, la tercera parte de la población aún no decide por quién votar. Esto nunca había pasado, lo cual demuestra que hay un quiebre entre los votantes y los candidatos, entre sus liderazgos y propuestas.

¿Cómo construimos entonces una narrativa política con un buen liderazgo? Sin duda, teniendo a un líder que observe y entienda el contexto político, económico y social y practique la escucha activa, antes que el discurso vacío; un líder que transmita confianza, certeza y firmeza en el cumplimiento de las metas propuestas; que sea genuino, carismático y empático.

Pero en tiempos modernos, se requiere algo más: se exige que este líder sea innovador,  que inspire, que sea visionario para acercar el futuro al presente, que entienda las reales necesidades del país y promueva los cambios necesarios sin disrupciones y temores innecesarias. Finalmente, un líder que comunique adecuadamente su visión y sepa involucrar a los ciudadanos-votantes en la consecución de los proyectos para el bien común.

¿Encuentra estas propiedades en los candidatos que hoy postulan a la presidencia? Lo siento, pero yo no.

En los recientes debates televisivos, por ejemplo, pudimos apreciar esta falta de conocimiento sobre el real impacto del proceso de comunicación. Pudimos advertir la forma cómo la mayoría de ellos perdió una gran oportunidad para comunicar sus propósitos y programas de manera satisfactoria. En un debate electoral, por ejemplo, se debe tomar en cuenta la comunicación no verbal, pues no solo importa lo que dices, sino la manera cómo lo dices, el tono de voz, los gestos y la manera cómo conectas con el público. El lenguaje corporal es sumamente importante y debe reforzar lo que se dice. Todos los candidatos y líderes políticos, en general, deberían ya conocer y procurar tener esta habilidad.

Estos son los dos ingredientes que, desde hace un buen tiempo, no observamos en la política nacional: liderazgo y buena comunicación. Y menos, por supuesto, en la comunicación gubernamental desde el 2016, sobre todo durante la crisis sanitaria. Desde entonces, la comunicación del gobierno ha sido poco estratégica y transparente, sin foco, poco creíble, compleja por momentos, sin contenido apropiado y hasta inadecuada,

Como comunicador, tengo muy claro que la buena comunicación es clave y fundamental para transmitir acciones y posicionar valores… también en el terreno político. Pero, principalmente, para transmitir proyectos y estrategias integrales a través de una narrativa emocional; para seducir y atraer a los ciudadanos hacia causas comunes. El liderazgo político actual no puede estar ajeno al manejo de las emociones. La vieja batalla entre la comunicación racional y emocional se pone hoy más que nunca en evidencia en una campaña electoral.

En pocos meses, tendremos a nuevas autoridades en el gobierno. Les tocará entonces diseñar y aplicar estrategias integrales de comunicación para el buen  posicionamiento y difusión de sus planes a ejecutar. No hay que olvidar que la comunicación política es un ingrediente fundamental de la comunicación gubernamental, pues le permite reforzar el relacionamiento de largo plazo con los ciudadanos y buscar la legitimidad de sus acciones ante ellos. Pero nada de esto será posible sin un  liderazo consciente y enérgico del nuevo jefe de Estado.

Aún nos falta profesionalizar la comunicación gubernamental y entenderla como un instrumento, no solo para transmitir contenido relevante y auténtico, sino también para fortalecer la democracia.

Esperemos, con optimismo, que surjan nuevos liderazgos que se hagan cargo de la política peruana. 

José Salazar. 
Comunicador, periodista y CEO de Proel.

1 comment on “Liderazgo y política

  1. Pepe, muy buen análisis….

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