María Palma Peña Jiménez Opinión

Entre nadies, nadias y nadios

“Todos los hombres que aspiran a superar a los demás seres animados, conviene que se esfuercen al máximo para no pasar la vida inadvertidos como ganado que la naturaleza ha dispuesto cabizbajo y sujeto a la obediencia del vientre.” Así comienza Salustio Crispo la Conjuración de Catilina, en el siglo I a.C

Como mujer he defendido y defiendo la igualdad y considero que nadie racional puede defender la inferioridad de la mujer. Creo, ante todo, en la libertad y en la igualdad, recordando la “Libertad, igualdad y fraternidad” que marcaron el gran cambio.

Creo que las mujeres tienen los mismos deberes y derechos que los varones, al igual que creo que hay que alzar la voz para llamar a los hechos por su nombre y no defender la estupidez, la diga quien la diga, hombre o mujer. Así no defendemos a la mujeres.

En España tenemos actualmente una ministra de Igualdad, Irene Montero, que es la actual pareja de Pablo Iglesias, vicepresidente del gobierno hasta hace unos días. Dicha ministra/o/e en un acto con el colectivo LGTBI ha utilizado el llamado “lenguaje inclusivo” y se ha referido así a los presentes: a todos, todas y todes; a los hijos, hijas e hijes y a los niños, niñas y niñes. No es la primera vez que algunos representantes políticos —tal vez debiera decir en este punto “representantas y representantos”—, sobre todo los pertenecientes a esta formación política llamada “Unidas podemos” utilizan este lenguaje. Desconocen que el género gramatical no hace daño a nadie, pero la estupidez sí.

Pues bien, como no pienso ser ganado cabizbajo que diría Salustio, quiero decir que “los todes, los hijes y los niñes” de esta buena mujer ni solucionan los problemas, ni sirven para nada, salvo para salir en los medios y convertirse en noticia. Tal vez ese era el objetivo.

Pues bien, creo que debemos decir alto y claro que debemos exigir a nuestros políticos que se ganen el sueldo que reciben y que proviene del esfuerzo de todos. Debemos exigirles, en primer lugar, competencia para el puesto y además esfuerzo y trabajo para el futuro del país. Lo que dice la ministra es lo que Darío Villanueva, quien fue director de la Real Academia Española de la Lengua, ha calificado como el “empoderamiento de la ignorancia y la estupidez” y debemos llamar a las cosas con su nombre.

No se puede permitir que paguemos para que nadie, nadia o nodio —que diría la ministra o ministre—, nos someta o nos calle ante la estupidez. Los ciudadanos somos libres e iguales y no permitimos discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (artículo 14 de la Constitución Española vigente).

Porque creo en la igualdad y no pienso vivir como el ganado cabizbajo digo que nos merecemos otros ministros y ministras, competentes y responsables, y a poder ser que de paso no destrocen nuestra lengua.  

María Palma Peña Jiménez.
Doctora en Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España). Licenciada y Máster por la Universidad de Salamanca. Directora del Máster Universitario en Protocolo, Comunicación Institucional y Organización de eventos y Coordinadora a su vez del Grado en Protocolo, Organización de eventos y Comunicación de la URJC. Autora de numerosos artículos científicos centrados en el análisis pragmático del discurso, sobre todo del discurso político, la comunicación política y la educomunicación.

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