David Montoya Opinión

Aggiornamento electoral

Estamos en el punto en que el miedo hará decidir la elección de la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo. Como bien lo declaró el 2006, el fenecido Alan García cuando enfrento en segunda vuelta a Ollanta Humala, el miedo por lo avanzado en la recuperación económica y el orden democrático haría que votaran por él. Así ocurrió.

Sin embargo, en el escenario actual existen miedos y temores por los dos candidatos, al punto que quizá la decisión que tomará la mayoría del país, será por el menor miedo que inspire uno de los dos contendores. La política como sentimientos y emociones.

Hasta el cansancio se ha dicho que la campaña emprendida por Fujimori respecto a que es una lucha entre la democracia y el comunismo, esta dirigida a consolidar y alinear a la derecha en su candidatura, pero que requiere de otras decisiones para ganar al centro político esquivo y a los que se abstienen, que es en fin de cuentas los que terminarán por inclinar la balanza.

Pero, la dualidad planteada entre democracia y comunismo, creo que no sólo busca la unidad de las fuerzas políticas de derecha, sino que convocan al espíritu conservador de los sectores medios de la sociedad peruana que en estos casi 30 años del establecimiento de la receta económica del Consenso de Washington, se han visto beneficiados, individualmente, por el crecimiento económico, mientras que a la mayoría apenas llegó el “chorreo” del que alguna vez habló Alejandro Toledo.

Podríamos estar ante la vieja disputa entre individualismo y solidaridad. Claro las y los preclaros personajes que Fujimori ha presentado como equipo técnico -figuras de la vieja guardia fujimorista de los 90- para afrontar las graves urgencias que tiene el Perú, dejan serias dudas sobre la eficacia de su gestión pública, sino suponen arribar nuevamente el populismo y mercantilismo, adicionándole la “mano dura” como ha ofrecido. Fujimori, todavía no ha presentado las medidas inmediatas o de urgencia de la crisis sanitaria y económica.

Dudas, otro tipo de dudas, pero dudas al fin son las que hasta ahora no resuelve el candidato Pedro Castillo.

Efectivamente representa un voto de protesta y hartazgo, no sólo de la crisis sanitaria y económica, sino del “chorreo” económico que no les llegó o de estar cansados de aparecer como los emprendedores al estilo peruano, a decir de Roque Benavides: «Somos un país de recurseros y tenemos tanto de sobrevivientes como de emprendedores» (¿Emprendedores o supervivientes”? ESAN. 16 agosto 2010). La pandemia ha colocado a la mayoría del país como sobrevivientes, pero sobre el candidato de Perú Libre ha dicho poco de cuál es la ruta de la salida o recuperación nacional.

Castillo en las próximas encuestas verificará si los más de 40 puntos que le asignan significa su techo o todavía a podido crecer aún más. Lo mismo sabremos para el caso de Keiko Fujimori.

Pero, Castillo, necesita pasar de la protesta a la propuesta si quiere asegurar un crecimiento, aunque sea mínimo. Hasta ahora los planteamientos de Castillo también desafían el espíritu y la cultura conservadora que se puede haber instalado en los sectores del centro político y de los que se abstienen de los dos candidatos.

Las propuesta maximalistas de convocar a una Asamblea Constituyente, porque la actual Constitución cobija el modelo económico que no ha logrado integrar o igualar las oportunidades de todos; o la de acabar con la institucionalidad del Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo o en el lado informativo cerrar realities televisivos; no aparece de manera clara como se hará, porque el actual andamiaje normativo tiene procedimientos y formas que deben procesarse para arribar a que se concreten estos planteamientos.

Lo de la Defensoría del Pueblo puede ser un grave traspiés que el candidato Castillo habría cometido y que podría ser de utilidad para su contendora. Esta institución, es una creación original de la Constitución de 1993 que aprobó el Congreso Constituyente Democrático que instaló Fujimori luego del golpe de Estado de 1992, donde se crea el capítulo de la Defensoría del Pueblo, dentro del Título IV de la Estructura del Estado.

Ahora, este planteamiento de Castillo sobre la Defensoría no difiere en nada de propuestas instaladas en programas informativos de derecha conservadora que piensan lo mismo, sobre la utilidad de esta entidad pública. Precisamente, allí radica la importancia de esta institución, su independencia y la posibilidad de que los ciudadanos puedan recurrir a ella ante la afrenta o negligencia del Estado y el sector público.

Más allá de los anuncios electorales que sigue planteando Castillo, sin entender que en la segunda vuelta se juega el cómo se harán las cosas, para lo cual se necesita mostrar equipo, rutas y medidas inmediatas a tomar. Hasta ahora, hay ausencia de ello y una campaña titánica y nacional buscando afianzar el miedo al cambio, como sinónimo de comunismo, pero también que no tiene equipo, y el fustán que se muestra (los Cerrón y miembros del MOVADEF), electoralmente no lo ayuda.

La cultura conservadora instalada por casi tres décadas producto de la economía de mercado, pueden hacer prevalecer el optar por el “mal conocido que bueno por conocer”. Sobre todo, porque la densidad electoral de lo que esta en juego, la provincia de Lima y el norte de la costa del país, siempre opto por lo conservador.

Ambos candidatos necesitan mostrar propuestas renovadoras o nuevas. Vale decir un “aggiornamento” que les permite salir de sus cotos electorales para buscar nuevos bolsones a su favor. Esta es la oportunidad de la ciudadanía y la sociedad civil.

Pronunciamientos como el de asociaciones o sociedades de psicólogos y del psicoanálisis pidiendo el pronunciamiento de estos candidatos a puntos concretos referidos a la atención de la pandemia, el orden institucional y democrático y las libertades individuales, debieran reproducirse y extenderse.

La estrategia del aggiornamento sólo será eficaz si muestra criterio de veracidad. No será suficiente, por lo tanto, sólo declaraciones públicas. Cómo y ante quien o quienes se haga será fundamental.

David Montoya
Estudios de posgrado en politología, comunicador, con vasta experiencia en la dirección y asesoría en el diseño, formulación y seguimiento de políticas públicas en diversas entidades como la Presidencia del Consejo de Ministros, el Ministerio de la Mujer, la Municipalidad de Lima, el Congreso de la República. Coordinador de Políticas e Incidencia en el Grupo Propuesta Ciudadana. Analista de Coyuntura en el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (DESCO) y docente de pregrado y posgrado en la Universidad Cayetano Heredia.

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