Luis Otoya Trelles Opinión

Ausencias que lamentamos

Durante los primeros diez meses de la pandemia, entre el 1 de marzo y el 31 de diciembre de 2020, fallecieron noventa y cuatro mil peruanos más que en el mismo período del año anterior. Como consecuencia de la “sinceridad” que caracterizó la gestión de la ex ministra Dra. Pilar Mazzetti, no hemos podido saber hasta ahora cuántas vidas se perdieron por el COVID-19. Ausencias que lamentamos y que aún se siguen sufriendo en los hogares de miles de familias peruanas.  

Los peruanos también hemos lamentado recientemente la ausencia de casi siete millones quinientos mil peruanos que no asistieron a votar en este proceso electoral. Tres de cada diez peruanos no se presentaron en su mesa de sufragio. Es cierto que el temor de ser contagiado ha incidido en el ausentismo, que comparado con las elecciones del 2006 casi se ha triplicado.

El domingo 18 de abril se publicó la primera encuesta que reveló que el señor Castillo había incrementado significativamente la ventaja con la que pasó a segunda vuelta junto a Keiko Fujimori.

A partir de esa noche las redes sociales se convirtieron en el campo de batalla de ciudadanos que preocupados salieron agresivamente a defender sus divergentes posiciones. Durante semanas venimos siendo testigos de la ausencia de tolerancia de quienes prefirieron anteponer el insulto a los argumentos, las mentiras frente a la verdad, la ofensa antes que el respeto.

Lo más sorprendente ha sido que los que ningunearon el proceso, no asistiendo a votar, junto a algunos de los que no votaron por ninguno de los dos candidatos, a pesar de su simpatía por partidos de derecha, siguieron mostrándose intransigentes e inflexibles en su postura anti, lo que nos hace pensar que su odio visceral supera a su capacidad de razonar con la cabeza fría, ante un escenario en que el modelo económico y la Constitución están bajo amenaza.

Lo mismo viene pasando con algunos de los candidatos que no alcanzaron a disputar la segunda vuelta quienes, a casi tres semanas del flash electoral, siguen deshojando margaritas sin aún haber decidido a qué candidato van a apoyar. El que más sorprende es el señor Hernando de Soto, a quien se le percibe ausente, esquivo, jugando con fuego, pensando con soberbia que puede modular a un candidato cuyo único plan es llegar a gobernar enfrentando a los peruanos en una incendiaria lucha de clases. El señor Castillo hasta ahora sólo se ha preocupado de ganar votos mintiendo, con promesas que no podrá cumplir, incluyendo su reciente declaración después de una reunión con De Soto en Máncora, para dejar claro que no es comunista, ni chavista. Es evidente que el objetivo es ganar las elecciones de cualquier forma, sin escrúpulos, para llegar a tomar el poder.

Nos quedan poco más de cinco semanas para el crucial día en que los peruanos asistiremos a votar para elegir quién y con qué modelo económico gobernaran nuestro país. El momento que se vive es de mucha incertidumbre y esto se refleja día a día en nuestra deteriorada economía que, en medio de esta severa pandemia, exige menos dudas, más compromiso con el Perú y las necesidades de los que menos tienen.   

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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