Martín Belaunde Opinión

Perú, ¿Estado fallido?

El título del presente artículo, sea como un enunciado directo o como una pregunta, se ha mencionado mucho últimamente. El Presidente Sagasti hace pocos días mencionó que el Estado ha fallado en algunas de sus funciones esenciales. Aun admitiendo como cierta su expresión, existe una gran diferencia entre lo que se  dice y el contexto general de la frase. Sagasti se refirió a que el Estado no había cumplido una obligación específica de sus funciones básicas en la provisión de oxígeno, vacunas, entre otras facilidades, y además pidió perdón a las víctimas. Cuando hablamos de un Estado fallido en realidad estamos aludiendo a una situación totalmente distinta, que solo puede ser entendida cuando la autoridad no puede cumplir ninguna de sus atribuciones elementales.

¿Cuáles son? La incapacidad de mantener  la paz, el orden público,  la seguridad interna y externa, la falta de los servicios públicos de agua, combustibles, transporte, electricidad, alimentos, medicinas, etc, son señales evidentes de  esa situación. También cuando dentro del territorio de un Estado no se puede viajar ni circular, cuando en nuestros domicilios existe el peligro de ser asaltados e incluso asesinados, cuando no existe ningún respeto a la propiedad pública y privada y nuestra libertad está amenazada. Existen situaciones históricas  en el mundo donde se han vivido esas carencias generales, pero en el Perú nunca ha pasado por esa situación, ni siquiera durante la Guerra con Chile. Por cierto que en el siglo XX tampoco,  ni menos ahora en el siglo XXI ad portas de la celebración de nuestro bicentenario.

¿Qué países pueden ser calificados como estados fallidos? En el continente americano ha habido algunos. Haití es el caso más emblemático y que incluso fue ocupado por las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas hace alrededor de 20 años. En Centroamérica  hay países que han atravesado por situaciones de esa índole, hoy posiblemente superadas, Guatemala, Honduras, El Salvador a fines del siglo pasado y comienzos del presente, que en estos momentos atraviesan un delicado equilibrio que no llega a ser una anarquía . Nicaragua es una dictadura pero no un Estado Fallido, Costa Rica puede ser calificada como una democracia floreciente. Algo más al sur, Panamá, es un país en pleno auge gracias al Canal así como a los servicios que presta conectados a esa vía transoceánica.

¿Entonces, donde ubicamos los estados fallidos? Básicamente en el África, para dar algunos ejemplos Sudán dividido ahora en dos estados del norte y del sur, en perpetua anarquía. Somalía, Eritrea, Yibouti, en otra época Etiopía, en la zona denominada el “cuerno africano”, frente al Océano Índico que baña el sur de la península arábiga y asimismo las costas africanas frente a  dicha península. Posiblemente también en Yemen, donde se combate una cruel guerra civil. En el Medio Oriente la situación más emblemática es Siria en plena lucha contra el régimen de Bashar al-Asad y también Libia después de la caída de Gadafi. Por cierto el frustrado Estado Islámico  surgido a raíz de la guerra entre Estados Unidos e Irak, es otra situación de Estado fallido.

Ninguno de estos casos puede ser comparado con el Perú de la pandemia  surgida en el  2019. Se dice y se repite por doquier que la pandemia ha desnudado las carencias  de nuestro régimen sanitario. Cierto pero no al extremo de la quiebra del Estado peruano, que además todavía goza de buena salud financiera. En medio de esta crisis el gobierno peruano ha dispuesto de grandes sumas de dinero para impulsar la economía, sin lograr el éxito deseado. La respuesta frente a la pandemia ha sido muy pobre en cuanto a la provisión de oxígeno, camas uci y  las vacunas que recién comienzan a llegar a cuenta gotas y algunas sin reunir la calidad mínima requerida. Sin embargo con sus errores y falencias ha habido y hay una acción que irá mejorando. En los próximos días y meses  probablemente la veamos con más fuerza.

Esta idea del Estado fallido ha sido repetida varias veces por el ex candidato Hernando de Soto en su empeño de aparecer como árbitro de la segunda vuelta. Muchos dicen que Hernando de Soto todavía no asimila su derrota electoral. Frente a ello, en lugar  de tomar una decisión por uno u otro candidato, pretende lograr un forzado acercamiento entre ellos, que solo podría venir después y no antes de la segunda vuelta. El Perú no es un Estado fallido aunque hay agrupaciones políticas que lo quieren llevar a esa condición. Como ciudadano,  como hombres de leyes y como periodista de opinión rechazo ese intento que nos perjudica como Estado y como Nación.

Martín Belaunde Moreyra
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos.  Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

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