Jaime Castro Opinión

La última revolución empresarial ejercida por la transformación digital

Estamos dentro de una revolución, la convergencia de distintas tecnologías, como las físicas, las digitales y las biológicas, es lo que denomina Klaus Schwab «cuarta revolución industrial».

Dentro de la historia el desarrollo de revoluciones se ha producido y gestado con la aparición de nuevas tecnologías y formas novedosas de percibir el mundo las mismas que desencadenan un cambio profundo en los sistemas económicos y las estructuras sociales de las naciones.

La primera revolución industrial abarcó desde aproximadamente 1760 hasta más o menos 1840. desencadenada por la construcción del ferrocarril y la invención del motor de vapor, marcó el comienzo de la producción mecánica.

La segunda revolución industrial, entre finales del siglo XIX y principios del XX, hizo posible la producción en masa, fomentada por el advenimiento de la electricidad y la cadena de montaje.

La tercera revolución industrial se inició en la década de 1960, a ella se le conoce y vincula generalmente como la revolución digital o del ordenador, porque se procuró por el desarrollo de los semiconductores, la computación mediante servidores tipo “mainframe”, la informática personal en las décadas de 1970 y 1980 e internet en la década de 1990.

La cuarta revolución industrial comenzó a principios de este siglo y se basa en la revolución digital. Por ello los profesores Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, del Massachusetts Institute of Technology (MIT), hicieron famosa la referencia a este período como «la segunda era de las máquinas», al afirmar que el mundo está en un punto de inflexión en que el efecto de estas tecnologías digitales se manifestará con “toda su fuerza” a través de la automatización y la creación de cosas que marcaran hitos “sin precedentes”.

Una realidad importante de la cuarta revolución industrial (era digital) es que muchas nuevas empresas proveen “bienes de información” con costos de almacenamiento, transporte y replicación que son prácticamente nulos.

En segundo lugar, el mundo carece de una narrativa consistente, positiva y común que describa las oportunidades y los desafíos de la cuarta revolución industrial, una narrativa que es esencial si queremos empoderar a un conjunto diverso de individuos y comunidades, y evitar una violenta reacción popular contra los cambios fundamentales en curso.

Por lo expuesto la cuarta revolución industrial ha hecho posible nuevos productos y servicios que aumentan prácticamente sin costo alguno la eficiencia de nuestras vidas como consumidores.

Estamos empezando a sentir el impacto positivo en el mundo que puede tener la cuarta revolución industrial, siendo las tres fuentes principales según Klaus Schwab:

  • En primer lugar, la cuarta revolución industrial ofrece la oportunidad de incorporar a la economía mundial las necesidades insatisfechas.
  • En segundo lugar, aumentará en gran medida nuestra capacidad de enfrentarnos a las externalidades negativas y, en el proceso, aumentar el potencial de crecimiento económico – Avances en tecnologías renovables.
  • En tercer lugar, las empresas, los gobiernos y los líderes de la sociedad civil, están luchando por transformar sus organizaciones para alcanzar totalmente la eficiencia que ofrecen las capacidades digitales.

Sobre esta base, la cuarta revolución industrial convierte la tecnología en una parte omnipresente y predominante de nuestra vida individual, y pese a ello apenas estamos empezando a entender cómo afectará este cambio tecnológico a nuestro yo interior.

Para concluir el presente artículo manifestamos lo siguiente:

  1. La cuarta revolución industrial exigirá y se centrará en la capacidad de los trabajadores para adaptarse continuamente y aprender nuevas destrezas y enfoques dentro de una variedad de contextos.
  2. La Cuarta revolución industrial conlleva al desarrollo empresarial hacia una forma mucho más compleja de innovación basada en la combinación de múltiples tecnologías de una forma novedosa.
  3. Debemos recordar que las expectativas del usuario-cliente están cambiando;

• Los productos están siendo perfeccionados por los datos, lo que mejora la productividad de los activos;

• Se están formando nuevas alianzas a medida que las compañías comprenden la importancia de las nuevas formas de colaboración, y

• Los modelos operativos se están transformando en nuevos modelos digitales.

  • Estar abrumados a causa de la ignorancia es precisamente lo que debemos evitar, sobre todo cuando se trata de cómo las numerosas y diversas comunidades que conforman la sociedad moderna se crean, se desarrollan y se relacionan entre sí.
  • La combinación de los mundos digital, físico y biológico, el mayor desafío es aportar en su comprensión, desarrollo mutuo y colaborativo.

En última instancia, es responsabilidad de cada uno de nosotros garantizar que la tecnología nos sirva sin esclavizarnos, y dentro del plano colectivo, también debemos garantizar que podamos entender y analizar correctamente los desafíos que la tecnología nos depare. Solo de esta manera podemos estar seguros de que la cuarta revolución industrial mejorará, en lugar de perjudicar, nuestro bienestar.

Jaime Castro.
Coordinador académico del Área de Innovación Empresarial de la Carrera de Administración de la Universidad de Lima. Docente e Investigador de la Especialidad. Servidor y funcionario público con más de 25 años de experiencia dedicados a la gestión pública en diversas instituciones, Doctorando en Gestión Estratégica por el Consorcio de Universidades Privadas del Perú, Maestro en Administración de la UNFV, Master en Gerencia Pública de la Eucim Business School – España, Postgraduado en Gestión y Dirección de Empresas por la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP, Especialista en  Gobernabilidad y Gerencia Política por la PUCP y la George Washington University – USA. Licenciado en Administración.

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