Miryam Patricia Falla Guirao Opinión

Vacunas van, vacunas vienen

A fines de 2020, todos estábamos desconcertados. El gobierno asumido por Sagasti encontró tan solo un documento tipo pre-contrato para la compra de vacunas. No hay que negarle al actual gobierno de Transición y Emergencia la movida que inició desde principios de enero para la pronta adquisición de vacunas. Mal que bien, lo consiguieron, y en una tarea titánica se comenzó a inmunizar a la población hacia fines de febrero. Se empezó con el personal que labora en la primera línea de batalla: médicos y enfermeras, Fuerzas Armadas y Policiales, principalmente, a nivel nacional. Poco a poco, lentamente.

Con todos los problemas que acarrea nuestro precario sistema de salud, debemos sorprendernos que un buen número de compatriotas y residentes en nuestro país ya estén inoculados, comenzando por los adultos mayores de avanzada edad, poblaciones vulnerables y personas en situación de comorbilidad.

Pero no pocos conciudadanos decidieron tomar el toro por las astas y se fueron, incluso antes de iniciado el proceso de vacunación, a inmunizarse al extranjero. Sabemos por palabras del propio presidente Sagasti, que las grandes farmacéuticas no les venden a los privados sino a los gobiernos, e incluso ello lo llevo a decir una frase que no pocos tomaron como polémica: “No queremos que solo los ricos puedan vacunarse y los pobres, no”.

En realidad, más de 150,000 peruanos ya se habrían vacunado en el extranjero. Esto se debe a la poca eficacia del gobierno pasado para traer las vacunas a tiempo. Algunos consiguieron los pasajes principalmente hacia USA antes de la demanda que lo elevó por las nubes. Pero, ¿por qué este éxodo de peruanos buscando vacunas en el exterior? No vamos a negar que la pandemia daño la salud mental de muchos y elevó el estrés de la población en cantidades industriales. Salir para conseguir una vacuna, sí, pero también “salir porque no se puede tolerar más una situación de encierro, y si podemos nos damos un paseo”. Como quien se va de vacaciones, se gana el viaje más la vacuna. Pero lo cierto es que quienes han decidido hacer turismo de vacunas no solo lo hacen porque pueden, sino porque son personas con enfermedades de riesgo, porque trabajan directamente en el campo y no hacen trabajo remoto, y la exposición es aún mayor con las nuevas variantes que aumentan el peligro. Gente que no puede esperar su turno en su propio país y deciden hacerlo por cuenta y riesgo de ellos. También los hay porque su poder adquisitivo se lo permite y no quieren seguir lidiando con las libertades restringidas que impone un Estado de Emergencia. Pero lo cierto es que no todo el que sale fuera a vacunarse es porque le sobre el dinero, sino que muchos han recurrido a sus ahorros para liberarse prontamente de la plaga, o están pagando sus pasajes a plazos. No se trata de una división entre ricos y pobres sino de una situación de “sálvese quien pueda”. Si puedo hacerlo, ¿por qué no? Y si no soy capaz de hacerlo, haré un sacrificio, suele ser la consigna.

La vacunación en nuestro país avanza lentamente pero avanza, con todas sus falencias y con gente que aún no se ha vacunado en provincia, de tumbo en tumbo, con denuncias interpuestas por personas que fueron inyectadas con jeringas de aire, con sospechas de pérdida de vacunas. Así y todo avanza. Mientras, en el país del norte las arrojan al tacho porque mucha gente no quiere vacunarse, le temen, tienen prejuicios y creen que una inmunidad de rebaño los alcanzará como por arte de magia. Lo cierto es que los países ricos han empezado a enviar sus excedentes a los países que realmente los necesitan. Favio, un peruano de 60 años enfermó de Covid la semana pasada, pero fue leve, cual un resfriado común. Pero Favio estaba vacunado hace dos meses en el extranjero y recién le estaría tocando su turno. ¿Qué hubiera pasado si Favio no se  vacunaba? Simplemente, lo habría atacado el Covid y quizá hoy ya no estaría entre nosotros.   La vacuna lo salvó.  También hay quienes estando en la capacidad de vacunarse fuera no lo hacen, y prefieren esperar la cola. Es una decisión que depende no solo del factor monetario sino de todo un contexto que solo cada quien conoce. No vamos a negar que esto ha generado cierto recelo en la población que al no acceder a la alternativa de vacunarse en Chile, USA u algún otro país, ven en el que lo hace sin tapujos, injusticia y desigualdad. No obstante, hay que ensayar una mirada más amplia. Gente que puede y lo hace. Gente que puede y no lo hace y gente que haciendo sacrificios opta por este camino por razones de salud o de búsqueda de reinventarse una nueva libertad. Vacunas van, vacunas vienen, hay de todas las marcas y hasta es posible elegir cuál. Como dijo la Presidenta del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez, el que se vacuna en el extranjero no tiene por qué sentirse mal porque no le está quitando las dosis a un peruano que necesita ser inoculado en su país.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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