Opinión Verónica Gavidia

No hay lugar para tibios

El entorno se manipula por la des-información que nos satura, las emociones se enferman, y la polarización se acentúa.

“No hay lugar para los tibios” comentan en los grupos de whatsapp: las conversaciones arden. La sociedad se dividió en dos bandos y la democracia se perdió en el momento en que la intolerancia comenzó a reinar en el corazón de gran parte de los peruanos. En un llamado incongruente, se pidió defender la democracia con métodos poco democráticos como la manipulación de medios de comunicación. Los principales noticieros, canales de televisión, periódicos y radios, sin vergüenza alguna, se alinearon con uno u otro bando.

Como consecuencia, la hostilidad hacia ideas diferentes a las propias se adueñó de enteras familias que se dejaron llevar por el terror entre bandos (fundado o no) provocado por los principales medios de comunicación hasta el momento intachablemente objetivos.

Mientras tanto, en el Perú, la realidad de las zonas rurales es alejada, y las clases sociales son segmentadas, por lo que si algo no aparece en los medios de comunicación, no existe, por más que las señales demuestren lo contrario. A pesar de la importancia de los medios de comunicación para trasmitir información y juntarnos como nación, la curiosidad de los peruanos y la oferta informativa suele suplir el desinterés por temas políticos y sociales, con temas menos dolorosos como la farándula y robos a mano armada: creando ignorancia.

A esto se le agrega que los espacios de discusión son muy difíciles de encontrar, sobre todo espacios que mantengan el respeto y los buenos modales, y la creación de ideas se ve opacada por la falta de reflexión.

Es así, por ejemplo, difícilmente se discute o informa sobre los problemas educativos por la falta de conectividad que vive el 80% de los niños en las zonas rurales, ni se conversa sobre las violaciones domésticas a niñas y niños en el interior del país, menos sobre la alta tasa de abandono escolar, desnutrición, etc. La desinformación es la oferta que ofrecen los medios de comunicación a la falta de empatía entre connacionales que caracteriza la(s) sociedad(ades) peruana(s).

Como consecuencia de esta campaña de desinformación llegamos al día de las elecciones para votar por el menos peor. Después de 2 meses en los que una sociedad, por excelencia apolítica, ha utilizado el poder de las palabras a través de las redes sociales, gobernadas por el miedo y el odio, propagando asperezas.

Mientras en un mundo globalizado, capitalista y de bienestar social, cualquier extremismo es depreciado, en el Perú, bajo el liderazgo de periodistas y políticos, se iguala la izquierda, al comunismo, al terrorismo y al socialismo, con tal ligereza que da vergüenza a nivel internacional. Más aún, en un mundo donde la polarización extrema entre izquierda y derecha difícilmente se hace tangible, es lamentable que ciertos calificativos (como caviar y terruco) hoy en día sean utilizados para definir algunas minorías de profesionales y pensadores en modo despectivo. Es así que en el Perú, a diferencia del resto del mundo, el espectro político no da espacio a diversidades ideológicas, limitando el discurso político a criminalizar la izquierda con el recuerdo del terrorismo y la experiencia del comunismo en Venezuela, y juzgar a la derecha como impulsor de la desigualdad social y precariedad laboral. En estas elecciones, lejos de analizar y haber discutido las propuestas políticas en el espacio público, se desinformó y hostigó. La libertad de pensamiento fue atacada por nuestra propia familia y amigos. La democracia fue violada.

El resultado de estas elecciones serán meses de lucha a nivel político, entre una parte de los peruanos que ven en riesgo su statu quo y otra parte que buscan el quiebre de este. Un statu quo que nos acomoda a “todos”, donde el orden social se divide entre los servidos y los sirvientes. Un orden social que no daría lugar a posturas extremistas si los que nacieron en familias pobres tuvieran la oportunidad de ascender socialmente como fruto de su propio esfuerzo, tal y como sucede en los mejores países capitalistas.

La creación de puestos de trabajo y una reforma de la función pública con el fin de tener un gobierno eficiente para guiar el desarrollo empresarial y educación técnica de calidad a nivel nacional es la mejor opción que la triste historia de corrupción e ineficiencia estatal enseñan que debemos impulsar. Dándole espacio al libre mercado e impulsando la inversión, promoviendo el desarrollo de pequeñas empresas sin ahogarlas en impuestos que no retornan en estándares de calidad de vida y servicios públicos. Pero también dándole lugar a los derechos humanos, al progreso, a mejorar las oportunidades de quienes no las tienen y a la lucha contra la pobreza. Lamentablemente ninguno de los dos bandos nos ofrece esta ecuación.

Hoy estamos frente a la pérdida de democracia, no solo por quién será elegido sino por quien no lo será. Esta guerra recién comienza y más allá del gobierno de turno, será esta falta de democracia, entendida como respeto de la voluntad popular, que traerá años desastrosos para el país.

Verónica Gavidia.
Lic. en Ciencias Sociales para la Globalización, Maestría en Economía y Política
Internacional, y Diplomado en Gestión Pública y Gobierno. Con cursos de capacitación en Gestión de Conflictos Sociales, Revitalización Rural, Economía Ambiental, Diseño y Evaluación de Políticas, Investigación Cualitativa, entre otros. Actualmente, consultora de temas sociales en el Programa Subsectorial de Irrigaciones del MIDAGRI. Experiencia en Alta Dirección del MINAGRI, Dirección General de Políticas Agrarias, Fondo Italo-Peruano, Oficina Comercial del Perú en Londres, Consulado del Perú en Milán. Microempresaria.

0 comments on “No hay lugar para tibios

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: