El ritmo de vacunación en nuestro país está marchando de manera óptima, según las estadísticas y pese a las limitaciones del Estado. Ya hay un importante grupo de ciudadanos que han recibido el beneficio. Pero, ¿qué está pasando en la vía contraria? Existen personas que piensan inocularse, mientras que otras solo se han colocado la primera dosis. 

Los argumentos de quienes no consideran la posibilidad de pasar por los centros de aplicación del medicamento son variopintos: desde prejuicios que suenan a cuentos infantiles, hasta la desconfianza acerca de un producto elaborado en muy poco tiempo, -cuando se sabe que para obtener la seguridad de la eficacia de una vacuna deberían pasar años de prueba-. En primer lugar, se trata de una vacuna aprobada de emergencia en todo el mundo para frenar una pandemia mortal que se expande y que ha puesto al descubierto la precariedad de los sistemas de salud, principalmente en los países en vías de desarrollo.  El resultado ha sido espectacular, ya que gracias al fármaco se logra frenar las muertes y evitar  la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). No sabemos a ciencia cierta cuánto tiempo de inmunidad poseen estas vacunas, pero en toda la gama, van de entre seis meses a un año.

El recurso no debe ser voluntario. Así, como por ejemplo, para ingresar a Costa Rica es menester inmunizarse contra la fiebre amarilla, con mucho más razón la vacuna debería ser obligatoria cuando nos encontramos en medio de una pandemia que parece no tener límites. El Bien Común debe primar en la sociedad por encima de una decisión o interés individual. Quien no se vacuna estará constantemente expuesto al virus y sus peligrosas variantes, y arriesgará a otros. Entre las más pintorescas razones que se esgrimen para negarse -o resistirse- a la inmunización figuran las “teorías conspirativas”. Se ha llegado, en un arrebato delirante,  a sugerir la existencia de una organización denominada Lucifer, la que estaría detrás de la ONU.

Otros acusan a los grandes negociados de los laboratorios que buscan lucrar engañando a la gente. Se suman a ello razones religiosas. Por ejemplo,  algunos católicos afirman no necesitar el fármaco, sino  solo reforzar el sistema inmunológico. El Papa Francisco ha invocado a los fieles a vacunarse como un supremo acto de caridad frente a los tiempos que nos aquejan. Pero la negativa continúa. Algunos han llegado a la primera dosis y no han regresado por la segunda, alegando no requerirla porque igual se contagiaron. Es harto sabido que, aunque estemos vacunados, hemos de seguir las reglas de conducta sanitarias porque podemos transportar el virus a los que aún no se han inmunizado. Entonces, surge la pregunta: ¿Por qué me tengo que vacunar si igual me debo seguir cuidando? Es mejor estar protegidos que no estarlo, ya que si nos contagiamos, la forma de enfermedad que desarrollemos será leve. Hay quienes viajaron al extranjero para vacunarse cuando todavía no existían suficientes dosis en nuestro país. 

Las personas que ya recibieron la primera cuota deben ir por el último pinchazo. Una sola no es suficiente para quedar blindado. El MINSA invoca a los ciudadanos que no se presentaron a recibir su segunda dosis pronto. Por eso, ante el debate, este debería girar hacia la obligación, y no hacia la libertad de elegir.  El coronavirus no está tranquilo y cada vez muta a cepas más agresivas; así, pone constantemente en peligro nuestras vidas y las del prójimo.

La apertura a los mayores de cincuenta años ha originado aglomeraciones en los vacunatorios. Gente que acude desde la madrugada a realizar largas colas;  personas que no consultan el padrón del MINSA o EsSalud, sino que simplemente acuden al local que le queda más cerca, sin respetar fecha y hora. Frente a tal desorden, es necesario que la campaña se reorganice. Ello, no solamente invocando a la población a que se presente, sino que lo hagan el día y la hora asignados, y consultando el portal pongoelhombro.com. El ministro de salud Óscar Ugarte ha ventilado la noticia de que se abrirían más centros y módulos para el suministro y así  ordenar el calendario. De ese modo, se evitarán pandemoniums en los que también nos exponemos al contagio.

No caigamos  en supercherías cuando se trata de un tema sanitario tan grave; en nuestro país, el mal  ha cobrado más de doscientas mil vidas. Es por ellos, por los que no pudieron, por los que no llegaron, que inmunizarnos se torna en  deber para cada uno de nosotros. Cuando hace varias décadas se lanzó la vacuna contra la poliomielitis, el público desconfiaba; hasta que no vieron a Elvis Presley permitiendo su aplicación ante todo el mundo, no creyeron. Esta es una situación diferente. No estamos ante una pandemia de poliomielitis, sino de un coronavirus que se comporta de múltiples maneras. Ante la  crisis global, debemos agradecer esta oportunidad.  De haber ocurrido años antes, no hubiera existido una esperanza. Vayamos, jubilosos, y no nos quedemos tranquilos hasta acceder al último pinchazo.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

3 comments on “El último pinchazo

  1. Eyner Romero Estrada

    Su artículo debería referir a evidencias científicas. De esa manera podría sustentar sus argumentos, más allá de las subjetividades que manifiesta contra un cada vez más grande e informado sector de población, el cual sabe que éstas no son vacunas (pues no parten del principio de virus debilitados) sino una terapia génica experimental (ARNm), cuyos compuestos, ahora estudiados bajo microscopía, están sorprendiendo aterradoramente a más de uno. Entre los que usted critica, hay miles de médicos, científicos, y personal sanitario que conoce la realidad y busca proteger a la.humanidad de este experimento masivo mundial. Investigue usted por su cuenta en buscadores independientes (Brave, DuckDuckGo, Tor) o en plataformas libres como Telegram. Verá como su perspectiva va cambiando. Habemos muchos científicos, intelectuales y profesionales de la salud que estamos en ese camino. Que la verdad sea la guía. Saludos.

    • Miryam Falla Guirao

      He investigado señor. Las vacunas de virus debilitado pueden ser peligrosas en este caso. Hoy en día la ciencia nos ofrece la ingeniería genética para fabricar vacunas. Se ha visto que el Covid ha disminuído en el mundo, gracias a la vacunación. Veo que usted tiene prejuicios…….

      • Eyner Romero Estrada

        No son prejuicios, estimada. Son realidades. Es un hecho que son vacunas experimentales y, como tal, no se saben los efectos que tendrán en la salud a mediano y largo plazo. Saludos.

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