Guillermo Ackermann Opinión

El fútbol como motor de cambio social

Una de las más grandes emociones que el ser humano experimenta se da en el preciso momento en que el balón de fútbol ingresa al arco y cual una explosión, que sale de lo más profundo de nuestro interior, brota el grito de GOL.

Hace pocas horas se jugaba el minuto 82 del partido por el tercer lugar de la Copa América entre las selecciones de Perú y Colombia, tras un gran primer tiempo del combinado patrio, la segunda etapa fue diferente y cuando parecía que la suerte estaba echada, un certero cabezazo del ‘Bambino’ ítalo-peruano nos arrancó ese maravilloso clamor que nos devolvió la ilusión y la esperanza.

El fútbol es esa hermosa disciplina que tiene la capacidad de unirnos, de hacer olvidarnos de nuestras diferencias, de tener todos un objetivo común y de mirar hacia el mismo lado. Es inclusivo, no hace diferencias ni en el jugador, ni en el hincha.

Nos puede gustar o no, podemos ser indiferentes o apasionados, pero no hay un solo peruano que, cuando se da un triunfo de la bicolor, esté en contra de ese resultado.

Tuve la oportunidad de decirle frente a frente al gran Ricardo Gareca, cuando habíamos clasificado sorprendentemente a la Copa del Mundo de Rusia: ‘el mayor milagro no ha sido clasificar al mundial, sino unir a todos los peruanos en torno a un mismo ideal’.

Y es que el fútbol tiene esa magia de hacernos hinchar el viernes por la blanquirroja, el sábado por la albiceleste ( a pesar de ser personalmente hincha de la ‘verde amarela’) y el domingo por la ‘azurra’, aunque, hoy en día, la liga inglesa sea la más competitiva del mundo, según mi modesto entender.

Pero nos preguntamos, qué hay detrás de este deporte que es capaz de hacer detener, por unos días, una guerra civil, o quizá de originar un conflicto entre países, según hechos históricos. Cómo así incentiva afinidades y acentúa rivalidades.

El deporte en general y el fútbol en particular tiene un arraigo masivo, es la disciplina más popular del mundo y, por tanto, la convierte en una gran herramienta para utilizarla de una manera formativa.

Estrategia, disciplina, trabajo en equipo, descubrir tus habilidades, desarrollarlas, confiar en ti mismo, generarte hábitos, proponerte objetivos a corto, mediano y largo plazo, combatir contra tus propias debilidades y asociarte con alguien para potenciarlas, abrazar a aquel con el que tienes diferencias, porque por encima estaba la meta propuesta, medir tus resultados y evaluar cómo corregir los errores para la próxima. La lista de virtudes que te da el deporte es inacabable.

El fútbol te debe hacer una mejor persona tanto para ti mismo como para tu familia, tu ciudad y a tu país. Te debe permitir el aprendizaje de caer y levantarte, de equivocarte y subsanar, de cometer una falta y disculparte. Para ello se debe practicar de una manera metódica, ordenada y constante.

En el Perú, uno de los primeros regalos, que uno le hace a su hijo recién nacido, es una pelota, una camiseta de tu club o algún otro elemento vinculado al fútbol. Desde la cuna, ya está el sueño de que tu hijo pueda patear un balón y, por qué no, ser un gran futbolista. Aunque aún no se ha desarrollado bien, por un tema cultural, el fútbol femenino, estoy seguro que en un futuro próximo pasará.

El deporte y en particular el fútbol, debe ser una política nacional. ¿Cómo podemos haber permitido que se haya suprimido la obligatoriedad de la ‘educación física’ en los colegios y que sea opcional?, ¿cómo es posible que las autoridades tan especializadas en materia educativa y que desde hace 20 años le dediquen horas de horas cuantiosas consultorías, infinidad de dinero y cerebro para edulcorar en los textos escolares el hecho histórico del terrorismo, para llamarlo ‘barbarismo’, guerra interna y así ser más ‘inclusivos’? o que, soterradamente con la excusa de la necesaria igualdad de oportunidades, metan de contrabando otros temas de ‘género’ que debiesen ser tratados en casa por la familia y cuando se trata de deporte, ni una palabra, no sugieren ni jugar canicas.

Hace pocos años en la Federación Peruana de Fútbol (FPF) lanzamos el Plan Centenario 2022, cuya misión era ‘Convertir al fútbol en motor de cambio social’, y eso como consecuencia traería la posibilidad de clasificar, no a uno, sino a todos los mundiales.

Se desarrolló el plan de menores más ambicioso de la historia del fútbol nacional, generando Centros de Desarrollo en las 24 regiones, decenas de visorías para descubrir el talento en todo el país y así brindarle la ocasión a los más pequeños de cumplir su sueño de convertirse en el futbolista de la familia.

Esto permitiría, en una segunda etapa, crear Centros de Alto Rendimiento nacionales en alianza con los colegios, municipios y regiones en el interior del país. Los más talentosos comenzarían a ser convocados a las preselecciones sub 14, 15, 16, 17, 18, 19 y 20, todo desde una Unidad Técnica de Menores. Para ello, se comenzaron a trabajar y mejorar las competencias infantiles (las ya existentes y las nuevas que se crearon).

La última fase, a largo plazo, tenía que ver con la intervención en las academias, enseñanza en los colegios y clubes que trabajan las divisiones inferiores.

La nueva FPF apostó por un proyecto a largo plazo y atrajo a los que consideró los mejores especialistas para sacarlo adelante. Paralelamente, se logró la participación de profesionales en distintas materias, tanto deportivas como administrativas, financieras, marketeras, comunicacionales y hasta arquitectónicas. Llegaron también muchos empresarios que aportaron con su tiempo y consejo, ad honorem, a este proceso. Había que conseguir los recursos cuantiosos para este enorme plan y vaya que se logró, pues se cuadruplicaron los ingresos gracias a la confianza y a la reputación recuperadas.

El sistema deportivo tenía que ir de la mano con la profesionalización de los clubes, para ello, fuimos el primer país de la región en implementar el Sistema de Licencias Profesionales FIFA.

Esto, además, se complementaría con la creación de una Nueva Escuela de Entrenadores y así erradicar las malas prácticas del pasado. Por último, los tres retos adicionales eran la transformación de los torneos y campeonatos (sobre todo en el interior), la capacitación y formación de los árbitros, y la urgente mejora en la infraestructura. Asimismo, se empezó a construir el mejor centro de entrenamiento de selecciones de la región.

Imaginémonos por unos minutos que todo este proyecto no se hubiese interrumpido, ¡La dinámica nacional de la que seríamos testigos!.

El plan está, pero ha quedado en suspenso por los abruptos hechos de diciembre 2018 que permitieron el regreso a Videna de la casta enquistada por casi tres décadas de ‘dirigentes’ cortoplacistas que solo velan por sus intereses particulares, que arrastran todo lo malo de las prácticas dirigenciales, que debieran ser erradicadas y sancionadas de por vida a nivel nacional e internacional por el daño que le hicieron a nuestro país y que tristemente cuentan con el beneplácito y silencio de la Conmebol.

Ojalá pronto realmente haya una auténtica renovación y desaparezcan estos nefastos personajes y así se retomen estos proyectos a mediano y largo plazo.

Gracias a Dios, la llama se ha mantenido encendida, en virtud al trabajo del mejor entrenador de la selección nacional de todos los tiempos desde mi análisis, por supuesto, Ricardo Gareca, aquel que le da las nuevas oportunidades a algunos sin paternalismos ciegos y que logra sacar lo mejor de ellos. Aquel que nunca pierde la cordura y pone la cara siempre, sobre todo cuando se equivoca. Que no le tiembla la mano cuando quiere hacer experimentos. Que es capaz de convocar, contra lo que algunos supuestos ‘eruditos’ opinaban, a un italiano, hijo de peruana, que no conocía el Perú, y darle oportunidad de convertirse en el jugador más querido de estos tiempos, que grita un gol bicolor como si fuera un peruano de nacimiento, ciertamente, ya lo es de adopción. El mismo que, con los Santín, Bonillo, Solano, Honores, Marquez, (estos dos últimos en su primera etapa) Ibañez, Scerpella y una decena más de señores profesionales, convencen a un grupo de 22 peruanos que pueden volverse a parar frente a un pentacampeón mundial, dos semanas después que este mismo equipo te pintó la cara, y hacerle un gran partido, al punto que terminaron ‘pidiendo la hora’.

Ahí está la esperanza, esta ‘niñita de nada’ que nos permite soñar y pensar que se puede lograr el mejor resultado y sobretodo estar orgullosos de nuestra selección.

Pocas veces, incluso la prensa, se ha elogiado la integridad y entrega de una selección nacional, a pesar de haber perdido sus dos últimos partidos.

Como corresponde, no queda más que terminar con un orgulloso: ARRIBA PERÚ.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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