Miryam Patricia Falla Guirao Opinión

¿Quién mató a Palomino Molero?

Cuando la Academia Sueca le otorgó al Nobel a Mario Vargas Llosa en 2010, anunció que lo hacía “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”.  En casi todas sus obras, el escritor peruano ha escudriñado la corrupción latente en nuestras sociedades, sobre todo cuando se trata de sistemas totalitarios. Su obra ha sido calificada de denunciatoria de los entretejidos latinoamericanos más putrefactos y despreciables, pero la mirada que le dirigió al Perú fue una pincelada de solo una cara. Si bien trató y quiso comprender al país que lo vio nacer, nunca efectuó un real esfuerzo por entenderlo. Esto se refleja muy claramente en su ensayo sobre la obra de José María Arguedas titulado La Utopía Arcaica.  Detrás de ese Perú que retrató con maestría en sus novelas, se escondía otra tierra, profunda y ansiosa de ser reconocida y legitimada.

Por estas razones y otras, es incomprensible que al final de su impecable trayectoria, claudicara en sus principios y apoyara a la candidatura de Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, considerado uno de los presidentes más corruptos que haya sufrido el Perú y a quien se enfrentó en una contienda electoral allá por 1990, sin éxito. La pérdida de esa elección alejó definitivamente a Vargas Llosa de estos lares; se dejó ver en algunas ocasiones para criticar con dureza al fujimorato. Su distanciamiento fue tan grande, que hoy cree en todo lo que una corte de ujieres le susurra. No ha sido capaz de investigar por sí mismo qué sucede con el proceso electoral finalizado, sino que hace eco de las palabras de los más cercanos seguidores de la Fujimori para arremeter contra el gobierno peruano y afirmar, bien suelto de huesos, que este se puso del lado del candidato Pedro Castillo como cómplice de un descarado fraude.

Lo cierto es que no existen pruebas fehacientes de aquello proclamado como “verdad sacra” por  Fuerza Popular,  que alega suplantaciones de personas en las mesas de sufragio y firmas falsas porque no coinciden con las existentes en el RENIEC. Haciendo uso de su enorme predicamento como Nobel, le ha dado la espalda a la mitad del pueblo peruano que optó por el candidato de izquierda, algunos por convicción y otros, porque no quieren ver más a un Fujimori en el poder. Esto  debería comprenderlo bien. Desafortunadamente, Vargas Llosa solo tuvo olfato literario para develar las taras de su sociedad, pero careció de olfato político cuando postuló a la Presidencia de la República, razón por la cual perdió. No negaremos que su discurso liberal siempre fue honesto. Alberto Fujimori terminó aplicando el plan de shock económico que el novelista jamás ocultó en su campaña -y que se encargó Fujimori de invalidar solo para la tribuna, asesorado por los apristas, sus inventores y promotores-. Vargas Llosa luchó siempre contra las dictaduras, sobre todo contra el régimen fuji-montesinista, para avalar, en las postrimerías, a la hija del autócrata. Ella, por supuesto, ya había demostrado no tener suficientes credenciales para encarnar a la Estatua de la Libertad. 

Tampoco es cierto que solo los partidos democráticos la blindan, porque aunque él no lo quiera aceptar, existen opciones de centro e izquierda -muy razonables en términos de democracia- que no tuvieron mayor fortuna en los comicios y ahora se han aliado con el virtual ganador. Por otro lado, asoma un Pedro Castillo poco claro, huidizo y quien hasta la fecha es un “misterio sin resolver”. Se dice que el maestro rural gobernará con el ideario presentado por Vladimir Cerrón;  otra versión afirma que se habría apartado del mismo para emprender un camino nuevo. En verdad, el siniestro Cerrón sigue todas las actividades de Castillo y no deja de comentarlas en sus redes sociales. Votaron por el Profesor sus seguidores: aquellos que respaldan las opciones de izquierda y claman por un cambio. Sobre todo, votó por Castillo el Partido más grande del Perú: el antifujimorista.  La derrota de la heredera se debe  a su propia “mochila” que, de por sí, era tan pesada como la roca de Sísifo. Un anti-voto que el mismo Vargas Llosa se encargó de apuntalar. Por eso, nos sentimos sorprendidos ante este incondicional apoyo del novelista. Si le otorgó su confianza al “velasquista y peligroso” Ollanta Humala, y lo suscribió con la hoja de ruta, no lo hizo con Castillo, quien proponía, bajo el padrinazgo de Cerrón, un programa marxista-leninista y hoy parece distanciarse del mismo. Comprendemos lo segundo, pero no cuadra mucho lo primero.

¿Qué pasó, Marito? ¿Crees en todo lo que te dice un grupo de delirantes emisarios a miles de kilómetros de tu país? ¿Das fe acerca de que la Fujimori  estaba quince puntos por debajo de Pedro Castillo y no debíamos creer en las encuestas? A estas alturas del juego, ya no puede sorprenderte que tu candidata haya perdido.

No, no es así, Marito. No hubo fraude. No existen pruebas que lo demuestren, más  allá de las sandeces que los malos perdedores lanzan a los cuatro vientos. Miente, miente, que algo queda– reza el viejo aforismo.  Ese Perú, que maravillosamente supo representar el gran Arguedas, se ha levantado y ha hecho escuchar su voz. Ese Perú que a ti te sonaba a pobre, primitivo y un estorbo para la modernidad y el progreso. Eso es lo que ocurrió, Marito. No claudiques en tus principios y vuelve a Sartre; vuelve, que siempre te espera. Y recuerda esto. Lo dijo tu maestro, al que un día viste de lejos en París: “El infierno son los otros”.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

1 comment on “¿Quién mató a Palomino Molero?

  1. Un valiente comentario de Miryam, mientras otros intelectuales peruanos miran a otro lado.
    El previsto resultado es «un fraude perpetrado por Perú Libre» como denuncia MVLL es una mentira de gran calado, pero coherente con una postura de extrema derecha financiada por grandes empresarios. Está en la onda de la alcaldesa de Madrid y del expresidente Aznar, con los que comparte todo. ¿Alguien sabe cómo o quién financia su «Fundación Internacional para la Paz»? Su web no dice nada de esto. Por allí debía comenzar Mario y su hijo Álvaro si buscan transparencia.

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