Miryam Patricia Falla Guirao Opinión

Pedro en el País de las Maravillas

“No más pobres en un país rico” fue el lema de campaña del presidente electo Pedro Castillo, quien hasta ahora no pasa de ser una incógnita. Parte de ese misterio se relaciona con el protagonismo que asumió su contendora al declarar un inexistente fraude en mesa. Todas las baterías se descargaron por ese lado y no permitieron que el candidato de Perú Libre se explaye y nos aclare cuáles son sus verdaderas intenciones.  Lo cierto es que aún no sabemos cuán cerca está -o lejos- de Cerrón y su insostenible ideario marxista-leninista.  El profesor aspira a convocar un gobierno de ancha base y concertar con las diferentes tiendas políticas, algunas ya se han sumado al próximo desafío.

Es harto sabido que la aplicación de la doctrina marxista-leninista no ha funcionado y los pocos países que todavía la practican no han demostrado un ostensible desarrollo. Todo lo contrario: lo único que ha generado es más pobreza a la ya existente y el recorte de derechos fundamentales y lesivos a toda sociedad abierta y moderna. Por un lado, percibimos a Castillo con ganas de alejarse de su entorno inicial, por otro, esa guardia pretoriana no lo deja ni a sol a sombra. Entonces, ¿qué pasará? No lo sabemos. De lo único sobre lo que damos fe es que no será el suyo un gobierno fácil. ¿Soportará una fuerte y canibalesca oposición en el Congreso por parte de la extrema derecha?

Castillo no debe olvidar que casi la mitad del país no votó por él en el balotaje; solo un 19% le otorgó su confianza en la primera vuelta. Como en 2016, fue el antifujimorismo -sumado a la secuela que dejó la candidata de Fuerza Popular, por su errático comportamiento en el último quinquenio -, lo que permitió su triunfo.  De las personas que lo acompañen en su primer gabinete dependerá que las tensiones no se agudicen más. La voceada intención de una Asamblea Constituyente responsable de una nueva Constitución -sustituta de la de 1993- es un sueño romántico y principista muy alturado.  La actual Carta Magna proviene de una dictadura que decidió acabar con la de 1979 para embarcarse en otra, al servicio de sus intenciones totalitarias. Pero haciendo Real Politik, al estilo alemán, no es necesario modificarla totalmente para efectuar los cambios que Pedro Castillo pretende.

En estos momentos, el Perú atraviesa por una gran crisis socio-económica generada por la coyuntura que se vive en el planeta. Muchas personas han perdido sus empleos y la vida, en medio de un triste capítulo de la historia que coincide con los doscientos años de vida republicana. Es urgente el dinamismo del próximo gobierno en una materia: solucionar los problemas. Y a efectos de ello, una nueva Constitución aparece como algo superfluo y retórico.

Bastarían cambios políticos y económicos saludables en momentos tan duros. En primer lugar, liberarla del tufillo fujimorista y retornar a la reclamada bicameralidad; así, se obtendría un equilibrio en el segundo poder del Estado, es decir, una Cámara fiscaliza a la otra; en el capítulo económico, llevar a cabo las reformas conducentes a una economía social de mercado, espíritu que sí albergaba la Carta de 1979 y que Alberto Fujimori se encargó de hacer trizas.  En pocas palabras, consolidar un modelo inclusivo que beneficie a los sectores menos favorecidos y que cree en el bienestar para todos los peruanos y peruanas. Pedro Francke, asesor de Perú Libre en la materia, afirmó que esto es factible. Hay problemas más urgentes que resolver.

No, este no es el país de las maravillas, pero sí uno  maravilloso. Los últimos gobernantes no han sabido aprovechar este grandioso capital humano.  Si Castillo quiere estar a la altura de un Presidente del Bicentenario, debe pensar que no gobernará solo para los que votaron por él, sino también para la ciudadanía que cifró su esperanza en otras opciones. Está obligado a tender puentes de diálogo y consenso. Estos harán viable un verdadero cambio.  Nadie quiere la aplicación de sistemas fracasados, sino  -como el mismo Castillo sostuvo-, la aplicación de un modelo propio que surja de las necesidades del presente. Este debe ser  conducido primordialmente por las figuras más capaces en la construcción de un “nuevo pacto”.

Castillo militó por años y sin fortuna en Perú Posible, un partido que no es precisamente de izquierda. Ahora, Perú Libre lo ha llevado a la Presidencia, algo que él quizá ni siquiera imaginó. No podemos abandonarlo a la deriva. Es menester que todos los peruanos unamos esfuerzos para la gobernabilidad. Si el nuevo mandatario opta por programas trasnochados, no solamente impedirá consensos, sino que -valga la metáfora- habrá comenzado “con el pie izquierdo”.  Como sindicalista experimentado,  tiene capacidad negociadora y esa facultad ha de prevalecer  en la conducción de un país tan heterogéneo. No pensemos de manera catastrofista y suspirando por vacancias; apostemos por un quinquenio mejor. No se le ha extendido un cheque en blanco; se apostó por él para conducirnos en un Bicentenario. Por eso, Castillo debe estar atento  a quiénes lo rodean y para qué. En caso contrario, tendremos muy presente el viejo refrán que reza: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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