Guillermo Ackermann Opinión

Educación y valores

La pandemia del Covid-19 ha desnudado las graves carencias en materia sanitaria que tiene nuestro país:  infraestructura completamente insuficiente e implementación obsoleta. Al día de hoy, los peruanos percibimos que el principal problema que nos aqueja está vinculado a la salud y probablemente ese diagnóstico sea completamente acertado para la emergencia que estamos viviendo.

Sin embargo, desde una visión más profunda, tenemos un retraso de décadas en materia educativa. Los estudios demuestran que estamos entre los últimos países de la región en estos menesteres.

La ignorancia es atrevida’, versa un popular refrán y es completamente cierto. Proveniente del latín ‘ignorantia’, la ignorancia es la falta de conocimiento, es decir, no conocer o saber algo. Pero lo peor no es ignorar, sino actuar como si no se ignorase, vale decir, hacer creer y creernos que sí sabemos sobre tal o cual tema y mandarnos a tomar una decisión o actuar sin prever las consecuencias.

El problema de la educación en el Perú es estructural, está en las raíces mismas y, desde mi modesto punto de vista, es el principal reto de cualquier gobierno.

Al igual que el sistema de salud, la cadena educativa está colapsada. Carencia completa de infraestructura, implementación precaria, programas educativos obsoletos, profesores muy mal capacitados. Es una educación completamente alejada de ser moderna y tecnológica, a la altura del Siglo XXI, del cual ya pasamos las primeras dos décadas.

Por si fuera poco, bajo la excusa de impulsar la necesaria e importante igualdad de oportunidades y equidad, las autoridades le han dedicado cientos de horas, contratado cuantiosas consultorías e invertido mucho dinero y años en numeroso material para impulsar temas como ‘la ideología de género’, priorizando ése enfoque por encima de otras materias esenciales.

Por otro lado, se han preocupado por maquillar otros temas como los vinculados al terrorismo, para llamarlos ‘guerra interna’ o ‘barbarismo’. Una ‘pléyade de estrellas’ de la educación se ha enquistado por casi dos décadas en el Ministerio de Educación sin que tengan resultados que hablen de una mejora en la misma, esto solo por citar algunos ejemplos.

Hoy me voy a referir a un tema crucial el cual considero es el punto de partida y en el que se debe invertir y reorientar recursos: La enseñanza de los valores permanentes. No existe un buen proceso formativo si a los niños no se les enseña valores. Los valores son los principios que rigen una sociedad. Bondad, confianza, disciplina, empatía, esfuerzo, espiritualidad, fraternidad, gratitud, honestidad, humildad, integridad, justicia, lealtad, optimismo, paciencia, perdón, prudencia, puntualidad, resiliencia, respeto, responsabilidad, sacrificio, sinceridad, solidaridad, superación, tolerancia, verdad, voluntad.

Y la lista podría duplicarse. Se imaginan si a nuestros pequeños desde casa y desde los primeros años escolares, se les inculcase a vivir coherentemente con estos valores, ¿cómo sería nuestro país?

Si en las aulas, los profesores – lejos de paporretear los temas – pudiesen brindar clases asertivas sobre la importancia de ser personas íntegras y sólidas, ¿no sería ése el primer paso para combatir la corrupción por ejemplo?

La formación en valores es el primer paso para transformar la sociedad, para cambiar las décadas de retraso en educación. Así formaremos hombres y mujeres de bien, y ellos, a su vez, entenderán desde el primer día la importancia de ser personas con una buena educación y que el aprendizaje en su escuela es necesario para su realización personal.

Propongo que uno de los primeros valores sobre los que aprendamos y pongamos en práctica en este Bicentenario nuestro sea la reconciliación, tan necesaria en un país fragmentado e intolerante. Recordemos y pongamos en práctica la categórica frase de San Juan Pablo II en su visita a nuestro país en los ochenta: ‘Construyamos un país más justo, fraterno y reconciliado’

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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