Guillermo Ackermann Opinión

¡Oh! y ahora, ¿quién podrá defendernos?

“No nos preguntamos qué puede hacer nuestro país por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por nuestro país” John F. Kennedy

Hemos llegado al Bicentenario de nuestra Independencia, pero nos hemos preguntado ¿qué significa eso? ¿De qué nos independizamos o en qué nos convertimos después de ello? A mí deja muchas más preguntas que respuestas y creo que el análisis es muy largo y da para reflexiones de años.

Los seres humanos tendemos siempre a resaltar lo negativo. A buscar el error, a destacar aquello que opaque todo lo bueno que pueda haber alrededor. Y así hemos llegado a los doscientos años de nuestra tan mentada libertad. Pero nuestra realidad nos muestra que estamos más divididos que nunca. Fragmentados, enfrentados y desesperanzados. La mitad del país pareciera que quiere un cambio radical, y la otra mitad está aterrada que destruyan lo avanzado. No vemos una luz al final del túnel. Todo indicaría que no hay nada que celebrar, sino todo por construir.

Y es ahí quiero llegar con esa frase de JFK. Siempre pensamos que el país, llámese gobierno o líderes tienen que resolver los problemas, pero pocas veces nos preguntamos y ¿nosotros qué? O más directo, ¿y yo qué?. ¿Qué me toca a mí en medio de esta coyuntura?, ¿Qué rol debo cumplir?, ¿Soy protagonista de esta historia?, ¿Puedo yo cambiar en algo lo que está sucediendo?.

Estas preguntas me traen a la memoria una anécdota de vida que me sucedió hace poco más de 30 años. Era enero de 1989 y el Perú se debatía en una de las crisis más extremas de su historia. El terrorismo azotaba el país entero, destrucción, pobreza, hambre y desasosiego. Y llegó al Perú una mujer que años antes había sido reconocida con el Premio Nobel de la Paz, por su labor humanitaria y que recorría el mundo proclamando un mensaje de amor y esperanza.

Teresa de Calcuta escasamente llegaba al metro y medio, pero su grandeza interior la convertía en una gigante. Su labor social la desarrollaba en uno de los países más pobres y olvidados. Estuvo 4 días recorriendo distintos lugares de la capital brindándonos un mensaje de pacificación y su mensaje se centraba en el amor. ´Hay que amar hasta que duela´, hasta que sintamos que hemos dado más de lo que podamos, de lo que nuestras fuerzas nos manden.

Tuve la bendición de compartir a su lado todos estos días, y de incluso llegar a una cotidianeidad en los diálogos, que estaban siempre revestidos de una sencillez y simpleza, sin acartonamientos. Con un inglés masticado de ambos lados, pero bastaban las sonrisas y miradas.

El último día me llamó y me preguntó: “¿tú quieres cambiar el mundo verdad?”, ‘Sí Madre’, respondí raudamente. “¿Me dejas darte un consejo?”, imagínense, “Haz una obra buena al día”, “que dependa de ti, que no necesites de nada, ni de nadie, para hacerla, que pueda tener un impacto real en otra persona…” el diálogo prosiguió y yo la escuchaba perplejo, “y que en la noche puedas repasar cuál fue tu buena acción”, luego de multiplicaciones hechas en medio del nerviosismo sentenció: “si así lo haces en 50 años habrás hecho más de 15,000 obras… ¡¡¡ya cambiaste el mundo!!!”

Esta lección de vida, más allá de lo estremecedora como experiencia, tiene mucho que ver con lo que nos está pasando hoy.

Y por eso junto en un mismo saco la pregunta que siempre antecedía a la aparición del Chapulín Colorado… y ahora ¿quién podrá defenderme?… porque siempre buscamos que venga alguien a resolverme los problemas, la solución queremos venga de un tercero, de esa manera, además, tendremos a quien culpar si es que el tema no se resuelve.

Pero existe una gran  similitud entre la frase del presidente americano Kennedy y la de la Santa Madre Teresa. La solución, más bien, puede estar en cada uno de nosotros.

¿Qué puedo hacer para no ser parte del problema, sino parte de la solución?. ¿Cómo aporto a mi país, a mi ciudad, a mi distrito, barrio, familia?. ¿Es posible esto?. ¿Es una utopía, algo irrealizable?.

Y por eso cobra relevancia el consejo de la gigante de Calcuta. Una buena obra al día, que no dependa de nadie más que de ti. Y está en la sencillez de una acción cotidiana.

  • Una llamada a un ser querido que te cuesta mucho porque escucharás sus canseras, pero que le dará una alegría.
  • Una palabra de aliento al que trabaja al costado tuyo, que lo ves medio caído, en vez de entrar al baño y refunfuñar: fulanito siempre está con cara de palo.
  • Una sonrisa o algún gesto para el que se te acerca por la ventana del carro y no quieres ni abrirle ni una rendija porque sientes te contagiará del COVID o que te puede robar algo.
  • Tomar conciencia de no botar una envoltura de tus galletas o chocolate en la calle y guardártela hasta encontrar un tacho para arrojarla. La ciudad estará limpia y le alivias la carga al barrendero.
  • Escuchar 5 minutos a tu hijo, hija, esposa o esposa al llegar a tu casa, aunque estés cansado, prestándole atención y participando de lo importante que te quiere contar.
  • No darle una ‘propina’ a una autoridad cuando te detenga y no tengas tus papeles en regla. Sí, te costará una multaza, quizá excesiva, pero evitas que esa micro corrupción se extienda, y eso es mucho mejor. Te haces un bien a ti y a él.

Pueden sonar cosas muy triviales, cotidianas, pero si es que las hacemos como una dinámica permanente comienzan a transformar tu vida y tu entorno. Y lo mejor viene después, cuando tengas que tomar las grandes decisiones, aquellas en las que ya intervienen otros factores, y que van a tener un impacto más masivo, entonces tendremos los criterios de optar por el bien mayor.

Propongo entonces en estos momentos tan cruciales hacer propias estas sabias palabras, Una obra buena al Día, hoy por hoy , puede ser la salida para calmar nuestra intranquilidad y desesperanza.

Termino con otra frase del John F. Kennedy, “nuestros problemas son ocasionados por el hombre, por tanto deben ser resueltos por el hombre”

Que nuestro Bicentenario empiece hoy. Que no sea un punto de llegada, sino de partida. ¡Arriba Perú!

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

1 comment on “¡Oh! y ahora, ¿quién podrá defendernos?

  1. martin belaunde moreyra

    Maravilloso recuerdo de una mujer de Dios

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