¿Qué edad tenía el controvertido premier Guido Bellido cuando murió Edith Lagos? Había cumplido solo tres años en 1982 cuando esta sanguinaria terrorista, miembro de Sendero Luminoso, murió a manos de la policía. Eso quiere decir que apenas contaba con trece años de edad cuando el líder de la gavilla subversiva Sendero Luminoso (SL) fue capturado en 1992 por el GEIN. ¿Qué podría saber realmente Guido Bellido de Edith Lagos? Solamente lo que le contaron. ¿Y qué formación tenía Edith Lagos cuando se integró a las filas de SL? Muy poca. Abandonó pronto sus estudios de Derecho en Lima para volver a Ayacucho e incorporarse a la lucha armada. A esa edad, los jóvenes apenas han iniciado su camino formativo y este tristemente célebre personaje no lo había completado.  Es fácil, si la mente es fresca y virginal, ser presa de un lavado de cerebro de folletín para creer y ver el mundo de una manera sesgada y ortodoxa. Edith Lagos ni siquiera había alcanzado la madurez y, mucho menos, la intelectual, para comprender la doctrina por la cual combatía.  No es el caso de Abimael Guzmán, quien cursó Derecho y  Filosofía. Se  doctoró con una tesis sobre Kant, un hito del pensamiento muy anterior a Marx. Aquel desarrolló un modelo idealista crítico-trascendental contrario al que inspiraría al autor de Das Kapital.

Todos los que vivimos (y padecimos) la década de 1980 y la de 1990 sabemos qué fue y  significó en realidad SL. Su creador profesaba el marxismo-leninismo, al que después añadió un crudo aderezo de maoísmo. Conoció muy bien al pensador José Carlos Mariátegui y sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Ahí, Mariátegui afirma, metafóricamente, que el “marxismo-leninismo será el sendero luminoso que conducirá los destinos de la patria”. De ahí el nombre, que el “Presidente Gonzalo” adoptaría retorcidamente y a su gusto. Si Vladimir Cerrón, Secretario General de Perú Libre, se autoproclama y proclama a su partido como un cóctel lítico marxista-leninista-mariateguista, no es difícil entender que su acólito Bellido profese simpatías por integrantes muertos de la agrupación de Abimael Guzmán. 

He ahí el dilema. Sendero Luminoso es responsable de más de 70,000 muertes de peruanos y peruanas. En esta lucha sangrienta cayeron inocentes, en particular campesinos que no deseaban adherirse a la “revolución” y quedaron entre dos frentes. Por ello, es muy grave que el Presidente del Consejo de Ministros haya efectuado, en algún instante, apologías a propósito de esta organización. Y sobre todo de Edith Lagos, una de las primeras abatidas al estallar la guerra. El presidente Castillo, quien no deslinda de Vladimir Cerrón -inhabilitado para desempeñar cargos públicos por sentencias de corrupción cuando fue gobernador de Junín-, sigue con mansedumbre  los consejos del Secretario General del partido. Es una provocación nombrar al homofóbico y machista Bellido jefe de su gabinete. ¿Está buscando la censura? Evidentemente, sí. Al designar otro gabinete, también controversial con seguridad, se le negaría la confianza por segunda vez y cerraría el parlamento. Sus intenciones son clarísimas y traicioneras. La mayoría del pueblo peruano no votó por Cerrón, sino por Castillo; creyeron en su “palabra de maestro” y el Profe salió con un cuento chino.

Si el contrincante de Castillo hubiese sido otro, es probable que no habría llegado a la presidencia. Pero al tratarse de la señora Fujimori, el anti-voto que ella acumula hace tiempo se activó. Tampoco Castillo ganó por una diferencia significativa; esto dejó al país sumido en una de sus más dramáticas polarizaciones.  ¿Qué hará el Congreso? Pues no le queda otra cosa que hilar fino, como quien juega una partida de ajedrez, y no gastar  municiones ante un eventual cierre. Son varios los caminos. En este clima enrarecido por el mandatario, el Congreso es el único Poder del Estado capaz de asumir semejante encrucijada.  No pidamos peras al olmo: el Profesor no irá, jubiloso, al centro. Y no lo hará por su falta de carácter, liderazgo y tendencia a decir “sí, señor” a gente con prontuario policial.

Ya varios representantes de la bancada de gobierno se alejan, cual palomas del vergel. Por lo pronto, el dólar ha subido, el riesgo país ha aumentado y se intuyen huelgas mineras.  Imponer una doctrina trasnochada, cuyos fracasos en el mundo son harto conocidos, no es construir un país sano y una sociedad abierta. Un gobierno de ultra derecha, como uno de ultra izquierda, no haría más que “agudizar las contradicciones”. Según Aristóteles, la virtud está en el “justo medio” adecuado a las circunstancias. Y a ese “justo medio” debemos apuntar. Desafortunadamente, no tenemos en el gobierno actual “cerebros” con capacidad para darse cuenta de ello. Salvo excepciones de la talla de Aníbal Torres y Pedro Francke -aceptaron sendos ministerios bajo condiciones impuestas por ellos mismos-, el resto parece una cohorte al servicio de Cerrón. El Perú no se merece un Bicentenario así de tétrico. Tampoco veamos fantasmas donde no los hay, pues la juramentación en Ayacucho fue un acto simbólico y obedece a que en la Pampa de la Quinua se llevó a cabo la gloriosa Batalla del 9 de diciembre de 1824. Ella  consolidó la Independencia de América.

A los peruanos no nos queda más que permanecer vigilantes y defender la democracia, orientada al Bien Común y a la defensa de los derechos fundamentales.  La población necesita empleo, alimento, educación y vacunas, en medio de la amenaza de una tercera ola de Covid-19 y la peor crisis sanitaria de nuestra historia. No estamos para experimentos, ni para recibir un “jaque mate” antes de empezar la partida.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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