Luis Otoya Trelles Opinión

Un castillo de naipes

Hace solo una semana asumió Pedro Castillo el mandato de un gobierno, construido con un mazo de naipes marcados, manejado por dos inexpertos dealers, pero con un poder que jamás imaginaron tener. Ahora son ellos quienes barajan y reparten las cartas para iniciar una partida en medio de la incertidumbre que vivimos, en la que está en juego el futuro de nuestro país que atraviesa su peor crisis política.

En este corto tiempo, hemos visto tanta improvisación y desenfado en la designación del gabinete ministerial y en el reparto de importantes posiciones en la administración pública, que no nos ha quedado la más mínima duda que su gobierno no cuenta con profesionales calificados y en número suficiente para poder gobernar.

Perú Libre ha llegado al poder por la decisión de una parte importante de peruanos que, con su voto, apoyando una opción radical, han manifestado su protesta y voluntad para que se realicen cambios importantes en la forma que, hasta ahora, se ha gobernado nuestro país.

Hay un rechazo a la clase política en su conjunto porque los peruanos olvidados se sienten engañados por los que cada cinco años llegan para pedirles su voto con promesas que, luego de ser elegidos, nunca cumplen. Tantas veces los han “vacunado” que ya les dejó de importar quién gobierne. Ya no les creen.

Las propuestas del candidato han sido tan atractivas que debe haber sido muy difícil negarse a darle su voto. Ha ofrecido viviendas ajenas sin necesidad de pago, tierras para cultivar sin tener la propiedad, ser dueños de empresas en las que trabajan, promesas que el “presidente designado”, por los organismos electorales, no va a poder cumplir si mantiene su compromiso público de respetar los derechos que establece la Constitución vigente. Todos sabemos que cambiar la Constitución es su prioridad, tanto que hasta ha jurado que lo va a cumplir, sin tomar en cuenta si la mayoría de los que votaron o no por su propuesta, estaríamos a favor del cambio.

El designado gobernante ha comenzado a ejecutar con convicción su plan, empoderado por el apoyo de los presidentes de los países de la región que son socios del Foro de São Paulo, la transnacional más grande de la corrupción.

Es fácil imaginar que los resultados catastróficos sufridos en los países que han aplicado sus fracasadas políticas, van a ser ampliamente superados por el equipo que gobierna el Perú que lo ejecutará sin escrúpulos, con poca paciencia y mucho odio.

El comunismo ha entrado como una brisa bolivariana que fortalecido se puede convertir rápidamente en un huracán decidido a arrasar con nuestros derechos para perpetuarse en el poder.

La estrategia de cómo enfrentar y en qué campo librar esta batalla entre el ejecutivo y el legislativo debe considerar, en todas sus opciones, el rol que le toca cumplir a la justicia de nuestro país. En la coyuntura actual la ley se interpreta y aplica de forma caprichosa y descarada. No podemos esperar imparcialidad y respeto a la Constitución mientras no se reemplacen de inmediato a los miembros del Tribunal Constitucional (TC) con mandato vencido. Como es previsible, la composición del nuevo TC tendría representantes de todas las fuerzas políticas presentes en el Congreso. Así disminuiríamos el riesgo que se validen futuros actos inconstitucionales.

Está claro que no podemos confiar, ni tener consideraciones con un gobierno que tiene dos perversas cabezas llenas de odio. El futuro de nuestro país está en riesgo, lo tenemos que defender día por día. Necesitamos actuar con cabeza fría, firmeza, astucia e inteligencia. Siempre de la mano con la Constitución y respetando la ley hasta los límites que esta nos permita.

¿Se debe dar gobernabilidad a este díscolo gobierno? ¿Cómo darle confianza a un gabinete con ministros vinculados a la subversión? ¿Merece el beneficio de la duda un gobernante que ha definido sin tapujos el sendero por el que va a caminar y con quienes lo va a recorrer?

Darle la confianza a tan vergonzoso gabinete sería una hipocresía política. Al hacerlo otorgaría legitimidad y tiempo a quienes han dado señales de no merecerlo. El escenario es crítico. Cerrón no ha mentido, ha sido clarísimo. Pretende que el Congreso le niegue la confianza a “sus” dos próximos mediocres gabinetes para cerrarlo constitucionalmente.

Los demócratas presentes en el Congreso, no pueden permitirlo, deben unirse para defender la Democracia y la Constitución.  Primero para negar la confianza al gabinete. Si después de esto, la vacancia es una opción dentro de la legalidad, no deberían dudar y hacerlo antes que la prepotencia, el odio y rencor, le ganen por puesta de mano.

No podemos jugar nuestras últimas cartas poniendo en riesgo el futuro de nuestro país. ¿Debemos permitir que ahuyenten la inversión, dilapiden nuestras reservas, emigren nuestros mejores talentos? ¿Vale la pena asumir el riesgo?  ¡NO, una y mil veces NO!

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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