Guillermo Ackermann Opinión

¡Qué bonito juega Perú!

Si completara la coloquial frase del titular, lamentablemente la tendría que terminar: ‘¡Qué bonito juega Perú…que pierde 4-0!’. Expresión que, por supuesto, quisiéramos desterrar, pero que refleja nuestra realidad en términos deportivos. Y es que esa es la sensación que me ha dejado, en este 2021, la participación de la delegación peruana en los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Viendo la última prueba de las olimpiadas, la tradicional Maratón por las calles de Sapporo en Tokio, escuchaba cómo, muy entusiasmados, los nóveles comentaristas televisivos anunciaban la llegada de nuestro maratonista, que es el vigente campeón panamericano. Y la verdad es que no entendía la cantidad de elogios que emitían al celebrar la posición 60, que estaba lejos de su marca personal, muy por detrás de muchos atletas panamericanos y más bien cerca al último lote de maratonistas. Y lo que más destacaban era que, un deportista de élite como él, hubiera finalizado la competencia.

Christian Pacheco es un héroe, no me atrevería a criticar ni su performance, ni su entrega y capacidad, eso está fuera de discusión. Ser campeón panamericano es algo que millones de peruanos no podríamos alcanzar, sino fuese por un esfuerzo sobrehumano en condiciones completamente desfavorables.

Pero ahí es donde me voy a enfocar, en la falta de una política de Estado que impulse el deporte.

Hace dos años el Perú fue sede de los mejores Juegos Panamericanos de la historia, según los calificó el propio presidente de la ODEPA. Una organización impecable a cargo de Carlos Neuhaus, con un equipo sobresaliente que en prácticamente dos años lograron revertir el retraso negligente del Estado peruano.

Pero esa gran inversión, la imponente infraestructura y la gestión de nivel internacional termina siendo inversamente proporcional al desarrollo de los deportes en el Perú.

Para ser un deportista de alta competencia, lo primero que tienes que saber es que deberás ‘bailar con tu propio pañuelo’. Son los padres, la familia, los amigos, o uno mismo los que tendrán que agenciarse cualquier recurso para poder empezar y mantener su preparación. También es cierto que hay clubes privados, como el Regatas Lima que apuesta por el deporte como política institucional.

En general, la clase dirigencial es prácticamente inexistente, la incapacidad y malos manejos son el pan de cada día y encima, en muchos casos: corrupción, de la rastrera, de la que toma las 4 monedas que puedan haber en la caja.

Pero todo eso parte de una inexistente política de Estado. Tiene que regresar la obligatoriedad de la Educación Física al currículo escolar. No puede seguir siendo optativa. Pondré algunos ejemplos.

El Perú estuvo por 20 años en la élite del vóleibol mundial. Muchas participaciones olímpicas con medalla de plata incluida, subcampeonatos mundiales, campeonatos sudamericanos y numerosos títulos en torneos internacionales. El talento para este querido deporte existe y salvo un esfuerzo importante de un canal de televisión en la última década, que lamentablemente terminó, el Estado no ha hecho nada por apoyar al vóley que nos ha dado los mejores lauros colectivos en la historia.

En los sesentas, la selección de basquetbol del Perú asistió, por tercera y última vez, a una Olimpiada. Ricardo Duarte fue el mayor encestador de los juegos, anotando 44 puntos en un solo encuentro, récord que solo fue superado 32 años después. Años después, en el 77, la selección femenina se coronaba campeona sudamericana en el Coliseo Amauta de Lima, en un vibrante partido contra el equipo brasilero.

En cada colegio hay una cancha y aros de básquet, regularmente sin net, pero la realidad es que Perú, desde hace más de una década, para siendo desafiliado de la FIBA. Es cierto que no hay biotipo para este deporte, pero nuevamente cero apoyo del Estado.

También en esas décadas el atletismo nos puso en la alta competencia. Los Deza, Acevedo, Abugattas, Bolívar, Noeding, entre otros, fueron otros de los grandes titanes del deporte base, por supuesto, sin apoyo.

El tiro nos ha dado medallas olímpicas, la única de oro y dos de plata. Edwin Vásquez, Francisco Boza y Juan Giha son unas leyendas. Sin embargo, el mejor prospecto peruano de los últimos tiempos, medallista en los Juegos Panamericanos, a poco de viajar a Tokio emitió una desgarradora frase: “Me siento traicionado por mi patria”. Así de crudo. Ni siquiera tenía donde entrenar una de las pocas cartas medalleras de nuestro país.

Qué duda cabe que el surf es el nuevo deporte individual-colectivo que viene sacando cara por el Perú y dándonos numerosos triunfos. Tenemos un mar prodigioso a lo largo de todo el litoral nacional, hemos ganado campeonatos mundiales y reconocimientos internacionales, pero a la hora de pedir respaldo del Estado, los deportistas tienen que mendigar apoyo.

Y así podríamos seguir con la lista donde se contrasta el talento, el esfuerzo personal, la entrega comprometida con el país, con un Estado indolente que no hace el más mínimo esfuerzo por fortalecer el deporte.

Veíamos como el vacado presidente anterior corría tras las cámaras para colocar las medallas en el pecho a los deportistas en los Juegos Panamericanos, pero poco le importó el tema de fondo que era la manera de encontrar cómo darles soporte a esos mismos deportistas.

En anteriores oportunidades he resaltado las bondades del deporte en la sociedad como motor de cambio social, pero sin apoyo ‘no pasa nada’, como diría el recordado Humberto Martínez Morosini.

Si no regresa la Educación Física a las edades tempranas, si no se invierte en la capacitación de los formadores y profesores, si no se mejora la infraestructura e implementación deportiva, no podremos potenciar a los futuros deportistas.

Hace pocos años en la Federación Peruana de Fútbol se implementó el más ambicioso Plan de Menores a nivel nacional con inversión privada, por supuesto. Lamentablemente la FPF volvió a caer en manos de los incompetentes y corruptos de siempre y ya desmantelaron todo lo avanzado.

Ojalá que pronto aparezca una nueva clase dirigencial que entienda que hay que manejar el deporte con integridad, planificación y disciplina; y por supuesto, que desde el Estado por fin entendamos que el deporte nos puede ayudar a mejorar el país.

Así los Pachecos, Tudelas, Mulanovich, Tejeda, Grande, Macías, Caro y muchos más tendrán muchas mejores oportunidades de representar a nuestro país y dejar su nombre por todo lo alto.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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