Guillermo Ackermann Opinión

“A cocachos aprendí…”

“A cocachos aprendí mi labor de colegial en la escuela fiscal del barrio donde nací”. Esta décima escrita por el gran Nicomedes Santa Cruz a mediados de los años 50 del siglo pasado, hace un recorrido por muchas de las mañas que un sabido escolar comete durante su etapa estudiantil y, por supuesto, nos arranca muchas sonrisas y nos sentimos identificados con algunas o casi todas de ellas, pero después de la hilaridad y de sonreír con la ‘criollada’ viene la reflexión final:

Y hoy, parado en una esquina,
lloro el tiempo que perdí,
los otros niños de allí,
alcanzaron nombre egregio.
Yo no aproveché el colegio
del barrio donde nací…

Y es que, sin que uno piense que todo debe ser perfecto, debemos entender que no se puede desaprovechar el tiempo ni las oportunidades que se van presentando en la vida, porque cada tiempo tiene su afán y sus propias exigencias y, si no las aprovechamos, puede que no se vuelvan a presentar. Esa es la encrucijada que vive hoy nuestro país, porque pareciera que no hemos aprendido nada y que estamos destinados a cometer los mismos errores del pasado.

Parece increíble estar escuchando propuestas trasnochadas como la nueva reforma agraria, el renacer del estado – empresa, las expropiaciones de diferente índole, nueva asamblea constituyente y, por supuesto, de paso, edulcorando y pasando por agua tibia la demencial violencia terrorista de la que nuestro país fue víctima entre los ochenta y noventa.

Como si fuésemos ignorantes, un grupo de ‘nuevos líderes’ están trayendo estas novedosas propuestas que no solo fracasaron rotundamente en nuestro país retrasándonos 50 años y generando una pobreza descomunal, sino que, en el mundo entero, solamente trajeron hambre y destrucción.

Pero no aprendemos la lección y después de un último quinquenio en el que se consumó un nuevo descalabro político, económico y social, este nuevo periodo se avizora como la mayor catástrofe en nuestra reciente historia, sin que ningún mecanismo democrático, pareciera, lo pueda detener.

La polarización y la desunión le pasan la factura a nuestro país, y estamos viviendo una etapa de zozobra que empezó en la campaña electoral, en medio de una devastadora pandemia que se ha llevado a 200,000 peruanos.

¿Hasta cuándo? Es la pregunta que nos hacemos. ¿Cuándo será el día en que los pillos, aquellos ladronzuelos de poca monta, si delinquen vayan presos y cumplan sus condenas como corresponde? Y, por otro lado, ¿cuándo los que maliciosamente hacen apología del criminal terrorismo, recibirán un castigo y condena efectiva? Pero pareciera que esas reglas no se aplican en el Perú, por el contrario, lejos de ser sancionados, se les premia con cargos públicos. ¡Tanto nos cuesta aprender!

Abramos los ojos y no permitamos que este atropello se termine de perpetrar. Seamos unos auténticos patriotas y no nos dejemos robar nuestro país. Defendamos nuestra milenaria nación con alma, corazón y vida.

Pero seamos muy conscientes también de las grandes desigualdades que existen, de los justos reclamos por mejores condiciones equitativas, de la necesidad de generar oportunidades para todos, de la inversión en educación y salud, de la mayor generación de puestos de trabajo y de la formalización, de la tan necesaria inclusión a distintos niveles. Esa es la batalla que nos debería congregar a todos y ahí debiera estar nuestro enfoque.

Dios quiera que en los próximos días tengamos mayor claridad en como re enrumbar nuestro futuro para seguir haciendo crecer a nuestro querido país.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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