Opinión Rafael Antonio Aita Campodónico

Destruyendo la democracia

Una representación política crónicamente fragmentada ha generado diferencias entre el  poder ejecutivo,  legislativo y entre los ciudadanos.

La democracia es la representación del pueblo en acciones gubernamentales por medio de la votación o sufragio para ejercer un tipo de control sobre el poder del Estado. La democracia debe ser  justa y conveniente para vivir en armonía, para  ello se debe generar consensos  para impulsar su trayectoria y desarrollo.

La delincuencia y la corrupción son los principales problemas que afectan a nuestro país, por ello la  práctica de la democracia es fundamental  para entender nuestros deberes y derechos buscando la igualdad, soberanía y poder que resida en el pueblo bajo los aspectos constitucionales.

La democracia como forma de vida es vital para considerar sobre todo el respeto a los derechos humanos y poner en práctica los valores como son la libertad, justicia, solidaridad e igualdad, cánones de un derecho constitucional inalienable para la supremacía del respeto a la persona humana que es el fin de la sociedad.

Por ello debe considerarse como modelo cultural para dialogar, tomar acuerdos y resolver los problemas comunes con  pluralidad para entender la importancia de la convivencia entre vecinos,  la escuela y  la comunidad bajo el único principio de equidad e inclusión social.

En lugar de alentar toda esta necesidad de convivencia, se destruye aplicando modelos antidemocráticos, dictatoriales y  gobiernos autoritarios con el fin de confundir a una sociedad  abandonada por autoridades corruptas que no se sancionaron  con el peso de la ley y la seguridad jurídica tan dominada por la corrupción.

Por lo tanto necesitamos fortalecerla generando buenas prácticas, confianza en el acceso a la información pública, rendición de cuentas, mejorando los mecanismos institucionales para considerarnos gobiernos éticos  responsables.

Al final nuestro deseo es que todo ciudadano en un sistema democrático exprese su opinión y sea escuchado con respeto a  la edad, sexo, color de piel, religión y todo lo que signifique una mejor convivencia.

Señores del gobierno estos quince días de acción se han convertida en la peor reacción  vivida por el pueblo peruano y está en su actuar recuperar la confianza  corrigiendo las barbaridades políticas, sociales y económicas que están cambiado la vida de un Perú  con problemas difíciles pero solucionables. Evitemos en el corto plazo tener un país inviable  sin Libertad, Justicia ni Paz social.

Si actúan con la verdad se recuperará la confianza que es el valor de la Construcción y no de la Destrucción de la Democracia.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte.Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque. Presentación de 342 iniciativas legislativas, aprobándose 186 leyes.

2 comments on “Destruyendo la democracia

  1. José Práxedes León Linares

    No es una característica, propia de este gobierno, la mayor parte de los gobiernos que ha tenido el país, en su vida republicana, hicieron las cosas a su manera y nadie le objetó nada; claro, hay declaraciones que no caben en un ministro de Relaciones Exteriores, que no podía pasar, por otro lado, hay entrevistas a Cerrón que no debían darse por no ser él, el elegido y en función, presidente de la República, son entrevistas tramposas que no deben darse a alguien que no tiene ningún cargo de gobierno.
    La democracia, es sólo una palabra, cuyo concepto, no se cumple, por intervención de los grupos de poder, no dejando que sea el pueblo quien haga lo que realmente, debe hacerse para buscar soluciones al verdadero diagnóstico situacional del país.

  2. Dirigir acciones contundentes tanto del gobierno desde sus instituciones en favor del pueblo y para el pueblo es evidentemente el cumplimiento de los fines de la democracia que debe estar comprometida hacia el bien común.

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