Luis Otoya Trelles

Maldito odio

Han pasado casi treinta días desde que Pedro Castillo asumió la presidencia. Hasta ahora, su único gran logro es tenernos enfrentados en una dañina lucha de clases. Esto trae consigo la confrontación de posiciones y la exacerbación del odio entre peruanos.

Debemos reconocer que el odio ha sido uno de los grandes aliados de Perú Libre para lograr ganar las elecciones y tratar de imponernos su perverso ideario.

El odio ha elegido a nuestros cuatro últimos gobernantes. En este proceso electoral, al igual que en los dos anteriores, el voto “anti” ha impedido que el fujimorismo vuelva a gobernar. No les ha interesado a quién se elegía. Lo importante, para ese variopinto grupo que vota motivado por el odio, ha sido que Keiko no ganara las elecciones. 

Es difícil entender y encontrar una explicación racional de cómo Keiko Fujimori y Fuerza Popular, han logrado acumular en parte del electorado un sentimiento tan negativo que le ha impedido ganar la presidencia en las tres oportunidades que disputó la segunda vuelta.

Quizá una de las principales razones es llevar el apellido Fujimori. Su padre, en mi opinión y la de cientos de miles de peruanos, ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido el Perú. Rescató la economía de un país en quiebra, manejó y acabó con la hiperinflación, logró la paz con Ecuador y enfrentó con éxito la subversión, encarcelando a sus líderes. Lamentablemente la forma en que terminó su último gobierno parece haber borrado de la memoria de los peruanos sus importantes logros, sólo recuerdan los actos que empañaron su buena gestión. Las sentencias judiciales que ha recibido el presidente Fujimori, por las que está privado de su libertad desde hace catorce años, no tienen nada que ver con delitos de lesa humanidad. Veinte años después, la sola mención del apellido Fujimori despierta pasiones y odios. Especialmente en los grupos que simpatizan con el terror que por su rencor y sed de venganza nunca lo olvidaran.    

Lo que no podemos dejar de analizar es ¿por qué las nuevas generaciones de peruanos odian tanto a los Fujimori? Comencemos tomando en cuenta que muchos de los que han votado en los tres últimos procesos electorales aún no habían nacido o eran muy niños en los años que vivimos terror, zozobra y privaciones en el Perú.

Un factor que ha podido contribuir en germinar este negativo sentimiento, en nuestros niños y jóvenes, es haber sido educados en sus escuelas y universidades con una realidad distorsionada sobre lo que realmente pasó en los años de la subversión y la magnitud de sus crímenes. La verdad ha sido ocultada, minimizada y cambiada en los libros de historia, los que parecen haber sido escritos por educadores que simpatizan con ideologías radicales de izquierda.

Es increíble ver a estudiantes declarar que no saben de Abimael Guzmán, Sendero Luminoso o el MRTA. Otros, que sí “saben”, consideran al líder terrorista un preso político que debería ser liberado. Por ello tampoco sorprende conocer que algunos odian más a los Fujimori que a Abimael Guzmán.

Desde ayer se ha comenzado a ejecutar un plan que podría llevar a Alberto Fujimori y a los principales líderes terroristas a diversos centros de reclusión de “máxima seguridad” para reos comunes. Hacerlo con el presidente Fujimori sería exponerlo a una muerte anunciada por su debilitada salud y el riesgo de convivir con terroristas que él puso entre rejas. Esta concesión sólo beneficiaría a los grupos subversivos que pasarían a cárceles que rápidamente convertirían en centros de formación y adoctrinamiento de nuevos líderes terroristas.

No nos debería extrañar que este sea el primer paso para que Abimael Guzmán sea indultado por alguna de las “gracias” presidenciales para cumplir otro de sus compromisos de campaña.

Keiko Fujimori, también ha sido afectada, en su carrera política y en su vida personal, por el odio y temor de sus adversarios y la complicidad de parte importante de la prensa que unidos han tratado de destruir su imagen y la de su partido. Ya ha sido privada de su libertad tres veces y corre ahora el riesgo de volver a prisión por la “mala leche” de los órganos de justicia en nuestro país.

El odio y el abuso se podrían fortalecer si el poder caviar también logra formar parte de este gobierno, poniendo a su disposición el control que tienen ellos en los órganos que investigan, acusan, juzgan, persiguen, atrapan, encarcelan y custodian.

Lamentablemente ni recurriendo al Tribunal Constitucional se ha podido lograr el respeto a sus derechos. Esto no va a cambiar hasta que se reemplacen a sus miembros con mandato vencido. El abuso, hasta nuevo aviso, tiene mayoría en el TC.

Por ahora el odio le gana a la razón, la prepotencia a la tolerancia, la confrontación a la conciliación, el abuso a la justicia. ¿Qué sigue? ¿Lo vamos a permitir?

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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