Hemos asistido a un cambio en el gabinete ministerial. Héctor Béjar tuvo que presentar su renuncia irrevocable a raíz de sus declaraciones sobre la génesis de Sendero Luminoso, involucrando en ello a la Marina de Guerra del Perú.  No sabemos cuáles hubiesen sido las acciones que habría tomado Béjar en la Cancillería. Con sensatez, lo reemplaza Óscar Maúrtua, diplomático de carrera y con amplia experiencia en el campo, pues ocupó el cargo durante el gobierno de Alejandro Toledo.  Esta decisión es muy importante; da la impresión de que el presidente Castillo pretende ser más autónomo de Perú Libre, asunto que al parecer no le cae en gracia a los dirigentes. Sus pataletas y berrinches así lo demuestran Sabemos que el marxismo-leninismo -aplicado en los países que lo practicaron y lo practican- invoca, cual letanía,  un gobierno de partido y no el de la persona elegida. El Presidente de la República solo representa a quien lo llevó al cargo. ¿Y los demás? Bajo esta óptica, estaría gobernando PL; no, Pedro Castillo. Es harto difícil digerir tal figura, porque, como  sabemos, el Profesor ganó el balotaje por una minoría: sus electores no votaron, en su mayor parte, por una propuesta de extremos, sino porque era el opositor de la Fujimori.

En este sentido, no cabe hablar de traición al pueblo; durante la campaña electoral, Pedro Castillo se encargó de proclamar a los cuatro vientos que su gobierno no sería comunista ni castrista ni chavista. Y ese es el mensaje que captó la antena de la ciudadanía.  Por otra parte, existe un Congreso de dura oposición con el que le resultará complejo -casi imposible- gobernar.  Recuérdese: solo el 19% de peruanos votó por el ideario de Perú Libre, y ese es,  en la actualidad, su más genuino electorado.

Desplazarse al medio y convertir al Ejecutivo en un cuadro técnico centro-progresista no resulta descabellado. Los puestos claves en los ministerios y otros despachos de la administración pública deben ser ocupados por quienes cumplan con la experticia para dirigir estas instituciones.  En el gabinete Bellido, pocos son los ministros idóneos.  Es esencial recurrir a ciudadanos y ciudadanas que, sin ser necesariamente miembros de PL, cuenten con la suficiente preparación y conocimiento de causa.

¿Estará en verdad Castillo lanzando señales de humo blanco? Una izquierda a rajatabla, irracional y biliosa, solo acarrearía hambre y miseria, ya que el Estado peruano no es solvente para  asumir el rol de empresario en los servicios que a duras penas brinda.  Urge la tarea de convocar a un gabinete heterogéneo y, por qué no, a cuadros de otras agrupaciones políticas. Eso lo supo muy bien Ollanta Humala; al parecer, de ello también se ha percatado un astuto Castillo.  Este último militó por años y sin fortuna en las filas de Perú Posible, de raíz centrista. A pesar de la conducta errática y frívola del expresidente Toledo, puso en marcha una serie de programas sociales. Lo mismo sucedió con Ollanta Humala quien, en su afán de asumir el poder y despercudir al país del fujimorismo, suscribió la famosa hoja de ruta. Ello no le impidió efectuar reformas de gran impacto en el pueblo llano.

El Congreso no puede correr el riesgo de que lo cierren. Tras una negativa del voto de confianza a Bellido, solo quedaría un cartucho, y de quemarlo en unos meses, el fin (o la anticipada vacancia de Castillo, que es casi más de lo mismo).  Es un escenario  que insta tanto al Ejecutivo como al Legislativo a caminar con pies de plomo, guste o no guste a los miembros de PL. La traición se producirá si el gobierno no cumple con lo prometido en campaña, al margen de si se instala o no una Asamblea Constituyente. El pueblo no votó por convertirnos en Cuba, Venezuela o Nicaragua, naciones que atraviesan serios problemas de viabilidad. Optó por un gobierno adecuado a sus circunstancias y eso es lo que reclama.

Que educación y la salud impliquen servicios vitales en la sociedad y, aún  más, en esta época de pandemia, no significa que el Estado deba asumirlas en su totalidad. Eso sí: debe intervenir en lo estratégico para mejorarlas, estableciendo convenios con el sector privado para que ambos derechos lleguen, con gran calidad, a todos los peruanos y peruanas.  Dios quiera que esto sea humo blanco en el Ejecutivo: necesitamos estabilidad y gobernabilidad. No le hace nada bien al Perú vacar presidentes en medio de crisis políticas, y lo que es peor, en medio de una catástrofe sanitaria global.  Si Castillo y su gabinete se inclinan  al centro, habrán conseguido el justo medio deseado. Veamos con buenos ojos que se ubique, en las carteras correspondientes, a las personas  capaces. Nuestro país está cansado de la improvisación y de “aprender en el camino”: quiere a gritos eficacia, honestidad y resultados.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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