Víctor Velásquez

¡Apure, Leiva!

El militarismo, según Daniel Masterson, está vinculado a las relaciones entre la sociedad peruana y sus fuerzas armadas. No es un hecho aislado; no es un hecho fortuito. A partir de la independencia, hace 200 años, en este fenómeno, actuaron, tres variables: la herencia colonial, las misiones extranjeras y el estamento político.
En cuanto a la herencia colonial, nos dice Margarita Guerra, esta se basa en “la imitación de la figura napoleónica cabe considerarla característica a los caudillos del continente tanto por la atracción que viene ejerciendo Francia desde el siglo XVIII en Europa y en el mundo, en general”.
En lo referente a las misiones militares extrajeras, los consejeros franceses inculcaron a sus colegas peruanos, la creencia que el Ejército debía tener una función en la construcción de una nación moderna. Esa fue la convicción que Velasco y sus revolucionarios acompañantes pondrían en práctica años más tarde en el Golpe de Estado de 1968.
En cuanto al tercero, está identificado con la gobernabilidad. En las guerras de consolidación de la Republica, que Carmen Mc Evoy, llama guerras civiles, dice que: “no fueron pura monarquía sino más bien una etapa de lucha, de política intensa y de búsqueda de crear el estado peruano. No estamos frente a simples caudillos militares ambiciosos y sin idea políticas, son frente a militares que buscaban construir una Patria”. Según Julio Pinto, Castilla su “prioridad absoluta fue siempre la restauración del orden, y el encausamiento del naciente estado peruano por las vías de un progreso providencialmente alimentado por la bonanza guanera”. En la era post castillista, la bonanza mal usada, malgastada, fue la causa mayor que nos llevó a la derrota y ruina en 1879. No por culpa de los conscriptos como dicen Palma y Velásquez. Y así, pasamos al Siglo XX, con el trabajado mancomunado de la reconstrucción nacional de Cáceres. Hubo conflictos fronterizos y aparición de la lucha política vía el aprismo de Haya y el comunismo de Mariátegui o el civilismo de Prado, y a la nueva aparición de caudillos militares. Unas veces, gestionados por la derecha como con Luis M. Sánchez Cerro, Oscar R. Benavides y Manuel A. Odria, y luego para remediar problemas estructurales en 1962, con Pérez Godoy, y unos años más tarde, con Velasco, en 1968, con tendencia de izquierda.
De estas experiencias históricas, hay algo que, al parecer, está casi definido en el Perú: Ya no habrá golpes de Estado para suplantar al poder político o económico para restructurar el país.
Pero, ¿Si existen las condiciones socioeconómicas y políticas, y se necesita restaurar la democracia, y con ello el orden y la ley?
Acá ensayo una respuesta. El golpe de Estado, sigue siendo un recurso clásico de la violencia política que desordena lo establecido o pone orden donde hay desorden. Si la anarquía que presagia es peor que la tiranía porque sustituye la arbitrariedad de uno por la de todos, y si la ausencia de cualquier Estado es peor que un Estado malo, sí se puede. Un golpe de Estado, resiste el golpe de masas y evita un proceso electoral viciado de fraude; un gobierno ilegitimo, no. Un golpe de Estado, no acaba con el sistema democrático imperante; el sistema económico o la organización social establecida, solo toma provisionalmente el control político. Un gobierno comunista, cambiará todo y pretenderá suplantarlo por otro sistema y otra organización social. En un país, donde la autoridad política es débil, cuando no se tiene un sistema fuerte de partidos o alianzas y un parlamento sólido, y donde el sistema judicial y electoral no es confiable, es factible que convenga un golpe de Estado antes que el Estado sea parte de la órbita del comunismo mundial. Un golpe de Estado mantendrá las normas jurídicas establecidas, un gobierno chavista, las eliminará. Un golpe de Estado protegerá las instituciones del Estado, el chavismo, los destruirá. Un golpe de Estado, tendrá como ideología, el patriotismo; un gobierno comunista, contendrá las vertientes marxistas, leninistas, mariateguistas y pensamiento Gonzalo.
En tiempos difíciles, como hoy, el Estado Justo debe vencer al Estado Empírico. Es la hora en que el redoble de campana anunciando la paz, debe suplantar al repiquetear de fusiles que enarbola la lucha. Cuando hay tanta literatura relacionada con la apología al terrorismo, que alienta la lucha de clases y una plebe armada, llama a los soldados seres sin patria, legitima la violencia al tratar de comparar al soldado con el terrorista; y quiere implantar a cualquier costo, ideológicas trasnochadas, es hora de defender al Perú.
Nota: El coronel Leiva, que tanto reclamaba Bolognesi, llegara a reforzar la guarnición de Arica, no llegó. Al no hacerlo, en lugar de alzarse al altar de la Gloria, paso a sepultarse al abismo negro de la misma.

Victor Velasquez Perez Salmon.  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.   

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