Miryam Patricia Falla Guirao Opinión

Sobre gamonales y provocadores

Cuando Pedro Castillo asumió la Presidencia de la República, dijo en su discurso muchas cosas; entre ellas, que el Perú está plagado de “Felipillos”. El rey Felipe VI de España, quien estaba presente en la ceremonia, entendió, a posteriori, que se referían a él. Los comentarios realizados en la Madre Patria sobre las palabras del nuevo mandatario peruano -en especial, vertidas por monárquicos y franquistas-, no fueron muy felices y estas llegaron a sus oídos como en el juego del “teléfono malogrado”.  Lo que no sabe el Rey de España y, mucho menos, sus “súbditos”, es que Felipillo fue un personaje histórico: el tristemente célebre traductor entre Atahualpa y Pizarro. Fue considerado un traidor a su etnia, porque se ubicó al lado de los conquistadores y aprendió a hablar  su lengua. Castillo se refería los “Felipillos” que fungen de traidores al pueblo y no al desinformado Borbón. Es bueno recordar…y contar con asesores competentes.

Más tarde, Guido Bellido se presentó en el Congreso buscando el voto de investidura; sabía muy bien que la mayoría de los congresistas no hablaba quechua y rompió los fuegos con un extendido saludo en aquella lengua. El gesto  fue, sin duda, políticamente calculado para generar reacciones de desaire en la oposición. La primera en pisar el palito fue la Presidenta del Legislativo; ella,  de modo cortante, le dijo que “por favor, no hablara en quechua porque la mayoría de parlamentarios no entiende”.  Su tono fue, a las claras, despreciativo; reveló una hilacha de racismo y clasismo hacia los pueblos originarios. Tampoco fueron oportunas las palabras del almirante Montoya. El marino en retiro -y ahora congresista- señaló que “la lengua oficial del Perú es el español”. 

Sabemos, por la Constitución -parece desconocerla Montoya-, que en el Perú no existe solo una lengua oficial, sino varias: el español, el quechua, el aimara y las lenguas de las colectividades amazónicas. Por lo tanto, Bellido utilizaba una lengua oficial con una comunidad de hablantes en minoría. El español es la lengua que más hablantes ostenta, pero no es la única digna de legitimidad o reconocimiento. Bellido, al ser bilingüe, esgrimió el sable provocador y varios congresistas se rasgaron las túnicas. Sus reacciones debieron ser todo lo contrario: consideradas y respetuosas. Bellido se salió con la suya, pues hizo quedar a ciertos representantes del parlamento como portavoces de un Perú de hispanoparlantes en lucha con los nativos quechua-hablantes. 

Un ciudadano quechua-hablante no está obligado, por ley, a aprender español, aunque el peso hegemónico del castellano lo obligue a hacerlo en la práctica. Lo mínimo que espera, como ciudadano, es que esa oficialidad no sea un saludo a la bandera, sino una realidad plena. Para eso existen, por ejemplo, los traductores, quienes no estaban presentes en el Congreso. El Premier conoce muy bien el español; podría haberlo utilizado al comienzo de la presentación. Sin duda, su actitud fue desafiante. Y, como se preveía, la reacción destemplada de los parlamentarios “criollos” no estuvo a la altura de las circunstancias.

Es deber del Estado proteger sus lenguas e incentivarlas tanto en colegios como en universidades. Deben incluirse como cursos, no necesariamente obligatorios, pero sí  electivos. Algunos centros superiores ya las han incorporado a sus mallas curriculares e, incluso, aceptan el quechua como idioma requisito del Bachillerato.  Para obtener este Grado académico, según la Ley, debe conocerse otro idioma, aparte del materno. La UNMSM autorizó la sustentación de una tesis sobre Literatura disertada en ese sistema verbal. Para ello se debía seleccionar un jurado bilingüe. Y así se hizo.

No es “una lengua de terrucos”, como algunos quieren -o quisieran- verla. Ya es sabido que los pueblos del Perú Profundo fueron quienes más sufrieron en la lucha contra el terrorismo. Sendero Luminoso dio cabida a todo tipo de gente; incluso, personas de los sectores A y B se sumaron a sus filas. A estas se les denominó “terrucos pitucos”.

La promoción y enseñanza del quechua han de ser  un norte en las políticas públicas sobre educación, de la misma forma que el resto de lenguas oficiales. Así, generaremos un Perú  inclusivo. Si los usuarios maternos del quechua aprenden el español, también los hispanoparlantes deberían conocerlo y valorarlo.

Sin embargo, no debe ser utilizado para dividir a los peruanos, sino para integrarlos. Desafortunadamente, esa no fue la intención de Bellido. Sí él hubiese sido un quechua-hablante monolingüe, habría sido indispensable un intérprete. Él es bilingüe coordinado. Su amable saludo no fue breve. Ello propició que la señora Alva lo interrumpa en seco de manera grosera y ofensiva para los peruanos y peruanas usuarios del idioma. La Presidenta del Congreso no debe olvidar su origen andino-cajamarquino, región que clama, como muchas, por una mejor atención del Estado. 

Varios miembros de Perú Libre lo usan para inducir a reacciones y poner de manifiesto en qué margen del río se ubican.  Me parece consecuente velar por los intereses de las provincias y de nuestros hermanos y compatriotas, pero no manipular sus características culturales en aras del segregacionismo o la demagogia. Ya estamos suficientemente polarizados. 

No se trata de cumplir el papel de gamonal o provocador; el desafío es integrar  a la patria desde sus mismas raíces. La lengua española es parte de nuestra cultura e historia; existen en ella muchos quechuismos a los que también se les suele denominar peruanismos. El quechua también es un patrimonio invalorable. Países como Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Argentina lo albergan en zonas de su territorio. No es una lengua muerta ni “atrasada”: está más viva que nunca. La población quechua-hablante se halla en “gran minoría”. Y no por ello debe desmerecerse su protagonismo. Su legado y presencia es vital en la búsqueda de la peruanidad.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

4 comments on “Sobre gamonales y provocadores

  1. martin belaunde moreyra

    Escribo en Vox Populi pero discrepo del artículo de la Sra. Falla. En primer lugar el Rey Felipe VI de España no tiene «súbditos», el es un monarca constitucional y los españoles son ciudadanos del Reino de España, cuyo gobierno está a cargo del Presidente de Gobierno, para lo cual requiere de una mayoría parlamentaria en el Congrrso de los Diputados. De otro lado el castellano es el idioma oficial de la República del Perú y en ese idioma se escriben y redactan, sin perjuicio de la Constitución, de las leyes y de los reglamentos, todos los documentos oficiales del gobierno peruano. El quechua y el aymara son idiomas oficiales en los lugares donde predominan, que son muy pocos o inexistentes Ignoro si la Sra. Falla habla y/o escribe quechua y aymara. Sin embargo le pregunto si es viable escribir las sentenciss del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional en español, quechua y aymara. Se imagina el costo que eso significaría. Estos aspectos deben ser tenidos en cuenta. Con mi mayor aprecio y respeto a los puntoa de vista divergentes. Martín Belaunde Moreyra

  2. Miryam Falla Guirao

    Señor Belaunde, gracias por su comentario. No hablo quechua ni aymara pero me encantaría conocer más de quechua. Yo tuve a una quechua-hablante bilingüe en casa por trece años y algo aprendí. Es una lengua muy conceptual y maravillosa, La Constitución defiende el quechua y el aymara como lenguas oficiales también. Estoy de acuerdo que por ser el español una lengua mayoritaria, los documentos sean redactados en esa lengua que es la predominante en nuestro país. El castellano es una lengua oficial por ser mayoritaria pero no es la única oficial. Obviamente, no es dable escribir las sentencias del PJ en quechua y aymara por ser minoritarias, pero eso no le quita su carácter de «oficiales». No crea que el quechua se habla solo en algunas regiones y es casi inexistente. Ahí discrepo con usted.
    Con respecto a los súbditos del Rey de España, veo que no ha entendido en cariz irónico de la columna. Gracias por comentar mi artículo. Ese es el objetivo, el debate.
    Atentamenre,
    Miryam Falla Guirao, Ph. D

    • Msrtín Belaunde Mireyra

      Gracias estimada colega, hemos intercambiado opiniones en forma educada y alturada. Le deseo lo mejor con mi mayor aprecio al margen de que coincidamos o discrepemos. Saludos Martín Belaunde Moreyra

  3. Miryam Falla Guirao

    Así es señor Belaúnde. Usted siempre generando el debate, lo cual es magnífico. Nuevamente, gracias por su comentario.
    Miryam Falla Guirao

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