Hace unos meses, el Poder Judicial emitió una sentencia en favor de la ciudadana Ana Estrada. El propósito era otorgarle el permiso de ayudarla a morir, no bajo la modalidad del “suicidio asistido”, sino bajo la figura de la eutanasia.  Lo más sorprendente de este vergonzoso documento -y no porque se le reconozca tal prerrogativa a dicha ciudadana-, son los términos en que está redactado. Carece de verdadero sustento ético, porque se quiere pasar por eutanasia lo que en realidad es un “suicidio asistido” o por algunos llamado “homicidio consentido”.

Nunca se precisa qué entiende el Poder Judicial por eutanasia, término debatido con amplitud y no en el Perú, precisamente. En su forma legítima, implicaría que el paciente se halle en etapa terminal y agónica para que sea procedente. Ojo: estar en agonía no significa la alteración de las facultades cognitivas; muchos enfermos en esas circunstancias se encuentran en la plenitud de estas, a tal grado que, al morir, son conscientes de su entorno. Este no es el caso de Ana Estrada. Les guste o no a quienes elaboraron la sentencia, esta es, a todas luces, un disparate. Para ello, se valen de argumentos éticos mal aplicados. Citan a dos filósofos como Kant y Descartes fuera de contexto. Deforman las nociones de “dignidad”, “derecho a morir con dignidad”, “autonomía de la voluntad” y “libertad”, que no parecen entender ni por asomo. De la misma manera que no parecen comprender qué entendió Kant, precisamente, por “persona como un fin en sí mismo y nunca sólo como un medio”. Para quienes conocen en verdad el tema, no deja de ser un atropello al conocimiento. La ignorancia es atrevida. Hay muchos pendientes sobre este caso, pero correspondería ya a otra columna tratarlos en exclusividad.

Se torna urgente la formación de un Comité Nacional de Bioética interdisciplinario, que convoque a los más preparados en estos controversiales asuntos. No a opinólogos ni a gente que pretende subirse al carro porque ha leído un manual o asistido a algunos cursos. Se requieren verdaderos profesionales con amplia experiencia en bioética y bio-derecho que asesoren al Ministerio de Salud -también en el caso de la pandemia y las vacunas contra el Covid-. Se le haría, de paso, un favor al Poder Judicial, que poco o nada sabe al respecto. Un verdadero comité de Bioética, tanto en investigación biomédica como en temas clínicos, debe estar conformado por filósofos, médicos, psicólogos, abogados, un contador público que se ocupe de temas administrativos, y ciudadanos de a pie que expresen su parecer.

Así se trabaja con responsabilidad. Este Comité debe ser ad honorem, libre de intereses creados. Ya funcionan algunos en hospitales; asimismo, en Facultades de Medicina y Ciencias Biológicas. Están destinados a evaluar los proyectos de los estudiantes en pre y post grado. Existen Maestrías en Bioética y algunas instituciones colocan las asignaturas de Bioética y Bio-Derecho en sus mallas curriculares. Sin embargo, esto no es suficiente. La experiencia asume aquí un papel preponderante.

¿Por qué los comités de Bioética, y en especial, aquellos que asesoran en temas de salud pública, no están cumpliendo su verdadera misión? Simplemente, porque no se convoca a las personas adecuadas. Existen filósofos, médicos y abogados en nuestro país que vienen trabajando en estos temas -con la adecuada formación- hace décadas.  Deben ser llamados a integrar esta Comisión.  La Bioética no es fácil o manejable, como algunos creen;  al contrario, es harto difícil. Un Comité puede deliberar varias veces, en algunas ocasiones, sobre una misma situación, para buscar la mejor salida y decisión. No necesitamos advenedizos: queremos expertos.  A veces se cree que una persona, por el hecho de que goza de algún prestigio mediático, es capaz de hablar sobre cualquier asunto. No es así. Debe conocer la materia en toda su dimensión.

La sentencia de Ana Estrada es un claro ejemplo. Los Comités están llamados a asesorar en la correcta elaboración de las futuras leyes sobre salud pública y cómo no, esto incluye a la salud mental.  No se trata sólo de efectuar conversatorios, coloquios y congresos a nivel nacional e internacional: las actas de estos deben servir como documentos formativos. La discusión sobre la eutanasia brilla por su ausencia en el país; debió existir un intercambio  de ideas previo a la sentencia de la señorita Estrada. Ella, como sabemos, no se encuentra en fase terminal o, mucho menos agónica de su enfermedad.  Estas serían condiciones obligatorias para hablar de “eutanasia” con toda propiedad.

El mismo concepto de enfermo terminal ya está cuestionado, porque han sido declarados de este modo pacientes que han sobrevivido más de un año y en algunos casos, más tiempo. El sufrimiento humano también es un concepto digno de cotejo. Aquel no hace indigna a la persona: es una realidad concomitante a la vida y no se puede pretender que la muerte anticipada le devuelva al paciente una dignidad que nunca perdió. Aquí sí es factible citar a Kant. Él la definió como “aquello que no tiene precio, lo único,  lo irrepetible e inintercambiable”.

La ley está para el hombre y no el hombre para la ley. Citamos a Conan Doyle, quien pone en boca de su famoso personaje Sherlock Holmes estas palabras: “no hay que esperar a que los hechos sirvan a las teorías, sino las teorías al servicio de los hechos”. La realidad supera la ficción y los debates bioéticos requieren ser guiados no por principios rígidos; más bien, han de ser flexibles, y sin perder su esencia, aplicables de la mejor forma y bajo las condiciones requeridas en la salida a los casos de perplejidad suscitados en dominios éticos.

Vamos… ¿Qué estamos esperando para formar un Comité Nacional de Bioética serio y especializado? La pregunta queda abierta, lo mismo que el diálogo alturado, informado y no la charlatanería de feria.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

1 comment on “Vive y deja morir

  1. martin belaunde moreyra

    Debo confesar que bajo los términos del artículo desconozco el concepto dd eutanasia. El artículo es mu ilustrativo respecto de los problenas que involucra ¿pero que es la eutanasia suicidio o muerte asistidaa causa de una enfernedad terminal dolorosa e irrenediable? Si es suicidio no puede ser muerte asistida así exista la colaboración de la persona involucrada. Gracias por el conentario.

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