Opinión Shadia Muñoz-Nájar

Afganistán: ¿por qué Estados Unidos estaba destinado a fallar?

El 16 de Agosto, el presidente Joe Biden de Estados Unidos sostuvo, en relación a la situación en Afganistán, que su equipo había “planeado para cada posible contingencia.”[1] Sin embargo, después de ver al Talibán tomar el control del país en menos de 10 días, el ataque del aeropuerto de Kabul, que dejó más de 100 muertos (incluyendo 13 soldados estadounidenses) y el proceso de evacuación que ha dejado atrás a cerca de 10 000 soldados norteamericanos, se hace más claro cada día para la comunidad internacional que los actos llevados a cabo por su administración fueron improvisados, irresponsables, e impulsivos.

No obstante, sería desatinado echar toda la culpa de esta desastrosa situación al actual presidente Biden. Esto, no solo porque el acuerdo de retirar las tropas del país lo hizo el expresidente Donald Trump en febrero del 2020, sino también porque la presencia de E.E.U.U. en Afganistán, estuvo siempre destinado a terminar trágicamente. En gran parte, esto se da por el grupo terrorista denominado el Talibán, cuyas raíces fueron formadas en 1994, cuando un grupo de rebeldes afganos, conocido en ese entonces como los mujahedeen, quienes, con ayuda económica y militar del mismo gobierno estadounidense, en conjunción con el gobierno pakistaní, lograron vencer a las fuerzas Soviéticas que habían invadido su país. Lo que inicialmente parecía una estrategia inteligente por parte del gobierno americano, quien buscaba debilitar la esfera de influencia que tenía la unión soviética, resultó ser el inicio de un largo conflicto para la nación.

El 11 de septiembre de 2001, el ataque de las torres gemelas llevado a cabo por parte de al Qaeda dejó a Estados Unidos furioso, y determinado a encontrar a Osama bin Laden, el líder de la agrupación terrorista. Por esto, se realizó casi inmediatamente una invasión de Afganistán, donde los Talibanes estaban, presuntamente, escondiendo a bin Laden. Es aquí donde inició la estadía de las fuerzas armadas estadounidenses en el país. A primera vista, su objetivo parecía simple: encontrar a bin Laden, y evitar que Afganistán fuera utilizado como una base de Al Qaeda para realizar más ataques a E.E.U.U. Sin embargo, esta segunda parte resultó ser más complicada de lo imaginado, y esto fue por muchas razones.

La primera es que el gobierno norte-americano llegó rápidamente a la conclusión que, para poder controlar Afganistán, debían ayudarlos a “consolidarse como nación”. Esta idea básica, ya presenta problemas estratégicos. No solo porque es un objetivo general y abstracto, que no produce una meta clara que podría brindar algún sentido de seguridad a la población afgana, sino además porque los bordes que forman las naciones en el Medio Oriente fueron dibujados arbitraria y caprichosamente por Inglaterra y Francia en 1916, sin poner ninguna importancia a las distintas comunidades étnicas y culturales de la zona. Por esto, Afganistán, como muchos otros países de la zona, no es visto por su propia población como una nación, sino como una débil delimitación de 14 distintos grupos etnolingüísticos. Por esto, la misión estadounidense de crear un gobierno centralizado y unitario no solo muestra una completa ignorancia de la cultura afgana, sino además un alarmante desinterés por entender el país al que tan ansiosamente planeaban americanizar.

Con esto en mente, es fácil ver por qué la estrategia de E.E.U.U. falló: estaban utilizando estrategias basadas en la literatura de ciencias políticas, que fue desarrollada en torno a países occidentales. Muchos expertos de la época sostenían que el mejor procedimiento era poner instituciones nuevas en el país, y respaldarlas con un gobierno centralizado y una milicia dominante; y este fue el plan que el gobierno estadounidense siguió. Sin embargo, la estrategia que se debió tomar era totalmente contraria: debieron trabajar de abajo arriba, en vez de arriba abajo. Cooperar con grupos locales y las diferentes comunidades étnicas para que estas pudieran armar sus gobiernos locales, que eventualmente se podrían haber unificado.

Por estas y otras razones, es difícil argumentar que Estados Unidos no debió retirar sus tropas de Afganistán, pues si después de 20 años “construyendo la nación” el Talibán solo demoró 10 días en retomarla, dudo que unos años más de estadía norteamericana hubiesen sido de gran ayuda. No obstante, esto no significa que la retirada no se pudo haber hecho de manera mucho más eficiente, y protegiendo a ambos ciudadanos estadounidenses y afganos.

El primer paso, como siempre en la política, debió haber sido la diplomacia. Específicamente, trabajar con las Naciones Unidas para imponer sanciones sobre Pakistán, quien mantiene cercanas relaciones económicas con el Talibán. Además, se debió idear un plan más realista (pues, el grupo de inteligencia de Joe Biden predecía que Afganistán se podría sostener solo por, por lo menos, 90 días), aceptando que su estrategia fallida iba a dejar a miles de afganos en terribles situaciones, y preparándose para proveer una estrategia de salida y refugio eficiente para ellos.

En el futuro, y para evitar problemas similares, Estados Unidos debe no solo reducir la intervención de otros países para “democratizarlos”, sino que además debe tomarse un momento para liberarse de su propio desconocimiento cultural, y entender a las naciones que constantemente intenta amoldar a su preferencia.


[1] https://www.whitehouse.gov/briefing-room/speeches-remarks/2021/08/16/remarks-by-president-biden-on-afghanista

Shadia Muñoz
Estudiante de doble bachiller en Ciencias Políticas y Economía. Se está especializando en Latino America y la población hispánica en los Estados Unidos. Por esto, ha ayudado a crear maneras estratégicas para llegar a las personas latinoamericanas en Florida. Asimismo, está dirigiendo un proyecto de investigación que busca entender las razones de la mortalidad del COVID en Latinoamérica.

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