Opinión Ricardo Sánchez

Tan cerca de una inhumana mina terrestre

Hace unos días regresé de un viaje a la convulsionada Karabaj, en Azerbaiyán, región que fue objeto de innumerables guerras, la última concluida en noviembre, luego de 44 días de combates y la derrota de Armenia, que capitula y entrega los territorios que pertenecen a Azerbaiyán.

El alto al fuego fue logrado por mediación de Rusia, poco antes que los azeríes capturen la ciudad de Khankendi (Stepanakert, en armenio), -otro territorio que la comunidad internacional considera parte de Azerbaiyán- en manos de Armenia desde hace treinta años, y que queda como último enclave armenio en Karabaj, que, en mi opinión será un foco de inestabilidad entre los dos países, a pesar de la presencia de un contingente ruso de paz.

Lo que aprecié, después de la retirada de los militares armenios, fue dantesco. El patrimonio cultural destruido, tumbas profanadas, ciudades fantasmas, tierra arrasada, pero también me impresionó la gran porción de territorio inutilizable por la enorme cantidad de minas terrestres armenias antipersonales y antitanque plantadas y que solo en la ciudad de Agdam superan las cien mil.

La pregunta se responde por sí sola. ¿Si los armenios señalaban que esos territorios eran suyos porque destruyó todo y no construyó nada en esos 30 años de ocupación?

Es más, luego de terminar la guerra, los armenios piden 15 días para retirarse de Agdam ¿Y qué hicieron? Sembrar minas y quemar las plantaciones.

Azerbaiyán intercambia prisioneros por los mapas de minas armenios y resultó que solo el 25 % era verdadero.

Hemos podido comprobar hasta dónde la guerra convierte a las personas en seres inhumanos.

Desde noviembre a la actualidad las minas han causado más de un centenar de víctimas, entre muertos y heridos, incluyendo dos periodistas azeríes.

La invasión armenia de hace 30 años a Karabaj causó un millón de azerbaiyanos desplazados y ellos anhelan volver a sus tierras. El Gobierno del presidente Aliyev está reconstruyendo todas las ciudades destruidas, pero las minas retrasan el desarrollo. Limpiar los terrenos llevará por lo menos entre 10 y 15 años.

La comunidad internacional debe exigir a Armenia la entrega de los mapas que indican en dónde enterraron las minas.

Ricardo Sánchez Serra.
Periodista

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