Martín Belaunde Opinión

Las Naciones Unidas y el Perú

En los últimos siete días, el público peruano tuvo el dudoso privilegio de presenciar las desafortunadas intervenciones del presidente Castillo en la CELAC, la OEA, así como en la Asamblea General las Naciones Unidas. En el caso de la CELAC se trata de una iniciativa promovida por algunos países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, con el apoyo de México, de crear un foro alternativo a la Organización de Estados Americanos (OEA). Hasta ahora ese esfuerzo no cuaja por la negativa de muchas naciones latinoamericanas y caribeñas de reemplazar a la OEA. En primer lugar, al margen de la defensa de la democracia, inexistente en los promotores de la CELAC, la concertación política, social y económica en el hemisferio occidental requiere de la activa participación de los Estados Unidos y del Canadá. En el caso de México los esfuerzos de su presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de llevar esas dos rutas paralelas, se estrella contra la realidad del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (NAFTA), por donde canaliza el 80% de sus exportaciones. Casi se podría calificar los esfuerzos políticos de AMLO de actuar con dos sistemas paralelos, como una contradicción insuperable. En mi opinión CELAC no pasará de ser un buen deseo oportunista de ciertos regímenes dictatoriales como Venezuela y Nicaragua, con la asesoría cubana, para preservar su esencia antidemocrática.

Con las Naciones Unida (ONU) nos enfrentamos a una realidad internacional muy distinta, dado que la comunidad de los países del mundo simplemente no la puede reemplazar. Esa realidad es más fuerte que los triunfos y fracasos de las Naciones Unidas en el ámbito de la preservación de la paz. Para que naufraguen las Naciones Unidas tendría que haber una conflagración atómica mundial que destruya el actual sistema iniciado a partir de la Conferencia de San Francisco de 1945.  El Perú es parte de ese sistema desde su fundación y ha tenido en muchos momentos una brillante participación. Los tiempos pasan y las generaciones se suceden unas a otras, pero no podemos dejar de mencionar a cuatro eminentes personalidades diplomáticas de nuestra patria, que dejaron su huella en las Naciones Unidas. Víctor Andrés Belaunde uno de los firmantes  de la Carta y Presidente de la Asamblea General en 1959, Alberto Ulloa Sotomayor, que lideró nuestra delegación en la Asamblea General de 1948, en la cual se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el ex presidente José Luis Bustamante,  Juez y luego Presidente de la Corte Internacional de Justicia; y por cierto a Javier Pérez de Cuéllar, quien también nos representó en dicha organización y después sucesivamente fue Subsecretario, para ser elegido Secretario General de las Naciones Unidas entre 1982 y 1991.

¿Por qué las Naciones Unidas son importantes para el Perú y el mundo? Por diversas razones, pero quizás la más crucial de todas radica en que es el único organismo mundial que puede legitimar un enfrentamiento armado con el objeto de repelar una agresión. Eso lo señala expresamente el artículo 51 de la Carta cuando señala que ninguna de sus disposiciones “menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de un ataque armado contra un miembro de las Naciones Unidas…” Por cierto, que en esos casos debe intervenir el Consejo de Seguridad conforme a la autoridad que le confiere el artículo 39 para determinar “la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión”.  Sin embargo, las resoluciones del Consejo de Seguridad sobre tales materias requieren del voto en un determinado sentido de 9 miembros sobre un total 15, incluyendo dentro de los 9 a los 5 miembros permanentes de dicho Consejo.

Sabemos que los cinco miembros permanentes son China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia. Eso significa que tales miembros tienen lo que se llama un poder de veto, para que el Consejo de Seguridad actúe en las situaciones que le competen sobre la paz y la seguridad internacional. He aquí la fortaleza y también la debilidad de las Naciones Unidas, dado que requiere del acuerdo unánime de tales miembros permanentes, no siempre factible de conseguir, cuando es indispensable luchar contra una agresión o en cualquier otra situación que altere la paz mundial.

Pero hay otro aspecto que debemos considerar, la Asamblea General de las Naciones Unidas que generalmente inicia sus reuniones anuales cada mes de setiembre, cumple el papel de foro mundial con el propósito de que los gobiernos de muchos países difundan sus políticas de Estado. Esa fue la razón por la que el presidente Castillo leyó un discurso redactado por nuestro novísimo representante en la ONU, el embajador Manuel Rodríguez Cuadros. En dicho discurso, el presidente Castillo condenó al terrorismo, lo cual está muy bien, pero se abstuvo de mencionar como implementaría tal política en el futuro. Específicamente qué ocurriría cuando Sendero Luminoso pretenda dentro o fuera del VRAEM, alterar la estabilidad democrática del país con la ayuda encubierta de algunos líderes o integrantes del Partido Perú Libre investigados por esa razón. Gravísima incógnita no resuelta todavía.

Martín Belaunde Moreyra
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos.  Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

0 comments on “Las Naciones Unidas y el Perú

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: