Guillermo Ackermann Opinión

Houston, Houston, tenemos un problema

– ‘Houston, Houston, respondan, ¿no me entienden? Tenemos un problema’

– ‘Capitán, escúcheme’

– ‘No me interrumpa ¿no ve que estoy tratando de comunicarme con Houston?’

– ‘Capitán es importante’

– ‘Hombre, Houston no me responde, no sé qué hacer’

– ‘Capitán es que ¡No hay Whatsapp!’

– ‘Eso es imposible, el mundo no funciona sin Whatsapp. Avísenles por Facebook o por Instagram’

– ‘Nada Capitán, tampoco funcionan’

– ‘Por favor, preparen la filmadora porque dejaré un mensaje por si alguna vez regresa la civilización, el mundo ha llegado a su fin’

Quizá esta parodia de diálogo podría convertirse en un guion de una sitcom después de la caída mundial, por algunas horas, de algunas de las principales redes sociales.

Hubo una suerte de pánico colectivo, de sensación de vacío, de incomunicación masiva, que llevó a muchos a pensar: ‘¡Solo esto faltaba!’, pandemia, crisis política y ahora no hay redes sociales: ‘Oh, y ahora, ¿quién podrá defendernos?’.

A los minutos comenzaron los memes y las reflexiones profundas. Algunas de ellas muy reveladoras: ‘El Facebook es el tabaco del Siglo XXI’, fue una de las máximas que me llamó la atención. Y un meme muy bueno era de una imagen de un par de personas abrazándose con el siguiente mensaje: ‘La caída las redes sociales me ha ayudado a redescubrir que había gente linda que vivía en mi casa, con la cual no me comunicaba hace mucho’.

Y es que en definitiva nos hemos vuelto esclavos de la tecnología y, aunque es necesaria, útil e indispensable, el gran problema es que nos deshumaniza, nos quita ese factor humano y nos mediatiza para que nuestras relaciones sean a través de una máquina, un aplicativo, un aparato que lo llevamos a todos lados y que hace que incluso le mandemos un mensaje digital a quien tenemos a escasos metros.

Claro que es vital para poder trabajar en estos tiempos y es determinante que sin las herramientas tecnológicas hubiese sido imposible desenvolvernos y soportar la pandemia, pero nunca debe reemplazar a las relaciones personales.

Recuerdo hace algunos años cuando un sábado en la tarde pasé por la puerta de la habitación de uno de mis hijos que se encontraba muy concentrado frente a su laptop y le dije: ‘¿por qué no quedas en verte con alguno de tus amigos?, es importante que te relaciones con ellos y no solo con una máquina’ y su categórica respuesta fue: ‘¡estoy con mis amigos!’

Y es que el riesgo que la tecnología termine deshumanizándonos es muy alto. Finalmente terminamos adaptándola a nuestras necesidades para que reemplacen a las personas y nos olvidamos de lo esencial que es nuestra naturaleza humana, como seres llamados para el encuentro que necesitamos la interrelación con el otro no solo para resolver algún problema, sino para desplegar toda nuestra afectividad y para compartir y de esa manera enriquecernos.

Incluso a nivel laboral, profesional, las plataformas para hacer reuniones virtuales han sido una maravilla, pero conversando con varios gerentes y CEO de diferentes empresas y corporaciones, ya consideran que la caída en los indicadores de gestión, no solo tiene que ver con el impacto directo de la pandemia, sino también con la ausencia de interacción entre los trabajadores y las recomendaciones entre escritorios. Se ha visto mermado el ánimo con el que nos recargamos, ya sea por un buen trabajo en equipo, o por el acicate que representa el que alguien esté dando mejores resultados que uno.

El teletrabajo aun con sus virtudes, y con los no pocos ahorros que trae, ha traído como consecuencia una reducción considerable de la productividad.

Entonces el punto, como siempre, es encontrar el equilibrio. Ese punto medio que nos permite acceder a las mejores herramientas que nos puede dar la modernidad tecnológica, pero que mantenga vivo el contacto personal.

Esa intriga que existe sobre si las máquinas reemplazarán a las personas, son infundadas si entendemos que ‘los hombres no somos islas’, como escribía el siglo pasado el monje Thomas Merton.

Una risa contagiosa, un buen consejo, un abrazo afectuoso, el estrecharse las manos, la broma sarcástica, los horarios de encuentro, son irremplazables. Ninguna app, red social o computadora, podrá con ello.

Un cariñoso saludo para todos los que tienen la generosidad de leerme cada semana.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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