Luis Otoya Trelles Opinión

La maldita corrupción

La corrupción es un mal generalizado. Según las encuestas de las últimas décadas es considerado uno de los principales problemas que afectan a nuestro país. 

Para la puesta en escena, la corrupción requiere de dos perversos personajes: corrupto y corruptor, ambos piratas, cada uno en su rol protagónico, que han tomado por asalto las arcas del Estado. Ni uno, es más, ni el otro menos.

Corrupto y corruptor navegan durante décadas en aguas turbias que han sido contaminadas con sus cochinadas. Pero es tanta la cochinada que se ha juntado para delinquir que los filtros, para impedir su paso, han colapsado. Ahora todos los “piratas de desagüe” navegan en sus galeones con libertad, con la complicidad del gobierno de turno.

Sabemos que estos navegantes, a pesar de su parche en el ojo o una pata de madera, no tienen dificultad para moverse y organizarse muy rápido. No usan mascarilla para seguir contagiando y tienen unas bóvedas muy grandes en las que meten cada año casi 30 mil millones de soles que se llevan, junto a la vida, la salud y la educación de millones de peruanos.

Esta corrupción pandémica coincide con las décadas de abandono en la asignación de recursos que debieron mejorar la infraestructura en salud, educación y otros servicios públicos. Con este dinero se pudieron construir y equipar los hospitales que hubiesen permitido salvar la vida de decenas de miles de peruanos que durante la pandemia murieron porque no tuvieron acceso a tiempo a una cama uci, un respirador, un balón de oxígeno. Lo que sí sobró fue la indolencia de autoridades corruptas que sólo atinaron a verlos morir sin dignidad, en los pasillos de las emergencias o en las calles, al no haber sido atendidos. 

Nuestra memoria es muy frágil. ¡Qué rápido olvidamos! Seguimos siendo permisivos y tolerantes. ¿No ha sido suficiente la maldita corrupción durante la pandemia? Hagamos un listado de la cantidad de corruptos que pagan prisión, debe ser una cifra cercana a cero. Leamos el reporte de “logros” del Ministerio Público y del Poder Judicial de los últimos tres años, seguro que la mayoría recibió, sin merecerlo, felicitaciones y bono de éxito. ¡Si la justicia mira para otro lado, no investiga, no acusa, ni sanciona, sin duda habrá más corrupción!

Ahora, además de la corrupción, nos gobierna la subversión. Han llegado para quedarse en el poder. Estamos comprobando que por sus “conexiones” bajo tierra, la cochinada de nuestra sociedad va por uno y otro lado, sin diferenciar su raza, color, idioma o tendencia política, llegan por separado a las “acequias” en las que toda la cochinada se junta y como por un tubo va en busca del dinero y el poder.

Preocupa que se nombren a personas controvertidas en puestos claves de la administración pública. Algunos parecen haber sido elegidos por la experiencia ganada en su relación con la prensa y la policía. No es mérito suficiente, para ocupar un importante cargo, haber aparecido en la televisión y periódicos por supuestos delitos relacionados a denuncias asentadas en un atestado policial que, investigado o no, ha prescrito o fue convenientemente archivado.

Hay indicios razonables que nos podrían hacer pensar que se está creando una estructura organizada de corrupción. Esta sin duda se fortalecerá si ponemos al gato a cuidar el pescado. Preocuparía ver a un minero ilegal manejando el medio ambiente, a un transportista informal asignando concesiones, a un sospechoso de actos terroristas persiguiendo a la subversión, a un apologista del terrorismo a cargo de las políticas educativas.  No hay exterrorista bueno, ni corrupto arrepentido. Con toda seguridad van a encontrar argumentos para victimizarse y echarle la culpa, como siempre, al fujimorismo.

Mi solidaridad con los buenos funcionarios públicos de carrera que, en su mayoría, a pesar de su experiencia y credenciales, han sido desplazados por algún “Don Nadie”, amigo o paisano de una “alta” autoridad, que los ha reemplazado o subordinado para asignar la cuota de poder que reclama su militancia y por otro lado la necesidad de cumplir con los grupos que forman cola para recibir algo a cambio por los favores que se les adeudan.

La meritocracia ha muerto. La mediocridad la ha matado. La corrupción se ha fortalecido y está de fiesta danzando junto a ellos.

Quisiera concluir con una frase de Fernando Cillóniz, en su último artículo en Vox Populi, que me gustó e inspiró para escribir esta columna: “Tan grave como la corrupción, es no hacer nada para combatirla”.

¡Comencemos por algo, aún estamos a tiempo!

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

0 comments on “La maldita corrupción

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: