Hace unos días, en un conocido semanario peruano, Hildebrandt en sus trece, se ventiló un artículo sobre el alto precio de los medicamentos en las clínicas particulares.  Es cierto: hay una elevación de precios en estos establecimientos, pero todo tiene una explicación.  El autor de dicho artículo ha demostrado una completa falta de rigurosidad e investigación en el tema.  Las clínicas privadas, en primer lugar, son empresas, de la misma manera que  los colegios privados. Algunos, con una alta paga mensual y la inefable “cuota de ingreso”. 

La salud es un bien básico y primordial, porque sin ella no hacemos nada.  Las clínicas privadas, unas más caras que otras, ofrecen un servicio integral a sus pacientes, pero los costos de los mismos no son baratos.   Una cosa es comerse un cebiche en casa, otra ir a una tiendita y por último una, muy distinta, acudir al restaurante Astrid & Gastón o La Rosa Náutica y disfrutar de este delicioso plato.  En el último caso, nos hallamos en un local en el mar, que necesita mucho mantenimiento, contratación de acompañamiento musical, servicio de meseros y panes al gusto y otros “chiches” que no son los mismos en otros locales.

Lo mismo sucede con los bienes y servicios privados. No se paga solamente el servicio, sino la calidad de este.  No se trata en todos lo casos de comerciantes malintencionados; ocurre que la medicina correctamente ejercida en el Perú no produce dinero, como tampoco las utilidades de las clínicas. Estas ascienden a solo entre un 5% o 10% de sus ingresos.

Los precios de los medicamentos los fijan los laboratorios en un sistema que se llama “Kairos”. No hablamos de un control de precios; son las tarifas que asignan a su mercadería.  De ahí vienen los descuentos en las farmacias que pueden ofrecer medicamentos o más caros o más baratos, según su disponibilidad, y lo que las llamadas “Aseguradoras” fijen para ellos.  Mucha son dueñas de clínicas y, si bien estas han querido en algún momento sincerar cifras, son las Aseguradoras las que se niegan a que esto ocurra por temor a perder clientela.

Pero, en realidad, ¿por qué los precios de los medicamentos son más altos en las farmacias de las clínicas?  Sencillamente, por lo que se llama el “beneficio cruzado”.  Para que otros servicios no resulten tan caros, como la consulta, las ecografías, rayos X, etc. se bajan los costos y el excedente termina en las farmacias.  Son los medicamentos los que subvencionan otros servicios que se brindan en una entidad particular.  No es una cuestión de “malditos comerciantes”. Se trata de hablar con la verdad. Por supuesto, existen inescrupulosos y delincuentes en todos los rubros. Basta ver las horrendas noticias sobre clínicas que practican abortos clandestinos para hacerse una idea cabal de que ningún gremio se salva. Nadie es impoluto. Algunas farmacias de clínicas aplican la tarifa Kairos en sus locales farmacéuticos para establecer el beneficio cruzado.

Nuestro Estado, pobre y precario, como entidad jurídica y representativo del tejido social, no tiene responsabilidad de su situación.  Son las personas que han pasado por él las que han hecho poco o nada por ofrecer un verdadero programa integral de salud.  Ya desde la época de Fujimori se subvencionó un servicio materno-infantil, en especial para embarazadas. Luego, en el 2002, durante el gobierno de Alejandro Toledo, se implementó el S.I.S (Seguro Integral de Salud) solamente para los más necesitados. En la gestión de Ollanta Humala, el S.I.S se amplió para todo aquel que precisara de un seguro, porque carecía de él.  En este rubro ingresó todo tipo de gente: los que podían pagar siquiera uno pequeño y los que definitivamente, no.    El S.I.S se superpobló y no se dio abasto. Hoy, con la pandemia, atraviesa por una gran crisis. Solo se pagan los gastos en clínicas privadas cuando el ciudadano entra desfalleciente a una UCI. Antes, nada.  Y a la hora de los loros, cuando las clínicas particulares emiten las facturas, se niegan a cubrirlas. No porque no puedan  -antes, se establece un acuerdo-, sino por pura negativa de burócrata desidioso. 

Todas estas falencias deben ser corregidas con urgencia.  No es dable linchar al Estado, que lo aguanta todo; llegará el día en el que no soportará más.  Las personas que ejercen cargos en la función pública son las llamadas a enmendar esto. Y algunos que han pasado por estos lares, simplemente no han hecho nada.

Cada vez que los gobiernos necesitan una cortina de humo, se despachan a gusto contra  el sector privado, cuando este también presta bienes y servicios. Es natural y apremiante establecer una alianza.  Una que salve a hombres y mujeres de a pie.  Nada sacamos criticando y buscándole la quinta pata al gato. Hasta donde sabemos, el simpático felino solo posee cuatro.  Lo mejor para nuestro país es que el Estado se alíe eficiente y decentemente con el sector privado para salvaguardar a todos los ciudadanos.  Esto se aprecia en las social-democracias modernas, donde los sistemas de salud caminan sin piedras grandes en el camino.

En el año del Bicentenario, las cosas deben cambiar. Son los privados quienes están llamados a incorporarse a los servicios que presta el Estado.  Si no se hace, seguiremos tildando de “malditos comerciantes” a quienes no lo son y, por el contrario, esperan que el sector público les extienda la mano desde hace buen tiempo. Pero, por favor, ¡¡que paguen!!!!

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

2 comments on “S.O.S  o  S.I.S

  1. Alejandro Langberg

    Excelente artículo Dra Falla. Como se nota lo importante que es, que los problemas de nuestro sistema de salud se vean en forma multidisciplinaria.
    Que agradable es leer como disertan los filósofos, buscadores de la verdad en esencia. Ojalá pronto tengamos ya constituído nuestro Comité Nacional de Bioética como en otros países.
    Como bien lo podemos deducir de su artículo, resuelta la subvención cruzada, el precio que pagaría el paciente por el servicio en el sector privado sería el mismo. No hay ninguna injusticia, sino un pendiente que desde hace tiempo se le intenta dar solución debido al llamado rebalanceo. Hay que hacerlo ya, para no estar dando esta mala impresión.
    Por otro lado estamos totalmente de acuerdo que en nuestro país el adecuado Intercambio Prestacional entre el sector público y el privado sería una solución rápida y de enorme beneficio para la población y también para los diferentes sub-sistemas de la salud de nuestro país.

  2. Miryam Patricia Falla Guirao

    Gracias por su comentario, Dr. Langberg. Así es. Buscamos la verdad en cada tema que abordamos.

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