No poco se ha discutido acerca de si la vacuna contra la Covid-19 debe ser obligatoria.  En un principio, se estimó como voluntaria para la población en general.  Ahora, se pretende que sea impuesta, pero no de una manera directa sino oblicua.  A partir del 15 de diciembre, nadie podrá ingresar a lugares cerrados y públicos si no tiene aplicada las dos dosis.  Se deberá mostrar el carné de sanidad para los espacios indicados: estadios, cines, centros comerciales, supermercados y mercados, etc. 

Ya  hemos dicho en otro momento que los argumentos a favor de la vacuna no funcionan.  Existe un buen porcentaje de ciudadanos que no desean aplicársela. La razón obedece, ante todo, a prejuicios, creencia en teorías conspirativas, el hecho de no querer ser conejillo de indias de un producto experimental y otras explicaciones febriles.  Las personas que  se han mostrado en contra de la vacunación no son necesariamente ignaras.  Un buen grupo ha accedido a una educación privilegiada y pertenece a los sectores A-B.

Por el contrario, ciudadanos iletrados o con poca escolaridad han acudido, ejemplarmente,  a aplicarse la vacuna salvadora.  ¿Qué está pasando?  ¿Por qué hay cerca de un 50% de la población que rechaza la inmunización?  Ya lo hemos mencionado: prejuicios, creencias, desconfianza en su efectividad… Esto parece ser contradictorio con el hecho de que si no tenemos la vacuna podemos morir.  El fármaco no solo crea anticuerpos en el organismo, al punto de soportar una infección sin llegar a UCI; nos libera de los verdaderos y terribles estragos de la Covid-19  si nos fue inoculado el medicamento.

Estamos ante una grave emergencia sanitaria y planetaria.  La Covid-19 es problema de todos los habitantes de la Tierra.  No es aceptable dar la espalda ante un hecho grave como este.   ¿Puede el Estado obligar y pasar por encima de las libertades individuales de los ciudadanos? ¿Se trata de una coacción como lo es el pago de impuestos?  Definitivamente, no todos los ciudadanos tributan.  Pero la vacuna es algo muy diferente. Se trata de la vida de las personas y el Estado debe velar por el bien y la salud de todos y todas. 

Aplicando el Principio del Doble Efecto -que debe tener condiciones para su ejecución: “el mal que se tolera debe ser proporcionalmente grave al bien que se persigue”-, el Estado se halla facultado para tomar cartas en el asunto y, por la gravedad del caso y el bien de las personas, transformar lo voluntario en obligatorio.  No existe objeción ética ni atropello al individuo cuando se trata de una situación de emergencia en la que se juegan la vida y la muerte.  El principio exige que se evite la causa, pero en este caso no ocurre. El virus sigue dando vueltas y si bien los contagios se han reducido, estos no han desaparecido.  Todo lo contrario, están volviendo y no existe otra forma de combatirlo que no sea la vacuna.  Debe existir proporcionalidad entre causa y efecto; aquí, existe. La inmunización reduce la posibilidad de desarrollar la enfermedad y llevarla a sus niveles más dramáticos. El efecto colateral se expresa en el hecho moral de irrumpir la voluntad individual y los derechos de la población.  Se está permitiendo un mal para alcanzar un bien.

El bien individual nunca debe estar por encima del Bien Común.  Muchas actividades se han restringido por la pandemia y han alterado este valor.  De lo que se trata es de recuperarlos; hacer viable una vuelta a la normalidad.  Esta no llegará si no logramos la inmunidad de rebaño.  Para ello, la mayor parte de la ciudadanía debe estar vacunada.  También es factible acudir al Principio del Mal Menor, pero este no resulta muy ilustrativo, dado que existe la llamada objeción de conciencia.  Lo que devendría  mal menor para algunos, no lo sería para otros.  No se trata aquí de bienes subjetivos.  Además, el Principio del Mal Menor se aplica entre dos males, y la inmunización  nunca es un mal.

La vacuna debe ser obligatoria por el Bien Común.  Es urgente en algunas actividades, un pronto retorno a la presencialidad o semipresencialidad, y si no nos encontramos protegidos, corremos un riesgo muy grande. 

Recordemos cómo, en la Segunda Guerra Mundial. los británicos tuvieron que poner el hombro, sin distinciones de clase u origen, ante los salvajes bombardeos alemanes.  Churchill solo pudo ofrecerles “sangre, sudor y lágrimas” a sus compatriotas y así, con la moral al tope, lograron ganar la guerra: los nazis planeaban hacerse de la victoria ocupando o destruyendo la isla.  Si no nos solidarizamos los unos con los otros, acudiendo a los vacunatorios, será difícil que le ganemos la guerra al enemigo invisible.

Algunas personas dicen que se han enfermado igual; sabemos de esta posibilidad, pero por la presencia de los anticuerpos, la enfermedad no ha llegado a mayores. Otros aducen que la vacuna no es efectiva.  Se ha demostrado que sí lo es, con miles de millones de inmunizaciones en  el mundo.  Hay que vencer la tozudez y más bien ganarle la batalla a esta pandemia.  Los derechos y deberes de todos terminan cuando empiezan los derechos y deberes de los demás.  Lo mismo sucede con las libertades.  No caigamos presas del miedo y de la verdadera ignorancia. Despertemos nuestro instinto de supervivencia y marchemos, jubilosos, a los centros.  No esperemos a que nos obliguen.  Seamos siempre libres.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

4 comments on “La era de la tozudez

  1. JUAN CARLOS RINCON VERANO

    No se puede obligar a vacunarse o adquirir un tratamiento de salud menos si es experimental a nadie, ni de manera explícita ni implícita, además hay que tener en cuenta que la mortalidad mundial de la COVID19 es de 0.057% tampoco ese número amerita siquiera el nombre de pandemia, falta que te informes mejor

    • Miryam Patricia Falla Guirao

      Infórmese usted. Veo que desconoce el principio de proporcionalidad o doble efecto. La vacuna ya no está en fase experimental. Creo que no da usted en el punto.

  2. usa argumento hegeliano al enfrentar: bien individual y bien común, cuando ambos es secuencia de otro y se confirma mas al poner a la SGII con claro ejemplo entre progresistas y fascitas. 🙂

    • Miryam Patricia Falla Guirao

      Hegel no tiene que ver nada con esto. Veo que usted tampoco entiende el problema.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: