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Lo más importante de lo menos importante

Desde pequeño  me decían ‘en una reunión social nunca se habla de política, de religión o de fútbol, porque siempre termina en discusión’.

Advertencia que, valgan verdades, acatamos muy poco pues son tres temas apasionantes, que regularmente, aún en grupos pequeños, suelen generar diferencias, controversias, hasta encontrones.

Los tres generan apasionamientos y convicciones profundas. Lealtades y sentimientos. Y en muchas ocasiones hay muy poca apertura a escuchar al otro, a darle cabida a su opinión, e incluso se origina una innecesaria intolerancia.

Sin embargo, en el imaginario público existe la idea, que, de las tres, el fútbol es la más importante. En realidad, creo yo, que siendo la más ligera de ellas, con una cerveza adelante, o un buen vino, en pocos minutos las diferencias se resuelven.

El Perú es un país futbolero. Prácticamente desde que naces le ponemos a nuestros hijos en su cuna una camiseta del club del cual somos hinchas, una pelota de fútbol pequeña y los vamos adoctrinando para que, desde bebes, tengan un sentimiento positivo hacia nuestros colores, cosa que impida que vayas a ‘torcerte’ en el camino.

Los padres disfrutamos cuando nuestros hijos comenzaron a patear su pelotita. Nos los imaginamos en una cancha metiendo el gol decisivo, siendo abrazados por todos sus compañeros y que, en ese preciso momento, volteen y nos señalen a nosotros, levantando el pulgar, como diciéndonos: ‘gracias, a ti te la debo’.

Cuando vamos al estadio,  los que vivimos el fútbol con pasión, nos volvemos salvajes, nos salimos de nosotros mismos y parecemos seres alienados. Nos convertimos en los seres más inclusivos, pues no importa quién está al costado. No existe condición social, económica o cultural, que restrinja que, en un  minuto, ya estemos conversando con el de al lado, opinando sobre los errores de un jugador, las fallos árbitro, lo mal que está la cancha, la indolencia del crack, y el desorden del juego. Frente al televisor, más bien, también se puede dar el mutismo total. No le hablamos a nadie, ni queremos que nos hablen, que nos miren, o pregunten algo.

Pero cuando llega el gol, la explosión de júbilo, la algarabía, los abrazos y euforia son incontrolables. Nos olvidamos de todo. El cielo ha bajado a la tierra. Ya no existen problemas. ¡Eso se llama felicidad!

El estado de ánimo es voluble, cambia de la rabia, al gozo, del desconsuelo, a la esperanza, de la tristeza a la felicidad.

En nuestro Perú el fútbol tiene un poder transformacional muy importante. Si toda esa energía se canalizara para bien, podría empezarse un cambio social sin precedentes.

El deporte es orden, disciplina, esfuerzo, compromiso, responsabilidad, estructura, exigencia, y podríamos seguir con una interminable lista de todas las virtudes que un deporte como el fútbol te puede dar si, desde temprana edad, lo practicas. Cuidando tu cuerpo, alimentación y teniendo una vida sin excesos.

Todas estas características te acompañarán de por vida. Aprenderás a trabajar en equipo, a complementarte, a tener objetivos comunes, metas a corto, mediano y largo plazo. No importa si terminas siendo futbolista, quizá menos del 1% lo será, pero serás una persona mucho más valiosa, preparada y consistente.

Es muy importante que el deporte se convierta en una política de estado. Combatiría la informalidad, ayudaría a alejar de las calles a los niños y jóvenes. Les permitiría contar con mejores herramientas para enfrentar la vida.

Y también es importante que se retomen los planes serios que se planteó hace pocos años para la renovación de la Federación Peruana de Fútbol. Que se acaben el aprovechamiento, el compadrazgo, las mezquindades y todas las lacras que destruyeron el fútbol peruano por décadas en manos de pseudo dirigentes, que solo han buscado el beneficio personal.

No puede haber un revendedor de entradas de la selección peruana como máxima cabeza del fútbol peruano. ¡Qué nos pasa! ¡Cómo lo podemos permitir!. Si aquilatamos lo que, solo eso, significa es suficiente para que las máximas autoridades regionales y mundiales lo alejen de por vida, a él y a su entorno que se aprovechó, de ese mismo beneficio.

Cómo es posible que la Conmebol haya sido tan benevolente, que lo haya pasado por agua turbia. Que le haya dado una palmadita en la espalda y le haya dio: ‘no seas travieso’. Es una vergüenza continental.

¿Tenemos alguna duda que sigue haciendo lo mismo?. ¿Acaso no tenemos la certeza que estará en componendas con algún ministro (ex ministro) para que aumenten los aforos, para que sigan con esa repartija?

Si en 4 años de una gestión independiente se demostró que se pueden hacer cambios y conseguir objetivos, por qué permitimos que haya regresado este cáncer.

Si creemos que el fútbol puede ayudarnos a mejorar nuestro país, ¿no será que nos falta la decisión y protagonismo de no quedarnos callados y actuar?

Y, a pesar de todo esto sucede en el seno de la FPF, un pequeño grupo de guerreros, de convencidos, de gente de bien, con 4 armas y muchas limitaciones, viene luchando en esta brega clasificatoria para el mundial más extraño de la historia.

Lo que está demostrando este grupo liderado por un genio como Ricardo Gareca a la cabeza, y su comando técnico, es algo histórico. Siempre lo recalco es él y su equipo. No es solo él.

Yo no escatimo elogios, porque los creo de corazón. No lo hago porque un estado de ánimo me impulse a escribirlo, sino porque los conocí desde dentro. Porque tuve la bendición de compartir diálogos riquísimos en los que ellos mismos saben que el fútbol es un motor de cambio social.

No escribo cada nombre porque no quisiera olvidarme de alguno, pero en la figura de Ricardo Gareca, me atrevo a agradecerles a cada uno, porque nos demuestran que aún en las situaciones más adversas, cuando la desesperanza nos ataca, cuando creemos que es imposible, siempre hay un camino.

Hace 3 fechas todos nos daban por eliminados y de pronto una luz nos ilumina. No me atrevería a escribir ‘no importa si clasificamos o  no’, porque sería faltarte el respeto al Tigre. Sigue con tus convicciones, que todos nosotros te seguiremos.

Haz hecho que todo el continente vuelva a ver a Perú en el lugar de donde estuvo antes, y todavía soñando más.

Arriba Perú.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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