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¡Respuestas contundentes, menos salutaciones y buenos deseos!

En este año electoral edil ¿cómo vamos a hacer para impedir que gavillas y patotas se hagan de los gobiernos municipales y “construyan” negociados, trafiquen con las licencias, eliminen áreas verdes para instalar selvas de cemento y donde lo único que no importe ¡ni un ardite! sea el ciudadano que vota, pero cuya voluntad no decide absolutamente nada?

 Suele ser una tradición el cúmulo de salutaciones y buenos deseos por el año que empieza. A los doce meses los ayes y lamentaciones son de igual o mayor proporción. Y la rueda sigue girando y anhelaremos que el año siguiente todo “cambie”.

 ¿Cómo habría de cambiar si los operadores en la burocracia estatal, en el Congreso, en los ministerios, en las municipalidades son los mismos expertos en trampas, zancadillas, sacadas de vuelta a los edictos y a la componenda con las grandes constructoras, los importadores asiáticos y los viajecitos de turismo pagados por el proveedor en los contratos con nombre y apellido en todos los aparatos gubernamentales?

 Hemos venido denunciando cómo el Estado no compra mascarillas a los productores nacionales y cuando estos abren posibilidades de exportación, se les exige papeles y permisos administrativos amén de absurdos y demorones. Parece que la cantinela del perro del hortelano que no come, ni deja comer, sigue vigente y destructiva.

 Los clubes electorales, mal llamados “partidos políticos”, persisten en sus prácticas de cenáculo y de escogidos. Los generales que llevaron a grandes descalabros a sus raleadas huestes pretenden seguir con el mando, aunque la historia los haya lapidado por delincuentes e inmorales. La ciudadanía los repudia, no se identifica con ellos, han perdido elan y nadie sabe si alguna vez recuperarán vigencia.

 Es hora que el ciudadano común y corriente, que el empresario moderno que invierte, exporta, logra obtener divisas y que crea puestos de trabajo y los burócratas honrados en el Estado se propongan y logren un pacto mínimo y decente. Tal como vamos las fuerzas disolventes tienen la mesa servida: estas sí saben lo que quieren y no les importa el precio. A río revuelto, ganancia de rateros.

 ¿Cómo hacemos con los miedos de expresión que sólo dan “noticias” que destruyen a sus enemigos? Los grandes temas de la agenda nacional, aquellos que involucran a esos contratos con estabilidad tributaria con licencia para barrer todos los derechos laborales, embolsicarse los millones y llevárselos fuera del Perú porque NO reinvierten, nunca son denunciados. ¡Y ay de quien lo haga, de inmediato el silencio los abruma y son voces que claman en el desierto!

 Acaso de esos desiertos broten las nuevas campañas que Perú necesita para que todos se enteren de qué ocurre en el mundo del ciudadano simple y los gobiernos que andan con pasos accidentados fruto de su falta de tino y abuso de garrulería anacrónica. De repente las redes sociales constituyen, aún más, un arma de liberación que requieren del estímulo y respaldo de quienes pueden hacerlo con limpieza en la ejecutoria y franqueza en el envión. La sociedad peruana tiene que aprender a ganar sus victorias, honrarlas y ¡sobre todo! a conservarlas vigentes en espíritu y obra. De buenos deseos está empedrado el suelo de infierno.

Y en esos avernos pululan los pícaros, hampones, asaltantes, todos aquellos que han hecho de la expoliación del Estado un arte malhadado, una humorada deprimente y un gesto para las tribunas que aplauden lo que suena bien.

 A combatir, simplemente a pelear por las grandes victorias que no caen del cielo.

Herbert Mujica.
Autor de columnas y responsable de Páginas Libres, periodista peruano de larga trayectoria, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país.

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