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Y si mi proyecto se complica, ¿qué hago?

Si cada uno de vosotros (as), se detuviera a revisar su historia particular, descubriría que, conforme ha ido adquiriendo más información y experiencia sobre el mundo que le rodea, sus intereses y motivaciones han ido cambiando. Esto no es novedoso para ninguno, pues es por todos sabido que, habitualmente, elegimos lo que más satisface a nuestras necesidades y/o deseos en cada etapa de la vida.

Es indudable que, cada persona cuando tiene un proyecto recurre a sus habilidades y experiencia, para planificar y ejecutar con detalle cada paso del proceso que le permitirá el logro de sus metas, sea del ámbito profesional, del laboral, del familiar, etc.

No obstante, no siempre los acontecimientos se desarrollan como tenemos programado o deseamos, y pueden aparecer factores externos o internos dificultando este proceso, y alterando su resultado. Actualmente, debido a las circunstancias que se viven en el mundo, existen aún más factores que influyen e interfieren para el éxito de lo proyectado.

Aunque, una situación de fracaso se considera una oportunidad de aprendizaje, si no tenemos plena consciencia de ello y no sabemos cómo gestionarlo, provocará frustración, rabia, o tristeza, afectando en las relaciones con el entorno. Estará presente el miedo a volver a fracasar.

Sabemos que no somos perfectos, y que los errores varían en magnitud, pero, también, que son habituales en nuestro día a día. Sin embargo, cuando los errores se van acumulando y alimentan pensamientos y sentimientos negativos, es necesario hacer un alto, y reflexionar sobre lo que está ocurriendo.

No se trata de encontrar y cargar la culpa a alguien, a sí mismo (a) o “al destino”, sino más bien, de asumir con responsabilidad nuestro comportamiento ante la situación, empezando por preguntarnos: ¿Hice algo de manera incorrecta?, ¿Fui consciente de ello? Si lo fui, ¿por qué continué…?

A partir de una respuesta realmente sincera, podremos decir si ha habido aprendizaje de la experiencia, ya que ser capaces de reconocer nuestros errores conlleva responsabilidad y madurez, a la vez que permite expresar una mayor flexibilidad y respeto, poniendo a prueba nuestra capacidad de resiliencia y adaptación a las nuevas circunstancias.

Siendo así, podremos continuar con un nuevo enfoque para nuestro proyecto o redireccionarlo desde una perspectiva diferente, pero con mayor claridad.

Asimismo, cuando nos referimos, a la no concreción de un proyecto de vida, es fundamental reflexionar sobre lo ocurrido, desde la coherencia entre lo que deseamos, lo que tenemos, lo que somos capaces de hacer, los recursos y lo que nuestra realidad nos ofrece.

Recordemos:
Autoconocimiento + Autoaceptación + Autoconfianza + Autocomprensión + Automotivación, conducen a una saludable Autogestión emocional y ésta, a su vez, hacia una visión más clara de nuestro proyecto y el camino a seguir para hacerlo realidad.

Para terminar, os propongo realizar un ejercicio personal que puede resultar útil y motivador para los momentos actuales. Se trata de elegir un Proyecto que tengáis deseos de ejecutar (sea personal, laboral, etc.) y observar empíricamente su viabilidad, estableciendo el grado de coherencia que existe entre vuestros intereses, aptitudes, habilidades, actitudes, metas y objetivos.

Mi actitud generará el movimiento,
en una dirección o en otra…
¡Ahora, voy a la acción!

Jacqueline Alejandra Dolores Dagnino.
Licenciada en Psicología, Universidad Femenina del “Sagrado Corazón”. Directora de la Escuela Profesional de Psicología de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (2016 -Febrero 2018)

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