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El sendero de la violencia

Los peruanos vivimos los últimos años enfrentados en posiciones antagónicas por la coyuntura política que genera desconfianza e incertidumbre sobre el futuro de nuestro país que, sin rumbo y liderazgo, ha retrocedido al ser gobernado por cinco presidentes en menos de cuatro años.

Desde los resultados electorales de la segunda vuelta se ha agudizado la polarización de posiciones. Hay dos grupos claramente definidos. Por un lado, los que votaron por Pedro Castillo, que aún siguen creyendo que es capaz de gobernar nuestro país y, por el otro, los que, decepcionados de la justicia y los organismos electorales, seguimos esperando una investigación seria de las irregularidades denunciadas que pudieron afectar los resultados en la elección del ganador.

Muchos hemos escuchado desde niños ese sensato refrán: “Quien siembra vientos, cosecha tempestades”. Sabio consejo que recibimos de quienes, en nuestra formación, nos enseñaron a evaluar las posibles consecuencias de nuestras acciones.

Los líderes del partido proclamado ganador de las elecciones, desde antes de asumir el poder, vienen promoviendo el enfrentamiento entre peruanos al alentar una perversa lucha de clases para lograr su gran objetivo: cambiar la Constitución.

Hace dos días la Comisión de Constitución; ante la negativa del ejecutivo de firmar el dictamen que reitera que toda reforma constitucional debe ser aprobada por el Congreso; haciendo uso de la potestad que le confiere la Constitución aprobó por insistencia el dictamen sobre la modificación a los artículos 40 y 44 de la Ley de Participación Ciudadana.

Este habría sido el detonante que exacerbó la ira de los líderes del oficialismo que, sintiéndose derrotados ante la imposibilidad de hacerlo vía referéndum, salieron a amenazar con actos de violencia.

Lamentablemente esto coincidió con un desatinado y deplorable comentario en redes sociales de un periodista que incitaba a atentar contra la vida de Pedro Castillo. Esto ha sido aprovechado por el oficialismo, con justificada razón, para victimizarse ante la absurda y peligrosa amenaza de un magnicidio.

La violencia no es, ni podrá ser, la respuesta de la ciudadanía ante las amenazas de protestas populares que reiteradamente vienen anunciando importantes voceros del gobierno. No debemos caer en la provocación, porque esto sólo les daría argumentos para imponernos a la fuerza lo que no pudieron lograr respetando la ley.

Pero también deberíamos tener presente que cada día, la indignación de los peruanos va en aumento por la inacción de los órganos de justicia en nuestro país. Somos testigos de graves denuncias de corrupción que tienen como protagonistas a importantes funcionarios del gobierno, en algunos casos con la inexplicable participación de Pedro Castillo que, por su silencio, pareciera no importarle ser vinculado y acusado por presuntos actos ilícitos de favorecimiento a proveedores en las licitaciones del Estado.

Si la ciudadanía sigue viendo que la justicia no asume su rol ante las denuncias de presuntos actos de corrupción. Si la Fiscalía no investiga, no acusa, como lo hizo antes por menos, para perseguir a los adversarios de los gobiernos de turno, estaría contribuyendo en exacerbar la indignación de los que vemos que cualquier persona que se sienta empoderada por este gobierno, sin escrúpulos y mucha prepotencia, haga lo que le venga en gana, sin ser sancionado.

Todo comienza y termina con el respeto a la ley y las normas vigentes. Las leyes no se han hecho para ser cumplidas sólo por unos y no por todos. Por lo tanto, considero que la primera gran lucha debería ser restaurar el orden jurídico para generar confianza en quienes creemos que, sin justicia, la ley de la selva se seguirá imponiendo en todo el Perú.

La solución comenzará cuando se decida despolitizar la justicia en nuestro país. Sólo con la justicia del lado correcto, cumpliendo con imparcialidad su rol, podremos salir adelante. En su ausencia, será difícil evitar la violencia. La violencia debe ser condenada siempre, venga de donde venga.

Pero también tenemos claro que la justicia que tarda, no es justicia…y eso le hace mucho daño al Perú, especialmente a nuestros niños y jóvenes que por televisión aprenden con el mal ejemplo.

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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