Se ha insistido hasta el hartazgo en el hecho de que las vacunas nos salvan de la hospitalización y la muerte. Ómicron está por todas partes, contagiando a diestra y siniestra.  Definitivamente, las dosis de inmunización que el público ha recibido hacen su trabajo ¿Pero hasta cuándo?  Ellas también tienen un tiempo de vida y luego caducan. ¿Tendremos que ponernos una cuarta o una quinta?  ¿Hasta cuándo poseeremos inmunidad con la tercera?  Ese es un asunto del que poco se habla.  Llegará el momento cuando nos vuelvan a vacunar o nos hallaremos en riesgo otra vez.

En Estados Unidos, un numeroso grupo de estudiantes universitarios ha protestado en contra  del retorno a la presencialidad.  Aluden a que  las condiciones no son las adecuadas para asegurar un contexto ideal y seguro de clases in situ.   ¿Y en nuestro país?  ¿Qué pasa?  Ya muchos centros de estudios superiores se alistan para las clases en aula real o física.  ¿Un híbrido? ¿Alumnos presentes y otros en casa? Este sistema fracasó en el país del norte.  Entonces, ¿qué nos depara el destino?

Cuando la tercera dosis pierda efectividad, habrá que buscar de inmediato una cuarta protección.  ¿Vamos a pasar así el resto de nuestras vidas?  Ómicron es menos letal, mas no deja de ser una enfermedad devastadora.  Si no se apuesta de inmediato por una cuarta, seremos una población continuamente enferma.  Quizás no estamos listos para la “nueva normalidad”.  Por algo el gobierno extendió el trabajo remoto a todo el año.  Eso quiere decir que debemos esperar aún.   Sería como si todo el año la gente estuviera aquejada por una gripe fuerte, pero enferma, al fin y al cabo.  Ómicrón no es letal para los vacunados; no obstante, es muy peligrosa, casi mortal, por los que rechazan el fármaco con necedad supina.

Existen asignaturas que, por su naturaleza, pueden dictarse a distancia; otras exigen presencialidad con aforos.  Ese debiera ser el camino. Una semi-presencialidad en cursos que lo exigen y  vía remota en las materias que así lo ameritan.  Por lo menos este año, las cosas tendrían que funcionar así.  No bajemos la guardia y cuidémonos como si la cepa fuera la más agresiva de todas. Resulta la única manera de controlar el panorama que estamos viviendo y viviremos. Los opositores han tenido que ceder y recurrir a la vacuna por el decreto que ordena mostrar el carné con por lo menos dos inoculaciones. Ahora, los mayores de cincuenta años,  tres.  Y esta apenas con diez semanas de efectividad, lo cual es ínfimo.

Son los niños y jóvenes los que hoy se contagian en gran número.  Muchos por imprudencia y otros, por la coyuntura misma.  Ómicron proseguirá atacando a mansalva y no nos libraremos de padecerla.  Es preocupante.  Algunos países han cerrado sus fronteras y en Europa ya van por la sexta ola.  ¿Por qué tendríamos que salvarnos los peruanos?  Aspiramos a que sea un mal endémico.  ¿Cuándo sucederá eso? No lo sabemos. La única seguridad es simple: el virus  es resistente y adaptable.  Los ciudadanos carentes de recursos, quienes acuden a los centros públicos a tomarse, por sospechas, la prueba de descarte, corren el peligro de contagiarse y a lo mejor eran negativos desde el origen.  Por eso se torna necesario un serio análisis.  Cuando aconteció la epidemia de Influenza A H1N1, muchos colegios cerraron sus puertas y así evitar un contagio masivo.  Ahora, luchamos con una pandemia de grandes proporciones.  Deviene urgente que los niños regresen a las aulas y eso debe ocurrir con la mayor cautela posible.  Las vacunas implican un buen comienzo, pero serán necesarias varias para contrarrestar la virulencia del mal.  No miremos la pandemia con ojos de horror y tremendismo, como hace dos años;  tampoco dejemos de observarla sin precauciones extremas.  De todos depende.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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