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De regreso a la humanidad

La pandemia trajo como consecuencia el crecimiento exponencial de la tecnología- una herramienta que ya asomaba para ser parte de lo cotidiano-.  Pero al igual que el personaje de La peste de Camus, este calamitoso episodio de la historia debe hacernos repensar en nuestra propia humanidad.  Las Humanidades, como parte de la formación de toda persona, han entrado en una evidente crisis. En realidad, ya lo estaban. Esto se apreció con claridad cuando el mal asomó en nuestras vidas y, tras ella, la ineludible muerte. 

Uno de los personajes de Camus alude al hecho de sentirse bien, porque pensaba que la enfermedad haría tomar conciencia al hombre de su verdadera condición.  No obstante una vez concluida la devastación, los habitantes de la ciudad de Orán vuelven a la algarabía y a la fiesta.  Esto es un indicador de que, como su autor sugiere, “no entendieron nada”. La pandemia debió y debe constituir un punto de reflexión sobre el papel y el sentido de la especie: para qué estamos y hacia dónde vamos.

Por ello se torna urgente el retorno y fortalecimiento de las Humanidades como instrumento del conocer. Las ciencias puras y sus aplicaciones tecnológicas nos facilitan la vida (y hasta la salvan), es cierto, pero no resuelven las grandes interrogantes a las que el ser humano estará expuesto y para las que necesita respuestas.

Algunas universidades serias imparten aún (debemos celebrarlo) cursos introductorios de estas disciplinas, con el objetivo de que los estudiantes cuenten con una visión integral  de sí mismos, la sociedad y cultura a las que pertenecen y logren reflexionar sobre qué significa “ser humano” desde sus propias carreras. La tecnología, mero instrumento, nos ha invadido en todos los campos y parece convertirse en el fin. Es menester colocarla en su justo lugar y brindar más espacio, en condiciones de paridad, a aquellas herramientas que nos orienten en el conocimiento del actuar humano.

La pandemia reveló un sistema precario de salud; también, cuán frágiles somos.  No basta, por lo tanto, una excelente formación en saberes aplicados si no asimilamos de una vez por todas que la ciencia está al servicio de la especie y su progreso, no solo material, sino del espíritu.  Las culturas científica y humanística se encuentran fraccionadas y es urgente tender nuevos puentes, como lo intentó el médico norteamericano Van Rensselaer Potter al crear la Bioética: un diálogo interdisciplinario que vinculase las diferentes especializaciones en aras de proteger la integridad humana.  Existe una crisis en la educación y en la asunción plena de valores imperecederos: solidaridad, respeto y justicia, por ejemplo.  El ser humano ya no vale en la medida de lo que es, sino de lo que tiene y ostenta.  El hedonismo ha originado muchas crisis de ansiedad durante el encierro.  El hecho de no ser capaces de realizar  “una vida normal” colocó sobre el tapete grandes debilidades o dependencias.

Hemos llegado al límite.  Ahora solo queda pensar en el sentido real de las cosas y de la vida en sí.  La pandemia no ha terminado y no sabemos cuánto camino nos falta  recorrer.  Primero la persona; luego, lo demás.  Esa debe ser la consigna.  Estamos en un momento crítico; experimentamos vulnerabilidad y, por ello, debemos salir del foso vía un Renacimiento para estos tiempos. La base ya está: lo que dijeron grandes literatos, antropólogos, historiadores, sicólogos y filósofos sobre la esencia del ser humano: la persona. 

En un mundo donde la corrupción se ha extendido enormemente, hasta “normalizarse”, tenemos mucho sobre qué indagar.  El poder es erótico: atrae y es placentero.  Quienes lo ostentan deben ser las personas más idóneas, ya que se enfrentan a una espada de Damocles. Nuestros gobernantes han de ser personas preparadas en el ámbito humanístico; solo así  enfrentarán el desafío de conducir un país.  No bajemos los brazos en salud; pero tampoco en comprendernos a nosotros mismos.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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