Columnas Guillermo Ackermann Opinión

Cuando despiertan mis ojos y veo

‘Unida la costa, unida la sierra, unida la selva, contigo Perú’

Cuando en 1977 el presidente de la República, el ahora centenario General Francisco Morales Bermúdez, le encarga al compositor Augusto Polo Campos la creación de una canción que incentive la peruanidad, ante el creciente descontento popular, nunca imaginó que, casi 5 décadas después, se convertiría en un himno.

Escuchar, este pasado jueves, en el Estadio Nacional, la magistral interpretación de Arturo ‘Zambo’ Cavero y Don Oscar Avilés, del ‘Contigo Perú’, y oírla entonada con toda el alma por los más de 40,000 aficionados asistentes y por todos los jugadores, emociona y nos hace creer que cumplió su objetivo de hacernos amar a esta tierra.

Las imágenes televisivas acompañaban al terminar el partido al carismático ‘peruviano’ Gianluca Lapadula, con lágrimas en los ojos, gritar a voz en cuello: ‘te daré la vida y cuando yo muera…’ y el corazón latía más rápido.

No podemos olvidar que el mismo ‘Contigo Perú’ se escuchó a todo volumen en Saransk, Ekaterimburgo y Sochi las sedes donde jugó Perú el Mundial de Rusia.

Pero, ¿Qué significa promover la peruanidad? Acaso una canción podría hacer que amemos más a nuestro país. ¿Cabe realmente la posibilidad que una composición contratada hace 45 años despierte en nosotros un sentimiento de compromiso con nuestra tierra?

Pues para mí la respuesta es: ¡Sí! Porque, por un momento, nos alejamos de todo lo negativo que viene pasando. Nos olvidamos de la decadente política, del desgraciado virus, de las monedas que nos faltan en el bolsillo y de la falta de oportunidades.

Más bien nos llenamos de orgullo y agradecemos por haber nacido en esta tierra…

‘Sobre mi pecho llevo tus colores… Y están mis amores contigo Perú’

Pero la peruanidad es más que un sentir pasajero. Es, como escribía Víctor Andrés Belaúnde, ‘el sentimiento de identidad que vincula a los pueblos y los habitantes del Perú, basado en el afecto hacia sus tradiciones y la fe en su destino.’

Y qué tal si nos proponemos encontrar esa identidad en el día a día. Si descubrimos que ser peruanos es esforzarnos en lo cotidiano, en nuestro quehacer laboral, en nuestra vida familiar.

Si entendemos, por Dios, que no podemos seguir aceptando y consintiendo que la corrupción campee por todos lados, desde Palacio de Gobierno, hasta en la coima que le damos a un pobre policía que pide un sencillo para poner gasolina a su patrulla.

Si dejamos de consentir la mediocridad y el conformismo. Si empoderamos a ese emprendedor que busca romper la inercia de la informalidad, dejamos de ponerle trabas y lo apoyamos para que su negocio sea exitoso. Si dejamos de envidiar los logros del otro.

Si valoramos toda la riqueza cultural e histórica que está por todos los rincones de nuestra patria. Si nos convertimos en embajadores de nuestra gastronomía, que es, creámoslo, una de las mejores del mundo.

Si sentimos satisfacción cuando un grupo de profesionales empiezan a recuperar nuestro hermoso Centro Histórico de Lima y dejamos de quejarnos por las incomodidades durante el proceso. Si dejamos de criticar a los pocos líderes ya sean políticos o empresarios, que son honestos, trabajadores y transparentes tratando de encontrarles los errores y desaciertos por cualquier lugar.

Si ya no tocamos el claxon cada vez que el semáforo se pone en verde y el de adelante no avanza. Si nos proponemos buscar un tacho de basura para no arrojar la basura en el primer lugar que se nos venga en gana. Si ayudamos a un anciano a cruzar la calle, o a un discapacitado con su silla de ruedas.

Hay mil maneras de construir nuestra peruanidad. Hoy estamos entusiasmados, porque el fútbol tiene esa fuerza unitiva. Porque en medio de la oscuridad nos ha dado una luz de esperanza.

Pero todo este fenómeno no es casualidad. Y, en este caso, no me refiero a lo deportivo del cual he escrito, y lo seguiré haciendo, en extenso. Tampoco a lo dirigencial y organizativo del cual también tengo varias líneas. Hablo de la estrategia diseñada para impulsar la peruanidad con tres vehículos:

  • Ponernos la camiseta blanquirroja cada vez que juegue Perú.
  • Volver a cantar nuestro Himno Nacional, abrazados y con toda la fuerza posible.
  • Convertirnos en la Mejor Hinchada del Mundo, ejemplar y reconocida por todos.

Tres objetivos diseñados en un laboratorio y que hoy se han convertido en parte de nuestra vida. Y sin duda ahora nos sentimos más peruanos. Diseñar, crear y ejecutar. Si cambiamos la manera de hacer las cosas, cambiaremos los resultados.

Y ‘cuando yo muera me uniré en la tierra Contigo Perú’

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas . He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

0 comments on “Cuando despiertan mis ojos y veo

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: