Columnas Luis Otoya Trelles Opinión

¡Señor Castillo, pida disculpas y renuncie!

Las marchas de protesta en contra del gobierno de Pedro Castillo vienen siendo cada vez más frecuentes y masivas en todo el país. He tenido oportunidad de asistir a la mayoría de las convocatorias en Lima y debo ser honesto en reconocer que hasta hace poco los que asistíamos a las marchas éramos en promedio más cuarentones que veinteañeros. Estos últimos parecieran haber despertado de su indiferencia con la política y su hartazgo de los políticos, para tomar consciencia que si no asumen una posición frente a la amenaza a la que estamos expuestos, serán ellos los principales afectados con lo que haga o deje de hacer este gobierno.

La protesta del 5 de abril ha sido una iniciativa ciudadana que indignada se autoconvocó ante el anuncio del gobierno de encerrarnos ese día. Muchos de los que vimos protestando en las calles y carreteras de todo el Perú votaron por Pedro Castillo. Hoy, decepcionados después de ocho meses de promesas incumplidas, le exigen su renuncia. Los que vivimos la década de los ochenta sabemos lo que significó manejar nuestra economía familiar con devaluación e hiperinflación. Vivimos angustiados ante la acción destructiva de la subversión. Lo que se vive ahora parece una historia que se podría volver a repetir. Esto es algo que nadie quiere volver a sufrir.

En los últimos ocho meses hemos sido testigos de la inacción de un gobierno sin rumbo. Hemos retrocedido lo avanzado en tres décadas por la pésima gestión de sus ineptos ministros, algunos de ellos involucrados en denuncias de corrupción. El pueblo ha perdido la ilusión que generó un candidato que, ahora sentado en palacio de gobierno, incumple sus promesas. De nada han servido los reclamos de los electores que hoy se sienten estafados. El descontento es generalizado. Ante la vulneración de nuestros derechos ha surgido la desobediencia civil como una respuesta de advertencia a un gobierno que, abusando del poder de sus votos en el Congreso, pretende imponernos su ineptitud con soberbia y prepotencia.

Lamentablemente la oposición es minoría en el Congreso y hasta ahora respetando la Constitución y las leyes ha podido neutralizar las iniciativas de la izquierda de convocar a una asamblea constituyente. Sin embargo, la indignada protesta de un pueblo decepcionado y engañado ha puesto en riesgo la continuidad de Pedro Castillo quien, incapaz de dar respuesta a sus demandas, trata desesperado de alargar su permanencia en el poder.

El gobernante se está quedando solo, muchos le han dado la espalda y ahora se alinean con quien podría sucederlo en el gobierno. Castillo parece tener a su lado sólo a aquellos que quieren seguir ordeñando al Estado.  Para ello necesitan ganar tiempo. Ya no pueden seguir victimizándose como lo han hecho hasta hace poco. En la última semana hemos visto al gobernante participando en costosos Consejos de ministros descentralizados, acompañado de un irascible y confrontador premier que antes de irse pareciera se ha propuesto exacerbar la lucha de clases, insultar, agredir y luego, ante la presión de la prensa, disculparse.

Señor Castillo, el mismo pueblo que hace un año con sus votos lo puso en palacio de gobierno, hoy indignado le pide que se vaya. Ante este escenario lo mejor que podría hacer, por todo el daño causado, es pedir disculpas y renunciar.

Sin dudas las protestas de las últimas semanas han desestabilizado al gobierno. Esto nos muestra que este partido se gana en las calles. No podemos ser indiferentes, ni mudos espectadores. Tenemos que mantener la actitud. No bajemos la guardia.

¡Estamos contigo Perú!

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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