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Manténgase en línea… no corte

Las empresas operadoras de telefonía fija, internet y cable siempre juegan a no perder.  Se han vuelto un verdadero lastre en cuanto a proveer servicios.  Sufrimos a Movistar, donde una operadora virtual, responsable del servicio de atención al cliente, nos pone los pelos de punta.  Sus preguntas son muy limitadas y se pierde tiempo pensando en qué tontería responderle para que a continuación conecte al cliente con un asesor.

Cualquier desperfecto en los servicios que brindan conduce a esa desesperante voz robótica.  Finge realizar operaciones en línea y, en realidad, no hace ni sirve para nada.  La telefonía móvil tampoco se salva.  Con sus equipos jamás actualizados y los que sí lo son -a un costo sumamente alto-, pretenden convencer. Venden sebo de culebra.  Sus planes y la proporción que estos deberían tener en relación con el costo de nuevos aparatos no nos hacen justicia como usuarios.  Como si fuera poco, ahora ya no venden los decodificadores de cable, sino que los alquilan. ¿Cómo es posible?  Para nuevas contrataciones, los entregan al cliente por doce meses y luego pasa a ser propiedad del contratante; pero si este aparato deja de funcionar, el cliente deberá alquilar uno nuevo per secula seculorum

Estos vaivenes hacen que las empresas dedicadas al rubro nunca se vean afectados en sus millonarias ganancias.  ¿Es dable que un decodificador de cable sea alquilado cuando ya el cliente paga un monto fijo?  Lo correcto sería venderlo en una o varias cuotas a un precio razonable.   La cosa no pinta así.  El cliente nunca tendrá la propiedad del aparato.

En cuánto al servicio por averías, este deja mucho que desear.  Hay que tener suerte para que se apersonen con celeridad al domicilio.  Pueden pasar días de días y el cliente debe esperar el sueño de los justos, quizás haciendo otra llamada y reportar el caso.  Existe un sinfín de problemas.  Entre ellos, el experimentar el uso de la internet no de manera fluida.  Hay numerosas quejas al respecto.  El contratante se harta y siente deseos de cambiar de empresa. Algunos lo hacen, pero padecen los mismos problemas; la solución no llega.  Pero ellos, los empresarios, son dueños de todo el cableado y quieren sometimiento a sus reglas.  Movistar, cuando era Telefónica del Perú, usó y abusó de sus clientes a más no poder en los cobros. Recordemos aquella inefable renta básica que uno pagaba, aunque estuviera de viaje y no se consumieran llamadas, las que, por cierto, eran controladas y cobradas a precios de martirio.  Y del servicio internacional, ni qué decir. Las facturas eran exorbitantes, tanto como las llamadas a celulares; al final, obligaban a que los usuarios bloqueen y prescindan de esta posibilidad.  Así, para paliar este abuso, surgieron operadores de servicio de larga distancia internacional. Tampoco era posible llamar a cualquier país, sino a los que ellos querían. 

Hoy por hoy, todo eso se ha extinguido: las empresas de telefonía han aflojado en los servicios que proveen, porque tienen una ardua competencia. No obstante, sigue el Terror.   Las invasivas llamadas a fijos y celulares son desesperantes.  Por eso, ante la presencia de un número desconocido, es mejor no contestarle al autómata. No pocas personas han prescindido de la telefonía fija. No les rinde ni les sirve.  Se manejan solo con celulares. Y las llamadas de empresas financieras provienen de celulares o fijos que infestan nuestro equipo.

Ahora, los servicios de internet se ofrecen incluso para la playa.  Con eso no hay pierde.  Ante tanto aprovechamiento de estos negocios, no nos queda otra cosa: ver qué le conviene a cada persona según sus necesidades.  No caigamos en la novedad; esta solo encandila por un momento y es pasajera.  Contratemos solo lo que necesitamos y estas compañías dejaran de molestarnos con sus robots de pesadilla -a quienes da ganas de fulminar-.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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