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‘Haters’ al ataque

Una vez más lamentablemente tenemos que repetir la nefasta máxima que ‘el peor enemigo de un peruano, es otro peruano.

El 11 de agosto de 2002 el Alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona inauguró la Vía Expresa de Javier Prado, obra largamente esperada, que empalmaba casi una década después, con el Trébol de Javier Prado que se edificó en el periodo de su predecesor Ricardo Belmont.

Se sabía, en ambos casos, que eran tramos parciales pues, aún con la importancia de la obra, eran insuficientes para el creciente desborde del parque automotor de la capital.

Dos décadas después, habiendo transcurrido cuatro periodos municipales en los que no se hizo nada, esta semana, se ha inaugurado el paso a desnivel del Óvalo Monitor que sigue complementando las antes mencionadas, justo pasando el Trébol, conectando hasta la Av. Los Frutales.

Esta obra se ha edificado durante el mandato del Alcalde Metropolitano de Lima Jorge Muñoz, quien por una cuestionada decisión del Jurado Nacional de Elecciones, que desproporcionadamente lo vacó hace casi un mes, y por ello ha tenido que ponerse al servicio de la ciudadanía con su sucesor, Miguel Romero, quien ha tenido la hidalguía de darle su lugar a Muñoz en la inauguración del mismo.

La Avenida Javier Prado lleva el nombre de un filósofo, historiador y político peruano de fines del Siglo XIX e inicios del XX, hijo de Mariano Ignacio Prado, presidente de la República durante la Guerra del Pacífico y hermano del también ex presidente Manuel Prado, quien fuera el que le diera el nombre a esta importante avenida.

Es una de las arterias principales de la ciudad que, a lo largo de sus casi 15 kilómetros de extensión, la parte en dos, conectándola de oeste a este, atravesando hasta 7 distritos, convirtiéndola en la segunda avenida de mayor extensión de Lima.

Por eso construir un nuevo tramo, en el contexto de la pandemia, ya de por sí es una buena noticia, pero nos cuesta acostumbrarnos a escucharlas, pues ante el descalabro moral de nuestro país, la desesperanza nos ha abordado.

Y, lejos de resaltar la obra, aparecen de inmediato los ‘odiadores’ de siempre, los que están al acecho de los errores, los que hurgan en la carroña,  oportunistas que creen que así pueden tener una notita en un medio de comunicación, o en sus redes sociales, para construir, sobre la miseria, sus intrascendentes carreras políticas.

Pero no son solo ellos, los medios de comunicación, incluidos los más renombrados, no solo no le han dado la importancia a este paso a desnivel, sino que se han sumado a buscar lo malo, ni una sola buena mención positiva, solo buscando las fallas. Bien decía hace algunos años el Papa Francisco que muchos medios viven de la coprofagia.

La obra sobre el Óvalo Monitor podría no ser perfecta, seguramente es insuficiente, requiere de seguir avanzando con los siguientes tramos, pero haberla iniciado y culminado cuando aún vivimos las consecuencias de la pandemia y en medio de la catastrófica crisis política, es digno de destacar.

Se irá perfeccionando y complementando en los siguientes años, se medirán los beneficios a casi 500,000 personas y los 20-30 minutos de ahorro en el tiempo de desplazamiento, y así se callarán la boca los ‘haters’, que ya estarán buscando basura por otro lado.

Felicitaciones a Lima que cuenta con un nuevo viaducto demostrando que, aún en las peores circunstancias, se pueden hacer importantes obras y sobretodo sin corrupción.

Guillermo Ackermann Menacho. Desde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas. He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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